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Primer viernes de Ramadán en la mezquita de San Lorenzo

Desde el pasado sábado 27 de mayo hasta la próxima luna nueva del 24 de junio, los 4.785 residentes en Segovia y de religión musulmana, mayoritariamente magrebíes (aunque unos 1.430 son de nacionalidad española),  no pueden practicar sexo ni ingerir humo, agua, ni comida desde la salida a la puesta del sol. Es el Ramadán. A la par que ayuno, y durante estos días, los imanes piden a los creyentes que enfaticen su religiosidad: rezar más, ayudar a la gente, leer el Corán.

De eso irá la charla esta tarde-noche de Mohamed, el imán de la mezquita de San Lorenzo, Centro Cultural Islámico, Mezquita Al Mushinin (literalmente, “los virtuosos”). Son las 18 horas y faltan pocos minutos para uno de los cinco rezos de la jornada. El primero es antes del amanecer, a las 4:50, luego a las 14:20, 18:10, 21:42 y 23:42, aunque los horarios van cambiando de vez en cuando para ajustarse al horario solar. Los rezos más masivos son los dos últimos del día. Tras el del crepúsculo hay comilona para resarcirse del ayuno. “Suelen venir un centenar de creyentes, los viernes de Rabadán el doble”, explica Omar, a modo de ayudante del imán, Mohamed, que no habla castellano (aunque entiende, de vez en vez interviene y atina).

El islam oficial se aglutina en torno a la Comisión Islámica de España, representada en Segovia por la Federación de Comunidades Musulmanas de Castilla y León. Es  la estructura legalmente reconocida por el Estado Español para representar a los creyentes. En la provincia hay dos mezquitas en la capital y también en El Espinar, Cantalejo, Cuéllar, Boceguillas, y aunque más pequeñas, en Riaza y Prádena. No es “doctrinalmente” necesario que el musulmán rece en la mezquita; cualquier punto orientado a la Meca vale. Pero durante el Ramadán el rezo conducido por el imán es especialmente frecuentado, eso sí, rigidamente separado; las mujeres tienen un salón pequeño, notablemente más grande el de los caballeros.

En el vestíbulo de la Al Mushinin hay un enorme guardazapatos. Enfrente,  una pequeña cocina. En la tradición magrebí no es infrecuente celebrar ágapes entre los “parroquianos” al término de sus devociones, el sábado 3 de junio, sin ir más lejos, a la caída del sol, hay uno de los buenos. Al lado está la sala de abluciones, haram, donde pasan a purificarse siguiendo un rígido protocolo:   manos, boca, nariz , cara, cabeza, orejas y pies, mientras se recita el preceptivo “No hay más dios que Alá”. Terminado el ritual, a la sala de oración, ante el Mhirab. Al fondo una biblioteca, de donde el Imán extrae un pequeño libro-folleto que nos entrega.

“Todos deben celebrar el Ramadán -explica Omar-, desde que tienen semen o la menstruación. Los enfermos -y recita una casuística específica, por ejemplo diabéticos, postoperados, etc- pueden saltárselo. Deben pagar entonces a los pobres lo que comen cada día, unos cinco euros, pero cuando están bien de salud deben recuperar el ayuno”.

Desmarcarse del terror

Preguntamos si no se sienten criminalizados por el terrorismo islámico. “En Segovia las relaciones son buenas, no hay problemas”, explica. Si insistimos, Omar intenta desmarcarse todo lo que puede. “Los terroristas, los que ponen bombas, no tienen ni idea del Corán, es al revés, el Corán nos ordena salvar. Prohíbe matar. El Islam quiere la paz, sobre todo debes destacar eso. No queremos saber nada con terroristas y esas cosas. Ellos no son Islam”.

Los musulmanes no tienen problemas con los tiempos modernos. Incluso en Segovia, donde a diferencia de los países islámicos los tiempos sociales no están sintonizados con el Ramadán. En Marruecos, por ejemplo, la actividad de día se ralentiza durante el mes sagrado para estallar con la caída del sol. En España no. Eso no quita para ver a una cuadrilla de adolescentes pasando por la mezquita para el rezo de la tarde. Como me explica Omar, el cumplimiento de los preceptos es seguido por la inmensa mayoría de los creyentes segovianos. “Muy pocos no hacen el Ramadán o han dejado la religión”, comenta Omar. Pregunto la razón, ¿por qué el cristianismo va a menos (en Europa) y el islamismo no? El imán y el sacristán se quedan pensando. “Pienso que es el alcóhol”, termina diciendo el imán, traduce Omar. La respuesta parece simple, pero no lo es tanto. Luego lo explican mejor. Visto desde su perspectiva los europeos vivimos en algo así como el riesgo del pecado permanente. “Es como si conduces un coche y no haces caso a los semáforos o a la velocidad, al final es peligroso”, dice el imán.

Terminan insistiendo en que se les separe radicalmente de los terroristas. “Y lee el libro… ¿Quién sabe?”, en referencia al folleto que nos han entregado. “El verdadero credo islámico, lo que contradice y lo que invalida Islam”, se titula, y es del Gran Mufti de Arabia Saudí, Shiekh Abdul Aziz.

Author: Redacción

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