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Secretos bajo custodia en el granito de Ortigosa

Son casi 250 hectáreas de monte de titularidad pública, de la Junta de Castilla y León, y uno de los berrocales, o zona de afloramiento de granito, más espectaculares del Guadarrama. Lo es por su extensión, por su historia y por su paisaje y valores medio-ambientales. Es el Berrocal de Ortigosa del Monte.

¿Cómo se crea un berrocal? Es un proceso relacionado con la meteorización del granito. Temperaturas extremas asociadas a altas concentraciones de C02, entre otros factores, que hacen que las afloraciones graníticas vayan adoptando su característico aspecto de grandes moles esféricas. “Son moles en principio paralepipédicas que la erosión va redondeando. El de Ortigosa fue un proceso muy largo, más de 60 millones de años. Al principio del Cretácico y al final del Plioceno, las condiciones climáticas fueron muy agresivas en esta zona”, explica el geólogo José Manuel Portero, geólogo, que mano con mano con un equipo de dos arqueólogos y un historiador, intentan desentrañar los enigmas que encierra este espectacular paraje segoviano.

La cuestión más mediática es probar que del berrocal salieron los sillares del Acueducto. “Se da por supuesto, pero lo cierto es que no se ha probado. Vamos a cotejar muestras del Acueuducto tomadas en la restauración del año 2000 con las extraídas aquí”, explica la arqueóloga, Clara Martín. Todo indica que fue así. Históricamente se ha documentado que los romanos testearon canteras también en la zona de Robledo, posteriormente, en la Edad Media, las del Sotillo. Pero se decantaron por Ortigosa. ¿La razón?, la mayor cantidad de granito aflorado, pero sobre todo un buen camino llano, doce kilómetros hasta Segovia, en dirección a Madrona y de ahí a la capital, en los que cargar los lanchones de cuatro toneladas que posteriormente se trabajaban a pie de obra.

Pero hay más, en Otero de Herreros, a unos 5 kilómetros del berrocal, está el complejo minero de los Almadenes y sus minas de cobre, que datan de tiempos celtíberos aunque tuvieron su mayor actividad extractiva en periodo altoimperial, coincidiendo con la construcción del Acueducto. “De los Almadenes se obtenía cobre, pero también estaño y hierro, más modernamente, wolframio (con un intensa actividad minera en tiempos de la II Guerra Mundial”, explica Portero. Todo imperio busca en un primer momento en las colonia los recursos mineros; Segovia los tenía, y bien cerca, lo que probablemente explicaría su interés estratégico. Y aún hay otra razón: donde había minas había esclavos: mano de obra para el durísimo trabajo de la cantería.

Si esto es así, debería haber trazas de un asentamiento continuado. Hay uno en el extremo sur, cerca de la denominada Peña Campanario “pero no tenemos su datación. Hay que excavar y ver qué nos encontramos”, explica Martín. Hay indicios de otros segundo edificio al otro extremo, al inicio del camino de Madrona. También allí se efectuará un sondeo. Todo lo cual gracias a los 15.000€ aportados por el ayuntamiento más una ayuda de otros 5.000 de la Junta de Castilla y León, por recomendación expresa del presidente Juan Vicente Herrera, explica el delegado, Javier López-Escobar.

En el presupuesto va también habilitar plafones explicativos de cómo era el duro oficio de la minería del granito. Una  humilde actividad que “en Ortigosa se mantuvo hasta hace unos 50 años”, recuerda el alcalde, Juan Carlos Cabrejas. En los años 50, un sillar de 40 cm3 costaba un duro. Actividad que en pleno siglo 20 no difería demasiado de la desplegada por los romanos. Básicamente, trazar a cincel una larga y recta ranura sobre la pieza de granito a trabajar. A continuación se clavaban cuñas de madera o hierro. La intemperie y la propia naturaleza del granito, de gran dureza pero quebradizo, hacía el resto. El agua de la lluvia y el CO2 se infiltra en las grietas permitiendo extraer enormes losas para posteriormente cantearlas. Luego, con grúas y las tenazas gigantes, similares a las usadas tanto para los sillares del Acueducto como para la construcción de la Catedral, se izaba la losa sobre una carreta, y a Segovia.

La tercera pata del berrocal es su enorme valor paisajístico y ecológico. Al ser terreno de pasto y de una extracción artesanal, apenas tuvo cultivos, lo que ha dejado una de las más espectaculares bolsas de botánica peculiar del piedemonte del Guadarrama. Encinas, robles, quejigares, entremezclados con musgo y liquen, peonías… En un habitat con abundante agua, espectacular en primavera.

“Con esto queremos poner en valor nuestro patrimonio histórico y paisajístico. En el pueblo tenemos once casas rurales y es un sector que da mucha vida. Queremos que se conozca, que este bien explicado y documentado”, dice el alcalde.

Fotos. Arriba, vista del camino a Madrona, en el Berrocal de Ortigosa. El delegado de la Junta, López-Escobar, departiendo con el alcalde de Ortigosa, Juan Carlos Cabrejas, y el geólogo José Manuel Portero. Así se trabajaba el granito, una mole a medio trabajar, con la ranura cincelada para la introducción de las cuñas con las que se separa de la roca madre.

Author: Redacción

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