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Torquemada quiere un mercado de diseño

mercadillolegoCon Arahuetes en plena fase pato cojo (que así se denomina en el argot a los varandas que van a dejar de serlo y sin solución de continuidad, parece que, definitiva y literalmente, anda por los cerros de Úbeda) tocaba de correturno al alcalde accidental, Torquemada, que fiel al apellido, pontificó sobre la necesidad de montar un buen tostadero, esta vez contra la fealdad de la anarquía.

Resulta que no quieren mercadillos mal diseñados en la plaza. Lo quieren todo igualito, con sus tolditos del mismo color, los expositores bien relimpios, y ya puestos a suponer, y en lugar de gitanas descaradas y fruteros barrigones, cajeros rubicundos de impóluto uniforme, solo que en lugar de Carefour ponga “Ayuntamiento de Segovia” con una cartela en la solapa: “Le atiende Juan de Dios”. La movida sale por 100.000€, con eso daría para habilitar toldos “en consonancia con el entorno”. Felizmente, no hay dinero en el presupuesto ni estúpido que quiera tirar el dinero en chorradas. Así que el mercado del Lego con el que sueña Torquemada deberá esperar.

Que conste que el bueno de Torquemada no es el único segoviano que aparta el rostro ante la visión, caótica, de bragas de color carne, plásticos deshilachados y carromatos reciclados del Cuéntame. Que quieren que les diga, a mi (y a la gente de buen gusto) me gusta. Me gusta el descontrol visual de no lo reglamentado. Un día es un día. Me gusta la dispersión, la diversidad del caos aparente. Eso es lo bonito de los mercados. Me gusta el contraste con las agujas de la catedral y el entorno. Mola. Y pasa que mis amigos de fuera lo ven como yo, y los amigos de Segovia, pues de otra manera. Ellos son más del Torquemada; quisieran un mercado del Lego. Todo engolosinadito, cursi a poder ser, con capas y capas de esmalte para que salga bonito en las fotos de los chinos.

Pienso que un mercado es ante todo un concepto. Y que uniformizarlo es matarlo. Es convertirlo en un Luz de Castilla al aire libre. Y no es eso. No es lo mismo lo bello y lo bonito.

Cada vez que oigo hablar de modernización del comercio me echo a temblar. Cuando llegué a esta ciudad me pasmaron los escaparates viejunos, con solera, con personalidad, tan diferentes a las cajas de aluminio y cristal que como peste se expandían ya por España. Pensé: en Segovia no serán tan paletos como para caer en lo mismo. Me equivocaba.

Usted y yo sabemos cuál es la tienda más bella de Segovia* (¡con diferencia!), está en un patio de la calle Cervantes, un enigma económico que imagino que aguanta por romanticismo. Venden estilográficas y pinturas para los chicos de Bellas Artes. Hay un árbol imposible que rivaliza con columnas de pedernal. Ahi sucede que el tiempo, día a día, embellece el contexto. Pero lo moderno, aliado con la ignorancia, conspira sin descanso contra la belleza. A golpe de bando y cirugía pretende convertirlo todo en rebonito. Y es por celos que lo moderno erosiona la belleza hasta matarla.

Nota. Con honda consternación (y recogiendo los amables comentarios al infraescrito) informo que la tienda se cerró va para dos años… En fin… O tempora…

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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