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¡Ojo arriba, que caen piedras!

Una piedra de tamaño muy generoso —unas 13 toneladas, calculan en el Ayuntamiento— se desprende de lo alto de la pared del valle del Clamores, rueda y llega a frenar en el borde del camino que cada día pisan centenares de paseantes, turistas y deportistas. Afortunadamente no ha pasado nada. No hay heridos ni daños.

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Y es que la mole caliza de seis metros cúbicos decidió soltarse en medio de la oscuridad de la noche, sin duda con la ayuda imprescindible de las fuertes lluvias que cayeron la noche del 26 al 27 de diciembre y las anteriores.

Bueno, eso y el hecho ya advertido y comprobado de que las rocas que hacen de pared en el valle y más allá —en la memoria de los segovianos permanece grabado el suceso de las Peñas Grajeras sobre La Fuencisl, en 2005—, no son precisamente un ejemplo de estabilidad: los derrumbes, de menor o menor tamaño, no son ninguna novedad, pero como de momento no causan heridas, esos sucesos acaban manteniéndose más como anécdotas y menos como avisos de peligro que requieren una respuesta mucho mas allá de “trocear el bloque y dejar los resultantes como parte del paisaje verde”.

Lo cierto es que el mes de noviembre parece abonado a los desprendimientos. El año pasado por estas fechas, el susto se produjo por la caída de parte del muro de cerramiento que está junto a la Casa de la Química y el Alcázar. Otro amago, zanjado con el corte de la zona unos días y alguno más, los que duraron enteros los papeles a modo de carteles de advertencia para los usuarios que se colocaron en la zona.

Dos años antes, en noviembre de 2010, las pedradas llovieron en la Cuesta de los Hoyos. En realidad, fue una única piedra de tres toneladas largas la que se desprendió, rompió la malla de protección y acabó fracturada en un carril de la carretera. Otra vez hubo fortuna para las personas y cosas. Y eso que ocurrió a las 11.44 horas.

El antecedente de 2003 requiere reseña especial: los desprendimientos de entonces constituyeron el pretexto para una de las primeras batallas del entonces incipiente alcalde, Pedro Arahuetes, y la Junta de Castilla y León.

La caída de más de 20 toneladas de piedra sobre la carretera forzaron dos intervenciones consecutivas de la consejería de Fomento de la Junta cercanas al millón de euros entre las dos para estabilizar y asegurar las piedras de la zona y de fondo, una disputa política por la cesión de las travesías (entre ellas, la Cuesta de los Hoyos) y el cierre de la carretera, durante cinco meses, ordenada por el Ayuntamiento.

Con estos antecedentes, parece obligado que las administraciones, utilizando los mismos argumentos que entonces —la seguridad del ciudadano— comiencen a plantearse seriamente la ejecución de un completo estudio que teste la estabilidad de las viejas piedras del valle del Clamores, en sus dos paredes, y si, como parece, se hacen necesarias obras de estabilización, comiencen a realizarse a la mayor brevedad para una zona sumamente transitada por los ciudadanos, que de momento siguen disfrutando del paseo, pero con un ojo mirando hacia arriba.

Author: Redacción

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