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Música para la generación 4.0

El primer concierto de pago de estas Fiestas, el de Burning y Loquillo, ambos en un único pack, aunque bien diferenciados, (como evidenció el largo cambio de equipos y luces entre ambas actuaciones, más de 40 minutos) organizado por El Norte de Castilla —sí , en estas celebraciones, por fin, hay patrocinios privados— no defraudó a nadie. Porque nadie esperaba otra cosa.

Y eso que el sonido no era malo, sino pésimo. Cualquiera que, a lo largo de los años, haya tenido ocasión de escuchar un concierto en el Frontón Segovia, sabe que la acústica del lugar es simplemente nefasta, una pesadilla para cualquier técnico y un suplicio para cualquier espectador que ocupe un puesto más allá de la primera fila y tenga interés en captar el más mínimo matiz de la música o las voces.

Quizá el Ayuntamiento o la organización puedan explicar en los próximos días si fue la presión de los vecinos del antiguo Regimiento o el mero hecho de que el recinto anunciado inicialmente para los conciertos de pago (Melendi, ya se lo dijimos, cantará en la Plaza de Toros) no cumple una sola de las prescripciones de seguridad obligatorias para este tipo de eventos, lo que llevó al apresurado cambio de lugar, pero el caso es que al final, se usó el peor de los peores recintos posibles.

El caso es que todo el mundo pareció asumir las carencias, de las que se hablaba en todo momento en los corrillos, pero con un tono casi de resignación. Será que la mayoría de la parroquia superaba los cuarenta (generación 4.0) —ojo, que también había gente por debajo de esa edad, pero en clara minoría— y ese personal ha visto tantos conciertos de Burning, menos de Loquillo, pero también, en condiciones aún peores, que no era cuestión de poner el grito en el cielo.

Con todo y eso, a primera hora de la noche, algunos espectadores que habían hecho compra anticipada de entrada reclamaron airadamente ante ante la organización por el cambio de recinto que muchos de ellos desconocían. No se llegó a las denuncias, que los organizadores optaron por la devolución inmediata de los 20 eurazos a cuantos lo pidieron, para evitar males mayores.

Debía estar la alcaldesa Clara Luquero, que su coche oficial estaba en la puerta, y las damas de las Fiestas. También estuvieron algunos concejales —sin coche a la vista— como la responsable de Tráfico, María José Andrés y el de Deportes, Javier Arranz.

Por partes: Burning llegó puntual a su cita y se despachó a gusto: dos horas de repertorio en el que cupieron las canciones más clásicas y otras muchas que la mayoría del respetable no lograba tararear, no tanto por novedosas —a estas alturas, ninguna lo es—, como por menos conocidas. Salieron todas: la chica en el lugar equivocado, la pareja aquella que estuvo tan bien compenetrada que funcionaba como un huracán, la imperativa mueve tus caderas y hasta aquel que fue rotundo éxito ¡en los 40 Principales! esto es un atraco, entre otras muchas (casi todas), bajo la dirección del superviviente de la banda original, Johnny Cifuentes, derrochando carisma por el escenario y apoyado por una excepcional banda. Puro rock and roll… del de antes.

Burning1

Aunque si es por banda, la de Loquillo requiere reseña especial: potente, compacta, excitante y calibrada. Ni un pero.

Porque sí, es cierto, hubo que esperar largo rato para el cambio de equipos entre una banda y otra, aunque ya se ha dicho: el público venía de otras épocas y toleraba esto y más, así que mató la espera con cigarrillos fumados compulsivamente en la puerta del pabellón o simplemente, haciendo vida social por el pabellón, que es malo para la acústica, pero muy cómodo para el trasiego de los casi 2.500 espectadores congregados.

Pero todo llega y al final, también lo hizo Loquillo, vestido de negro, por supuesto, y rodeado de potencia, tanto que casi consiguió enganchar a la primera con el público, pese a dedicar sus cinco primeras intervenciones a canciones “modernas”.

Cuando fuimos los mejores rompió la racha. Luego vinieron el Feo, Fuerte y Formal; el Ritmo del Garaje (esta también fue éxito de Los Principales en los ochenta), La mataré o, ¡el paroxismo!, Cadillac Solitario, coreada por el público como un auténtico himno.

Loquillo2

El catalán no engaña a nadie ni lo ha hecho en toda su vida: rock potente, una banda sumamente eficaz, una pose de chulería —llegó a detener una canción para encararse con personal del público a los que recordó que “este es mi espectáculo”—, muchas canciones aparentemente cantadas con la nariz y, pese a todo, una capacidad increíble de conexión con el respetable. Pues casi otras dos horas, satisfactorias en general a pesar de todo lo dicho.

Total, que el pabellón se desalojaba ya muy avanzada la noche de San Juan en medio de una importante tromba de agua, la misma que debió justificar las actuaciones de la Noche del Teatro, en San Nicolás, aunque no lo hizo con la verbena de la plaza Mayor, pese a que ambos puntos están a unos 200 metros de distancia.

En el programa de conciertos para este martes, 24 de junio, además del muy recomendable concierto de la Banda del Búho, a las 21.30 en San Martín, figura otro déjà vu: la actuación, a las 23.00, de La Unión en la que Rafa Sánchez sigue ejerciendo de líder. Lo dicho: la generación 4.0, hoy, otra vez de concierto.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Hablando de sonidos nefastos y medidas de seguridad, dónde estará tanta promesa (desde el primer mandato municipal) de lugar decente para actos multitudinarios, sea palacio de congresos, sea un lugar adecuado de menos presupuesto sin tanta megalómanas ideas de independiente con ínfulas de quedar inmortalizado como presidente de república francesa, por ejemplo. Por cierto, el prometido nuevo ferial en el mismo sitio ¿no? Pues nada, ¡Vivan los autobuses urbanos y las inauguraciones con paella popular del día de Pedro! el santo, no piensen mal.

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