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Local… nacional

Creo ahora más que nunca en la labor de reenfoque del periodismo local. Lo digo con honestidad, no porque forme parte de los profesionales que cada día escrutamos la realidad de nuestro deporte en busca de contenidos interesantes. Defiendo esta distancia corta en las historias, tanto en su proceso de creación como en el momento en que busco recibir información como espectador, oyente o lector.

No soporto, no sigo, no siento ningún apego por los contenidos que unos medios sí y otros también ofrecen a los receptores a modo de información diaria en los programas de ámbito nacional. Si me permiten una sugerencia: escuchen cualquier programa de radio, vean la tele local o abran un periódico segoviano… y observarán una gran variedad de protagonistas y pequeñas gestas que superan -a mi entender- la estéril y espeluznantemente vacía retahíla de chorradas (con perdón) que comentan con rutina los espacios nacionales.

Debe de ser deformación profesional mía, hartazgo por ese bombardeo diario de cuestiones anodinas, en las que dinero, representantes, intereses bastardos, desfalcos, deudas o comisiones acaparan los grandes titulares. No puedo con ello, lo siento. Como tampoco le encuentro sentido a  dedicar páginas y minutos a nimiedades del estilo del lugar en que Messi pasará sus vacaciones o si CR7 está triste porque hay media docena de jugadores que cobran más que él… lo siento, me supera. Me deprime, me parece un insulto al auténtico valor y mérito deporte.

Si quieren, entramos a evaluar la estructura de todos los programas deportivos, con un 90% de fútbol (casi todo dedicado al Madrid y el Barcelona) y silencio ante otras propuestas de indudable valor e interés, para despachar –finalmente- el resto de la actualidad polideportiva en cinco minutos.

¿Y qué me dicen de la última moda de la información deportiva? Insufrible, deprimente, lamentable… Me refiero a esas pseudo-tertulias en las que periodistas, ex jugadores, representantes, árbitros y otros actores propios o ajenos al fútbol convierten un plató de televisión o un estudio de radio en una especie de Sálvame deportivo, donde se persigue montar números circenses, vocear más que ninguno y mostrarse como un rancio tiffossi abrazando unos colores irracionalmente. Como si el título de Periodismo se convalidara con media docena de discusiones voceadas en la barra de un bar. Insisto, no puedo con ello. Para colmo, se redondea este mercado con la subtitulación de sus contenidos, vía sms del público, en los que la ofensa, la humillación, cuando no el insulto, bidirecciona la bilis.

La reflexión pausada, calmada, profunda, rigurosa y con contenidos ilustrativos en los que se apoyaba la información deportiva de antaño se ha visto devorada en los últimos años por un proceso de twitterización sin tregua, de búsqueda de un espectáculo (en el peor de las acepciones) infantil, ridículo, rancio e impostado. Llámenme antiguo, pero encuentro mucho más nutritivo, placentero y equitativo hablar de atletismo, balonmano, carreras de montaña, judo, fútbol sala, baloncesto, rugby o cualquiera de los titulares habituales de nuestro deporte local, que mantenerme en esa senda de información deshidratada y ofrecida a gritos.

Author: Opinion

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