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Luis Ángel de las Heras, de Obispo de Mondoñedo-Ferrol a Obispo de León

El próximo sábado, 19 de diciembre, toma posesión de su cargo como Obispo de León

Nuestra búsqueda de segovianos en distintos lugares del mundo a veces nos lleva muy lejos pero en otras ocasiones los encontramos un poco más cerca. Luis Ángel de las Heras nació en la ciudad de Segovia, en el barrio de San Millán, en los años 60 del pasado siglo y, a Segovia regresa cuando le es posible para recordar la infancia vivida hasta que, con 9 años, la vida le llevó por otros caminos. Su vocación religiosa no llegó de la noche a la mañana. Ya de niño, mientras sus amigos querían ser bomberos o futbolistas, él estaba convencido de ver su futuro unido a una sotana como sacerdote “aunque no lo decía”. Madrid, Galicia y ahora, el Papa le ha enviado a León… dónde tomará posesión de su cargo como Obispo de la Diócesis el próximo 19 de diciembre. De sus recuerdos de Segovia, sus rincones favoritos y su “rodar” por el mundo… Luis Ángel de las Heras, Claretiano y segoviano, nos lo cuenta.

Pregunta.— ¿Dónde nació?

Respuesta.— En el barrio de San Millán, en la calle Arturo Merino y, además, nací en casa, no en ningún Hospital. No soy tan mayor pero nací en mi casa. Me contó mi abuela que le dijo a mi padre que fuera a buscar a la partera y él lo hizo pero, en realidad, lo que ella quería era que mi padre se fuera porque estaba muy nervioso. Entonces nací yo pues mi abuela sabía asistir a los partos. Nací el 14 de junio de 1963. Había sido Corpus Cristi el jueves 13. En San Millán pasé toda mi infancia, hasta los 9 años. Fui a la Escuela de la Casa de la Tierra y luego, al colegio de Los Huertos, al colegio antiguo porque creo que aquello lo derribaron y construyeron uno nuevo, al menos eso me suena a mí.

P.— ¿Cómo comenzó su vocación para entrar en la Iglesia?

R.— Yo me fui de Segovia porque mi padre se fue a trabajar a Aranda de Duero…me marché muy pronto pero siempre he tenido ese recuerdo imborrable y me he considerado segoviano. Cuando me decían que no había pasado mucho tiempo en Segovia, contestaba que me daba igual porque uno tiene sus raíces y siempre he tenido añoranza de Segovia, siempre, siempre… Volver por Segovia, para mí siempre ha sido como un bálsamo, eso es muy importante.

De Segovia, estando allí, siendo pequeño, recuerdo los libros de Historia Sagrada que por alguna razón cayeron en mis manos. Recuerdo la preparación a la Primera Comunión en el Convento de las Madres Reparadoras (junto a la Iglesia de San Clemente), ese Convento tan grande…. No pude hacer la Primera Comunión con el grupo con el que me había preparado porque no tenía la edad y me hicieron esperar un poco. Al cumplir los 7 años, creo que la hice en El Parral.

Ya entonces quería ser cura, eso lo tenía yo muy claro. Seguro que te acuerdas de la serie “Crónicas de un pueblo” porque yo lo veía en la tele y, veía al cura y quería ser como él. Cuando fui a Aranda de Duero, fui al Colegio Claret y, volví con esa misma idea de que quería ser cura. Me propusieron ir al Seminario Claretiano, que estaba en Segovia y volví con 14 años. Estuve 4 años pero en el Seminario, interno. No obstante estaba en Segovia y los paseos por la ciudad, bajar a la Fuencisla con cierta frecuencia… Hubiera querido ir al Seminario de Segovia. Un tío mío, que ya falleció, era sacerdote y fue a Perú. Yo estaba esperando que viniera mi tío, que venía de vacaciones cada tres años, para ir al Seminario de Segovia pero el año que iba a ingresar él no vino y fui con los Claretianos. Me gustó, seguí con ellos y de Segovia pasé a Madrid hasta que vine a Mondoñedo-Ferrol, como Obispo. Como digo, las raíces son de mi infancia. Desde niño estaba dándole vueltas a eso. Recuerdo que decían los chavales que querían ser bomberos o… Yo, la verdad es que no lo decía, pero pensaba: “Quiero ser cura”.

P.— ¿Cómo ha transcurrido su vida en la Iglesia?

R.— Primero estuve en el barrio de Vallecas. Fue una de las experiencias más grandes que he tenido. Allí tuve que estar muy cerca de toxicómanos. Hice un proyecto de ayuda a la rehabilitación de toxicómanos porque, a finales de los años 80 o en los 90, era la lacra que había en la sociedad española y especialmente en algunos barrios como el de Vallecas. Tuve la suerte de poder trabajar en ese proyecto y de ayudar a chavales y a algunas chicas que estaban acogidas en la casa de las Religiosas Adoratrices y, para mí, eso ha sido una experiencia que me ha marcado el resto de mi vida. Estar cerca de la gente que tenía el problema de la droga, encarcelada, familias desechas, poder echar una mano y ver como mucha gente que tenía su vida destrozada la ha rehecho… es una satisfacción muy grande. Después fui formador del Seminario durante mucho tiempo, también en Madrid y, por fin, siendo Superior Provincial de los Claretianos de la zona que correspondía, fue cuando me nombraron Obispo de Mondoñedo-Ferrol, un cambio radical. Un lugar estupendo, precioso tanto por sus paisajes como por su paisanaje. Hay una gente extraordinaria en Galicia y yo me he sentido muy a gusto, muy querido y quiero mucho a la gente, de manera que ha sido una experiencia muy bonita. Ahora, el Papa me ha nombrado Obispo de León. Ese ha sido mi recorrido.

P.— Ahora va a estar más cerca de Segovia y de Madrid. ¿Qué tal lleva su llegada a León? La toma de posesión de su cargo como Obispo de su Diócesis será el próximo sábado, 19 de diciembre.

R.— Lo estoy viendo como todos vivimos ahora. Estamos en un momento delicado, con mucha gente sufriendo y pasándolo mal. Ayer mismo hablé con un compañero cuyo padre ha fallecido a causa de la COVID-19, algo que a todos nos afecta. Llego en un momento muy singular. Nos toca vivir la vida y voy con la ilusión de una nueva misión. Siento pena por dejar Galicia, donde estaba muy a gusto, quiero mucho a la gente y, a la vez, me siento querido. A la vez siento mucha ilusión por acercarme a León, por conocer aquella realidad porque solo lo conozco de visita y, también por colaborar, en todo lo que pueda, con la Iglesia, con la Sociedad. Necesitamos en estos momentos sentirnos unidos todos y caminar con esperanza. Esa es la perspectiva con la que voy a León

P.— ¿Ha pensado en pasar por Segovia en algún momento?

R.— Claro. Me gustaría. He ido a Segovia con discreción pero no mucho, cuando me han llamado para alguna celebración o algún acto. Me gustaría ir pero ahora es muy difícil ir sin que te conozcan porque, en realidad, ya soy bastante conocido. A Segovia siempre voy con gusto. Hay rincones espectaculares, y las piedras de allí me serenan: Las del Acueducto, las de la Catedral, las del Alcázar, la muralla y la Fuencisla, el Paseo del Salón… Todo.

P.— ¿Cual es su rincón favorito?

R.— No me acuerdo como se llama pero son los jardines por detrás del Convento de las Carmelitas, desde los que se ve el Parral.

P.— Seguramente el Jardín de Fromkes

R.— Ese rincón, para mí es fascinante. No sé porque pero es el que más me gusta de los muchos que tiene Segovia. En cuanto a la provincia, el rincón que más me gusta es la Ermita de San Frutos, en las Hoces del Duratón. Ese lugar, esa atalaya, es también extraordinario. Es una pregunta muy difícil, esos dos lugares yo los destacaría pero, hay muchos.

P.— Cambiando de tema ¿Cómo se ha vivido desde la Iglesia el momento de la pandemia que nos ocupa?

R.— Ha trastocado la vida de la Iglesia, como la de todos. Hemos tenido que reducir actividades o realizarlas de otra manera. Eso ha hecho que no nos encontráramos, que no nos viéramos y la vida de la Iglesia es precisamente de encuentro, de verse, de hablar, de celebrar… pero todo esto ha estado limitado por los aforos, por la prevención. Fíjate en el detalle de lo importante que es en las misas darse la Paz pues, desde marzo eso no ha podido hacerse. Pero también la gente mayor, que no ha podido asistir a la iglesia, donde encontraba un consuelo y un sosiego… No han podido acudir a las Eucaristías y eso ha supuesto un sacrificio grande.

Al mismo tiempo, todo lo sucedido ha tenido una reacción creativa que ha permitido ofrecer, por otros medios, ese contacto y esas actividades: internet, las redes sociales… de tal modo que se han podido presenciar desde casa y participar de esa manera, que no es lo mismo que la física pero suplía un poco la actividad habitual. Los encuentros por los medios digitales, las llamadas telefónicas y las video llamadas, que es lo que hemos tenido que hacer con las Residencias al no poder visitarlos por el riesgo de contagio. Con mi padre me he comunicado por video llamada, no había otra manera.

Que nos ha trastocado a todos es evidente pero dentro de todo, nos ha hecho a la sociedad como a la Iglesia, buscar lo esencial, lo que no se puede perder, y darnos cuenta de lo importante que teníamos todos los días y no valorábamos. Lo primero, dentro de esta circunstancia, es pensar en las personas que han desaparecido, en las víctimas; en los familiares, en esos primeros momentos en los que la gente fallecía sola y no había forma de acompañar físicamente ni con otra comunicación… porque no había manera de hacerlo entonces. Y los familiares, que sabían que su familiar estaba grave o muriendo y no podían estar a su lado… Ha sido algo duro, algo por lo que también se buscan respuestas. A veces echamos la culpa a Dios pero, también y sobre todo, se le pide ayuda para afrontar esta situación.

P.— Según le escucho me da la impresión de que todos, a causa de la pandemia, nos estamos modernizando, en unos casos para bien y en otros para mal. Internet, el mundo digital, las video llamadas…

R.— En efecto. El ser humano sabe reaccionar a todas las circunstancias y podemos tener más recursos. Eso es positivo.

P.— Para terminar, mi enhorabuena por el cargo. El próximo sábado tomará posesión en León.

R.— Gracias. Está previsto que acudan el Obispo de Segovia, Cesar Franco y, el Vicario General, quienes también están muy contentos por contar con un segoviano como Obispo de León.

Author: Pilar De Miguel

Pilar de Miguel. Periodista segoviana.

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1 Comment

  1. ….estamos en el siglo XXI.?…no lo creo

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