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Nuevo obispo: enigmas tras el boato

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Boato y pompa en la catedral de Segovia para acoger al que, desde hoy 20 de diciembre, es su nuevo pastor, César Franco Martínez. Veintiocho obispos, entre ellos cinco arzobispos (de Valladolid, Toledo, Oviedo, el primado de Madrid, y el castrense), un cardenal (Rouco Varela), junto con 200 sacerdotes celebrantes, los 110 de Segovia más muchos madrileños que venían a acompañar al que fuera su superior, no en balde Franco llega a la diócesis de Segovia tras una elogiada labor como obispo auxiliar de Madrid. La plaza Mayor era hoy un hervidero de sotanas (en curiosa coincidencia con una concentración de Harleys papanoeles que a la misma hora tomaron la plaza).

La ceremonia empezó puntualmente, con el nuncio del Papa de Roma, Renzo Fratini, que acompañado del obispo emérito, Angel Rubio,  presentó al cabildo y colegio asesor de la diócesis a su nuevo obispo. Como marca el rito, el deán del cabildo le dio a besar el lignum crucis y en solemne procesión se acompañó al nuevo obispo a la capilla del Santísimo.

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La misa de toma de posesión, ante una catedral rebosante y con el coro Voces de Castilla a cargo de una impresionante animación musical, tuvo cuatro momentos destacados. El primero fue la alocución de despedida del anterior obispo, técnicamente administrador apostólico, quien habló de la necesidad de renovación a la luz del evangelio para revitalizar a la iglesia segoviana. Le siguió el nuncio, que se refirió, entre otros aspectos, al carácter teresiano de la diócesis.

Parte central del rito es la presentación y lectura de las letras apostólicas, por así decir, el decreto del Papa Francisco por el que se nombra al nuevo obispo, se agradecen los servicios prestados del ahora emérito, y se exhorta al nombrado a aplicarse a su misión de pastor espiritual. En el mensaje de Francisco no faltaron referencias a la necesidad de la iglesia española de re-evangelizar a una sociedad que gradualmente da la espalda a la iglesia, poniendo el énfasis en la comunicación del mensaje de Cristo.

Tras la solemne lectura, César Franco toma asiento en la cátedra episcopal, la silla del obispo, momento en que una representación de la diócesis desfiló ante él para manifestarle obediencia.

César Franco: ¿de qué pie calza?

Se esperaba con expectación la primera homilía a modo de una primera pista sobre la orientación pastoral que el madrileño pueda dar a la iglesia segoviana.

A favor del nuevo obispo juegan las altas expectativas en él depositadas como un pastor eficaz y volcado en la acción parroquial. “Viene con un cartel muy alto”, explicaban sacerdotes veteranos. La espectacular movilización de mitrados atestigua que Franco es un hombre muy valorado en el mundo eclesial. Quienes le conocen destacan su humildad, cercanía y hondura intelectual.

En su contra está el hecho de haber sido, en calidad de obispo auxiliar de Madrid, el brazo derecho de Rouco Varela, “icono” de la imagen inmovilista de la jerarquía eclesial española, muy desgastada por los enfrentamientos con los movimientos sociales de izquierda, feministas, y partidarios en general  de retirar el tratamiento preferencial que desde las instituciones se brinda a la iglesia en temas como la fiscalidad y la enseñanza de la religión.

En la iglesia actual, y simplificando enormemente,  se pueden atisbar dos sensibilidades. Frente al problema de la secularización de la sociedad, muchas voces hablan de la necesidad de apertura, con más acción social y más proactividad a la hora de renovar la estructura eclesial. Frente a ellos estaría el sector “rouquista”, abonados a la ortodoxia, convencidos de que el laicismo social es un movimiento pendular y que la iglesia no puede instalarse en una dinámica de correr al ritmo de los tiempos para ganar popularidad. Qué duda cabe que la parte progresista anda crecida en los últimos meses, pues parece sintonizar mejor con el impulso imprimido desde el Vaticano por el papa Francisco, frente a la apuesta sin cortapisas por la ortodoxia que caracterizó los papados anteriores.

¿Hacía dónde tirará César Franco?

Pues bien, a tenor de su primera homilía (documento completo en el enlace), Franco se presentó más como un continuador de la facción ortodoxa que un renovador: “Esta es mi única pretensión entre vosotros como sucesor de los apóstoles: proclamar a tiempo y destiempo el evangelio de Cristo, gracias al cual Dios fortalecerá, consolidará y santificará a su Iglesia de Segovia, la librará de miedos y temores, de inercias acomodaticias, y de todo tipo de tentaciones, para hacerla avanzar, edificada sobre la verdad y urgida por la caridad, por los caminos de la historia, como ha hecho hasta ahora desde su remota fundación. Nuestra fuerza no está fuera de nosotros, en estrategias y argucias humanas, ni en acomodarnos al pensamiento dominante, débil e inconsistente, con la ingenua ilusión de ser aceptados. Nuestra fuerza es Cristo y su Evangelio, que es potencia y sabiduría de Dios para los que creen”.

La iglesia segoviana hoy

Al problema general del laicismo, en Segovia se suma el envejecimiento del cuerpo sacerdotal y su dependencia para el día a día de la “importación” de sacerdotes americanos. Actualmente, de 110 sacerdotes en activo, 30 proceden de Latinoamérica. Aparentemente, “personal” suficiente para atender la demanda espiritual de la feligresía. Aparentemente.

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Lo cierto es que en Segovia, antaño granero de vocaciones, no hay seminaristas. La dispersión parroquial, con congregaciones diminutas, obliga a los párrocos a multiplicarse para el mero día a día, al tiempo que se echa en falta más “trabajo de trinchera” con los jóvenes y en la acción evangelizadora y social. Por otra parte, los curas viejos no están siempre cómodos con sus hermanos en Cristo americanos, formados en una tradición eclesial distinta y mucho más jóvenes, y a quienes se les recrimina cierta dejación para tomar el relevo en la acción parroquial.
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En su homilía no hubo trazas de por dónde tirará aquí el pastor. En la nota de prensa distribuida desde el obispado se cita literalmente: “Don César no quiso hacer de su homilía ni un desarrollo teológico de la misión del obispo, ni una presentación de un plan pastoral que no trae preconcebido”. “Por razones obvias de comunión eclesial, he asumido el que está en marcha y pondré mis energías en realizarlo, continuando la visita pastoral ya iniciada”, afirmó el prelado.

La duda está en si para César Franco el obispado es un premio para una labor ya hecha y muy elogiada por sus compañeros, una suerte de retiro, o por el contrario un revulsivo. Solo el tiempo lo dirá, aunque no parece que vayan los tiros por lo primero a tenor de la intensa actividad que el nuevo obispo ha querido imprimir a su agenda en las primeras semanas.

Desayuno informativo

Tras la celebración, los asistentes que así lo quisieron se acercaron a saludar al obispo. César Franco, adusto y concentrado a lo largo del ritual, cambió entonces de gesto. Se le veía alegre y cariñoso para con sus antiguos y nuevos colaboradores. Posteriormente, hubo comida con 140 invitados en la Casa de Espiritualidad (anexa al obispado) en la que no podía faltar el cochinillo, servido por el restaurante José María. Acudieron a ella miembros del cabildo y del consejo consultor, así como los invitados de fuera de la provincia. La comida de hermandad con el resto del cuerpo sacerdotal se celebrará en Navidad, como es costumbre. Mañana, 21 de diciembre, don César oficiará misa a las 12.30 en el Santuario de la Fuencisla. Presentación con desayuno informativo con los medios el 23.

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Author: Redacción

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1 Comment

  1. Buen artículo. Acueducto2 es el único medio que hace “análisis” -por otra parte, bastante acertado- de esta noticia, todos los demás medios hacen crónica meramente descriptiva. Éxito periodístico para vosotros. Y también para la Iglesia segoviana, creo que ganamos un buen obispo, imprescindible para afrontar un momento que en lo religioso se presenta bastante complicado

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