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Ligera mejora en el hospital: Menos casos nuevos, pero aún cinco fallecidos en un día

Desciende la presión en el hospital.

Las cifras parecen confirmar un ligero descenso de la presión de la epidemia de coronavirus en Segovia, aunque no hay motivos aún para hablar de un cambio en la tendencia de la curva. Otras 5 personas han muerto en las últimas horas en el hospital de Segovia, y van 151 desde el inicio de la epidemia. También hay una disminución en los casos confirmados, 68 en las últimas 24 horas en el propio hospital. Son 17 menos que el día anterior aunque la cifra global se acerca a los dos millares, 1.913 exactamente en este momento. De ellos, 530 han superado la enfermedad y han recibido el alta médica.

Del mismo modo, los datos oficiales reflejan el mantenimiento del descenso en la presión en el centro hospitalario, donde hay 20 camas ocupadas de UCI (una menos que el día anterior) y también hay una nueva reducción de los ingresados en planta por culpa del Covid19, 150 en total.

En las residencias de Segovia de titularidad regional hay que celebrar que no se produjera en el último día ningún fallecimiento en la Residencia Asistida, donde hay 13 casos confirmados y 19 personas en aislamiento.  Si se lamenta un fallecimiento en la Mixta, donde hay 10 personas aisladas y 9 casos confirmados.

En el conjunto de las residencias de la provincia, los datos oficiales contabilizan 9 casos nuevos de contagio y dos fallecidos más en las últimas 24 horas. El global de muertes en estos centros es de 135, según la contabilidad oficial.

Author: Redacción

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3 Comments

  1. Siento de corazón los fallecidos que cara a la prensa, no está, son desconocidos ya que solo se acuerdan y prestan sus columnas a personas conocidas , la mayoría políticos . Yo me acuerdo de los más de 17.500 fallecidos que en cada caso habrá una historia de desolación . Doy el pésame a toda la gente que sufre con ello.

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    • Totalmente contigo Lord. La desgracia la están sufriendo muchos, la mayoría desconocidos pero se merecen todo nuestro respeto y admiración, así como sus familiares. En situaciones así es donde no hay que escatimar ningún esfuerzo, y también un reconocimiento total a sanitarios, bomberos, policías y guardias civiles,y otro montón más de oficios que se están dejando todo lo que tienen por nosotros. Y por Dios tómense en serio las medidas impuestas y no castiguen más a gente que no tiene culpa de la irresponsabilidad de algunos(o muchos) descerebrados. Aquí no debe contar la política si no la humanidad.

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  2. Mi padre falleció por el COVID-19. Tenía 83 años pero se encontraba fenomenal para su edad. Empezó a sentirse mal a principios de marzo con fiebre, tos, dolor muscular, desorientación y un cansancio extremo. Cada día, de mal en peor. Varios días llamando al célebre teléfono 900 222 000 hasta que contestó alguien. Varios días efectuando el seguimiento por teléfono (no diario) prescribiendo paracetamol y agua. El 22 de marzo, por fin acudió un médico al domicilio, prescribiendo la misma receta. Ante el empeoramiento general, dos días después, el 24 de marzo llamamos al 112, quienes no acuden y nos derivan al centro de salud. Llamamos al centro de salud y después de siete u ocho intentos cogen el teléfono. Acude el médico de guardia y envía a mi padre al hospital. Formalizo el ingreso en urgencias y me invitan a marcharme a casa (información telefónica diaria, no me permiten llevarle el móvil que se dejó en casa para hablar con él ni utensilios de aseo). Neumonía con COVID 19. Empeoramiento progresivo hasta que el 4 de abril fallece, sin podernos despedir de él y sin permitirnos examinar el cadáver. Entierro exprés que se produce en la misma tarde el 4 de abril, con la presencia de sólo tres familiares. Posteriormente escucho comentarios, ciertos o no, no lo sé, de que a algún paciente en estado terminal se le ha permitido la despedida de sus familiares y a otros se les ha permitido hablar por teléfono, considerando inadmisible tal desigualdad de trato, de ser cierta. Mi total solidaridad con todos los familiares y amigos de personas fallecidas. Cada días, sobre las 8:00 de la tarde suenan las sirenas y la música y se aplaude a los sanitarios y a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Desde que falleció mi padre, soy incapaz de hacerlo, no porque no merezcan el aplauso y porque su trabajo no sea encomiable, que lo es, sino porque en este homenaje falta una parte esencial (las víctimas), a las que nadie recuerda, salvo que se trate de políticos o famosos. ¡Quién iba a decir que, en pleno Siglo XXI, las víctimas de una enfermedad iban a ser equiparadas socialmente a los leprosos de los tiempos bíblicos!

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