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Nava, otra vez

BalonmanoNavaEn una de las últimas columnas avisábamos. Los inexpugnables e indestructibles naveros habían alcanzado el notable alto y acudían a la fase de ascenso de Galicia sin ninguna presión y con los deberes más que hechos. La verdad, no era el año que parecía más propicio hollar la cota en Plata. Ausencias importantes, sistema de competición, adversarios de enorme envergadura y algunos síntomas de fatiga (espejismo en toda regla) en sus piernas en el ocaso de esta campaña. Advertíamos que para nosotros ya se habían ganado un largo y sentido aplauso, pero que conociéndolos, acudirían con el cuchillo entre los dientes para apurar las opciones. Y vaya la que han preparado.

Si nos siguen, no es la primera, ni la segunda ocasión en la corta andadura de esta columna que aparecen subrayados los méritos de un club como el Balonmano Nava. Por cierto, hagámoslo bien y con justicia, el peso del patrocinio del primer equipo lo lleva la empresa Viveros Herol, que merece todo un monumento por su salvaguarda y confianza en esta propuesta deportiva.

Después de destacar la magnífica trayectoria en sus más de tres décadas de historia, tras alabar su filosofía, la coherencia y el realismo de su propuesta y de recordar los éxitos inagotable de su cantera, creíamos que (a corto plazo) no se podrían lanzar más loas. Pero mira tú por dónde que van a la cancha del Novás, con más de 2000 personas en su pabellón en un ambiente maravilloso y sueltan tres partidos casi perfectos para convertirse en el único equipo de todas las fases de ascenso a División de Honor Plata que convierten sus tres duelos en otras tantas victorias.

Estos triunfos compensan los malos ratos, que los ha habido, claro que sí. Porque para  los que les acompañamos como testigos directos en el salto, el brindis y la locura colectiva de su primer ascenso hace cinco años a la Primera División en un pabellón navero convertido en auténtico teatro de sueños, nos parecía imposible atisbar siquiera la intensa, enriquecedora y, a veces, dolorosa, experiencia de estos últimos años.

Los mismos rostros se tornaron taciturnos en ediciones sucesivas. El equipo iba viento en popa, insuperables en una trayectoria mágica e inmaculada, pero llegaban las fases de ascenso y la ilusión, tan irracional como razonable, se disparaba. Las primeras lágrimas de exaltación deportiva se convertían en gotas de dolor. Dos lanzazos cruentos que se llevó el grupo en las dos siguientes fases de ascenso de infausto recuerdo nos dejaban un poso de escepticismo, de mirada torcida y desconfiada hacia el futuro que se asomaba nuevamente ilusionante. Decepciones que nos retorcieron el alma, sobre todo la de 2012, con envoltorio coqueto en el Pedro Delgado y resuelto brutalmente con aquella postrera bofetada, injusta e incomprensible, que les desalojaba de la pelea en el último segundo del último acto con aquel gol de la Roca que nunca olvidaremos.

Para quienes tenemos marcado en la memoria los rostros de dolor de unos jugadores tan grandes por dentro como por fuera, pero incapaces entonces de sostenerse de pie, derrumbados y pasto de las llamas del llanto; para quienes tenemos grabado con el fuego del agradecimiento infinito y la admiración reverencial los rostros apagados, incrédulos y medio sonámbulos de los Quintín, Tinín, Santi y compañía que buscaban abrazos que les transfirieran ánimo y oxígeno; para todos los que hemos tenido la fortuna de vivir esas emociones puras, ahora, la grandeza lograda, sabe mejor.

Pero de todos estos años, lo más importante y lo que no logran superar ascensos, empujones al cielo deportivo o victorias rutilantes, son los recuerdos de todas esas confesiones, risas o lamentos, cosidos al calor de cientos de conversaciones telefónicas, todas ellas maravillosas, un miércoles o un jueves cualquiera, hablando entre partido y partido y aprendiendo siempre algo nuevo del balonmano.

Por ese caudal de emociones intangibles, por la admiración profesional y deportiva, así como por un indisimulable cariño personal hacia sus integrantes… uno siente, sinceramente, que no nos hacía falta este ascenso a la División de Plata de nuestro balonmano, pero (reconozcámoslo a renglón seguido) como penúltima parada de este  increíble viaje del que no me quiero bajar, entenderán que me resulte, sencillamente, maravilloso. Gracias amigos.

Author: Opinion

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1 Comment

  1. Qué poca atención se presta en nuestra provincia a un equipo que, en estos momentos, se quiera o no es lo mejor en deporte colectivo. Es una impresión.

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