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Suárez y el respeto debido

Adolfo Suárez con Fernando Albertos, en lo que fuera Granja-Escuela, hoy Centro Antonio Machado. Foto cortesía de J.P. Velasco.

Adolfo Suárez con Fernando Albertos, en lo que fuera Granja-Escuela, hoy Residencia Juan Pablo II. Foto archivo: J.P. Velasco.

El reciente fallecimiento de Adolfo Suárez nos ha hecho enfocar la mirada en un período de nuestra incipiente democracia interesante no solo por los propios actores sino también por lo que ellos consiguieron con una serie de consensos históricos que supusieron el poner un rumbo firme a la apuesta definitiva por la Democracia como modelo político. Sin duda, Suárez fue el actor principal de este movimiento, y las peripecias que sufrió forman ya parte de nuestra reciente historia política. Creo que es un acto de justicia reclamar el reconocimiento de una figura política de tal cariz, con propuestas como las que encabeza UPyD en Segovia a la hora de solicitar que se denomine con su nombre una avenida principal de la ciudad. Para aquellos despistados que intentan tildar de oportunista la iniciativa, solo recordarles que esta propuesta se solicitó en junio de 2012.

En la época de Suárez, pudimos disfrutar de una generación de políticos extraordinaria, y creo que es sano reconocerlo, que dejaron el listón muy alto, y que tendría que ser un modelo para los políticos actuales, o para cualquiera que quiera dedicarse a estas labores, mas allá del color político donde se ubique cada uno. Y una de las virtudes de esa generación fue el máximo Respeto que mostraron, tanto a las instituciones, como a su propia profesión, y sobretodo el respeto a los ciudadanos, quizás el más importante.

Sin duda en la época actual, la Falta de Respeto es una de las lacras mas graves de la generación política que nos gobierna, y por hacerlo mas fácil, es totalmente extrapolable a nivel local y provincial. El actualmente dimitido Alcalde en funciones, o como dicen los que saben, el Pato Cojo*, ha gobernado esta ultima legislatura permanentemente desde la mas absoluta falta al respeto, empezando por el portavoz y líder de la oposición, y terminando por faltar al respeto a todos los ciudadanos al utilizarlos como arma arrojadiza para chantajear a otras instituciones como es el caso, entre otros muchos, de la Estación de Autobuses. No deberíamos hablar mas de el, pero es que ha jugado su lamentable papel hasta el final.

Pero esa misma Falta de Respeto, la podemos observar en el Presidente de la Diputación Provincial, que si bien en las formas tiene otro estilo, en el fondo hace lo mismo con sus administrados, y no solo por la opacidad manifiesta con la que cubre su gestión de los dineros públicos, sino también por su empeño en liderar proyectos de dudoso fin, y sin viabilidad económica y financiera, en épocas de carencia, enterrando millones de euros de procedencia pública, y afirmando de manera tajante y en voz alta, que este dinero no lo pagan los segovianos. No solo nos falta al respeto, sino que además nos insulta.

La misma falta de Respeto que mostraron todos esos cargos políticos que fueron nombrados Consejeros de Caja Segovia, y que sin tener la mas mínima idea de lo que se traían entre manos, prejubilaron a un equipo directivo como si fuesen estrellas de la NBA, permitieron que se ejecutase una Hipoteca sobre el patrimonio de la propia Caja para garantizar el pago de una deuda a Hacienda que no les correspondía, y avalaron la emisión y comercialización de Preferentes entre particulares que desconocían los productos financieros que estaban contratando. Ahora nos vuelven a faltar al respeto nombrando un Patronato para la Fundación con la misma gente y los mismos criterios que supusieron ya un gran fracaso, y la perdida de muchos millones de euros.

Si empezamos a exigir a todos los cargos públicos que respeten a los ciudadanos y al dinero ajeno como si fuese propio, solo con eso, ya cambiaríamos mucho el panorama, pero claro, hablamos desde el idealismo, y nos enfrentamos a un problema cultural. Casi nada.

*Pato Cojo :En su PoliticalDictionary (Diccionario político), William Safire, que durante décadas fue columnista de The New York Times y, antes, escribió discursos para Richard Nixon, definió pato cojo (lame duck, en inglés), como “un ocupante de un cargo cuyo poder se ve disminuido porque pronto dejará el cargo como resultado de una derrota o de los límites legales”.

Author: Opinion

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