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La Sargentada se celebra de nuevo este viernes en la Granja

La conmemoración de la Revuelta de los Sargentos, conocida como la Sargentada de la Granja vuelve a celebrarse este viernes después del parón forzado por la pandemia y la sociedad Castellarnau, organizadora del evento ha introducido como novedad la lectura de un bando basado en los valores democráticos y los derechos reflejados en la Constitución.

La intención de Castellarnau es que cada año sea “un escritor o personaje singular” el que redacte y lea el bando, estrenando esta iniciativa el escritor Alfonso Mateo Sagasta, autor del libro “Nación”. Según avanzan los organizadores, el bando pondrá voz al sargento Higinio Gómez, el actor principal de la revuelta.

La conmemoración se celebrará a las 20.00 horas del próximo viernes en la cantina de la Real Fábrica de Cristales.

Rebelión en La Granja (Por Juan Pedro Velasco)

Es de esas historias que encandilan a los cronistas y no es para menos. La Granja 1836. El cuarto regimiento de la Guardia Real ha regresado del frente del Norte tras ser vapuleado por las tropas carlistas, en tanto la columna absolutista del general Gómez recorre impunemente la península. Los soldados liberales vuelven a su acuartelamiento para encontrarse con cuatro meses de atraso en los haberes, sin noticias de los licenciamientos prometidos, en tanto la situación nacional es totalmente convulsa.

Reina en calidad de regente María Cristina, en nombre de su hija de seis años, Isabel II. La regente coincidía con su marido y tío, Fernando VII, en el absolutismo. Su apoyo a los liberales era “estratégico”, en la idea de defender el trono de su hija ante el pretendiente carlista, apoyado por los absolutistas, Carlos María Isidro de Borbón, que esgrimía la ley sálica como principal  argumento legal. En realidad, la política de la regente, llegada al trono con la promesa de restaurar la liberal constitución de 1812, no iba a favor de los liberales. Ya en 1834 aprobó decretos desvirtuando el papel del Parlamento. En mayo de 1836 destituye al progresista presidente del Gobierno,  Juan Álvarez Mendizábal. Es el detonante de un rosario de sublevaciones. Hay una revuelta en Málaga, cuyos ediles juran la Constitución de 1812. La escena se irá repitiendo a lo largo del verano en Sevilla, Badajoz, Valencia…

Lo que no quita para que llegado agosto y tal cual era costumbre, la regente dejase Madrid para trasladarse a su palacio de verano, el Real Sitio, en compañía de su marido secreto, el sargento Muñoz (luego duque de Riansares) y el grueso de la corte, embajadores, nobles, funcionarios… El 12 de agosto los ánimos están caldeados en los cuarteles de la Guardia Real. Se han impuesto multas a la soldadesca por entonar canciones liberales, la oficialidad no está, desplazada en su mayoría a la ópera de Madrid para no perderse la interpretación de una diva de formidable físico. Sería los retrasos de la paga, los aires de sublevación o el vino, encabezados por sus sargentos, los soldados salen del pajarón, su cuartel, camino del palacio y en llegando solicitan ser recibidos por María Cristina. Hay un primer encuentro, encabezado por el sargento cuellarano Higinio García junto al también Sargento Lucas y un soldado, en el que la regente les aplaca con buenas palabras. No es suficiente, los sargentos quieren más, y amenazando con matar al marido de la reina se amotinan ya abiertamente, exigiendo que María Cristina reconozca la Constitución de 1812.



Maria Cristina, rodeada de sargentos, jura la Constitcuión de 1812.

Por la madrugada, ya el 13 de agosto, María Cristina firma su reconocimiento de la Constitución y pocas horas después restituye a Juan Álvarez Mendizábal dando alas a la facción liberal. La revolución cesa. Le seguirá el “trienio moderado”, marcado por la Primera Guerra Carlista, y en 1840, el fin de la regencia de María Cristina (que parte para seis años de exilio) sustituida por Espartero. Así pues, con la sargentada concluyó el absolutismo en España. Un episodio tenso pero incruento. Es fama que solo murió, y de infarto, el embajador francés.

¿Y qué fue de los sargentos?. Pues mal, explica Valentín Quevedo. ElSargento García se convirtió en héroe nacional, falleciendo en Cuéllar en 1843. Sus compañeros de armas lo tuvieron peor. Mal vistos por la oficialidad, se cuenta que al cuarto regimiento lo vendieron en el frente del Norte. Lo enviaron a morir frente a los carlistas. La clasista sociedad de la época no estaba para sargentadas.

Author: Redacción

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