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Un nuevo estudio avala que el granito del Acueducto goza de buena salud

Las piedras del Acueducto presentan una meteorización superficial pero que no afecta al interior del granito ni plantea problemas estructurales geológicos para el monumento. El pasado 17 de octubre, en el marco de la Reunión de Arqueología Clásica en Segovia, se presentaba un estudio del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), coordinado por el geólogo Javier Martínez. El objetivo era, a partir de las muestras obtenidas durante la restauración del año 90, resolver el enigma de la procedencia del granito del Acueducto a través de análisis petrológicos, mineralógicos y geoquímicos. En lo  relativo al estado de los sillares, el mensaje es de tranquilidad.

“De las muestras se desprende que el estado es bueno. Hay una desgranación muy superficial, que es la causante del redondeo de los sillares más antiguos, pero es superficial. El interior del granito está bien. Estructuralmente no hay problema en el Acueducto. Al menos no en lo concerniente a la calidad del granito”, explica Martínez. Esta nueva investigación se suma a la ya importante bibliografía sobre el estado de las piedras y que viene a ratificar lo ya sabido. Hay una degradación de las capas externas, pero ni la piedra se fractura, ni presenta alerta alguna sobre la estabilidad del conjunto. Todo bien, tratándose de un monumento de 2.000 años.

Hecho en Ortigosa y “reparado” en Valsaín

O más que bien, considerando la recua de siglos. Y es que el granito del Acueducto es excepcional, ningún otro Acueducto romano puede jactarse de estar tan en forma. La culpa es de la calidad del granito del Guadarrama y el objeto del estudio era, precisamente, confirmar la cantera de procedencia del material base.

“Al principio se postulaban hasta ocho canteras en las proximidades de Segovia. Que con el tiempo quedaron en tres, la del Berrocal de Ortigosa, La Granja-Valsaín, y El Sotillo y San Lorenzo, en el Ciguiñuela”, explica Martínez. En estos tres ámbitos hay afloraciones importantes de granito y evidencias de una actividad extrativa, pero donde más en Ortigosa. “Hay allí indicios de una extracción masiva, y de buen principio era el que más posibilidades tenía”.

Expectativas confirmadas. Al menos en su parte romana, que en más de un 90% procede de Ortigosa, según arroja el estudio a partir del cruce de datos de las muestras disponibles del Acueducto (las de los años 90) con las del granito procedente de las canteras “sospechosas”.  En cambio, para la parte restaurada en tiempos de Isabel I, se constata que el material más utilizado procedía de Valsaín, aunque también hay aportes de otras canteras, en mucho menor proporción.

Lo que a su vez refuerza la teoría sobre la importancia de toda la zona de Otero durante la romanización. Allí, a tiro de piedra del Berrocal, estaba el Cerro de los Almadenes una importantísima mina de cobre. Si hay mineros, hay canteros, de donde el estudio afianza, de pasada, la importancia de las actividades mineras en la zona. Los colosales afloramientos del Berrocal a buen seguro no pasaron desapercibidos para los romanos que explotaban la mina.

De hecho, otro trabajo presentado en el marco del congreso, este relativo a la presencia legionaria y cerámica de lujo en el Cerro de los Almadenes, a cargo de Pilar San Clemente y Mariano Ayarzagüena, viene a respaldar la hipótesis. Estudiando los restos cerámicos, se constata la presencia de un contingente de soldados de la época de Agusto (finales del siglo I A.C.) custodiando la explotación minera. Los arqueólogos hablan de un “pequeño destacamento”. Esta etapa coincide, además, con unas mayores necesidades de cobre de Roma para afrontar políticas monetarias expansivas, ya que el cobre era la moneda de menor valor y de mayor circulación.

 

Author: Redacción

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