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Titirimundi salva su edición más compleja

Cola de público para un espectáculo en San Juan de los Caballeros.

El Festival Internacional de Títeres de Segovia, Titirimundi, ha cerrado este 5 de septiembre su edición número 35, la más complicada de las que se han celebrado: fuera de “su” mes de mayo, con restricciones severas de público y espacios por culpa de la pandemia, sin apenas presencia en la calle por el mismo motivo y, sobre todo, con 85.000 euros menos de los que pensaban tener tres meses antes de la cita, cuando la Junta decidió variar el sistema de adjudicación se subvenciones a las actividades culturales de la región. A pesar de todo, la directora, Marian Palma, que el balance es “muy positivo”, aunque las cifras y estadísticas oficiales aún no estaban listas este domingo.

Lo que sí pudo contar es que el papel se ha agotado e incluso algunos reajustes han permitido aumentar un poco las 6.002 entradas con las que se contaba en mayo y lo que también parece claro es que los espectáculos han recibido la aprobación del público. Con los mimbres con los que se ha contado, eso es una misión cumplida en cuatro días, 128 funciones y 28 compañías en movimiento. Por otra parte, quedan los últimos cartuchos de Titirimundi en la provincia, un programa de 33 actuaciones sufragadas por la Diputación y en Madrid, Galicia y la región, mediante otras colaboraciones con la Junta que se prolongan en ambos casos hasta el domingo que viene.

Este 5 de septiembre, último día del programa del Festival segoviano, se han celebrado 29 representaciones, 21 de ellas en patios y 8 más en salas apurando el día hasta sus últimas horas. El espectáculo de L’insolite Mécanique ha sido el que ha arrancado los últimos aplausos de la XXXV Edición del Festival Internacional de Títeres de Segovia.

Un espectador agrede a una voluntaria

Ya se ha dicho que en esta edición ha pasado “de todo”, tal como relata, Marian Plama, que tuerce el gesto cuando explica que en ese catálogo entra también una agresión directa a una joven del grupo de voluntarios sin cuya participación sería impensable el evento.

Ocurrió la tarde del sábado, en la entrada del jardín del Palacio Episcopal, donde se sucedían los pases del Circo de las pulgas de Dominique Kerignard, uno de los espectáculos más exitosos, edición tras edición, de Titirimundi. Un hombre y su familia, incluidos niños, trató de acceder al espectáculo, para el que tenía entradas, pero llegaba diez minutos tarde. La voluntaria que hacía de portera explicó que con el espectáculo comenzado no se puede acceder y el grupo se marcha no sin discusión previa, siempre según relata Palma.

Pero regresaron antes del inicio del siguiente pase exhibiendo unas entradas que la misma voluntaria trató de explicar que ya no eran válidas por ser del horario anterior mientras señalaba a la larga cola de personas que esperaban ante la taquilla poder lograr una entrada porque alguien de los que sí la tenían no acudiera al acto. “El hombre perdió los nervios en ese momento, dijo que él iba a entrar y apartó a la voluntaria con su brazo a la altura del cuello y la cara para franquear el paso a su familia”, señala la directora que también asegura que la joven tiene marcas visibles de aquella agresión aunque no se ha presentado denuncia. “Quiero hablar con ese hombre”, concluye.

Dicen que Kerignard preguntaba desconcertado poco después por qué había oído voces y visto a niños que entraban llorando en su espectáculo.

Author: Redacción

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