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Jesús Serrano, la mejor memoria de nuestra memoria

Artículo remitido por Marifé Santiago, escritora, concejala de Cultura de Segovia

 

Hay una constelación de navegantes de la grandeza humana en la que está tu nombre, Jesús. Y contigo, humedeciendo las raíces de la libertad que la afanosa mediocridad asfixia, dándole sabiduría a la opacidad del mundo, tu hermano Ángel, vuestras compañeras Aurora y Carmen. Mis queridos amigos “del Siglo XV”.

La despedida mira hacia atrás, dice George Steiner, y en mi memoria estáis siempre los cuatro. Escribo mirando atrás, y me empujan cerca de treinta años cargados de cariño y admiración…

Sois los anfitriones de sutilísima elegancia moral en esa Casa, en ese atelier de existencias que fuera de sus estancias parecían inalcanzables. De allí se salía con certezas y responsabilidades, con los bolsillos cívicos llenos de hilos que, como en un pase mágico, sacaban de ciertos laberintos ignominiosos. Aprender de vuestra lucidez, reírnos juntos, emocionarnos juntos derribaba existencias superficiales, farragosas, tristes, y bifurcaba los senderos del soñar, como en un relato de Borges, haciendo crecer el espacio de lo común. Alguien me dijo una vez, cuando acababa de conoceros en persona tras sospechar que erais, en realidad, un mito, que las experiencias estéticas de La Casa del Siglo XV lo eran éticas.

Me consta que cientos, miles de ciudadanos y ciudadanas se atrevieron, como en la máxima kantiana, “a saber” porque vosotros desencadenasteis conciencias en épocas de miedos soterrados, con los que se convivía hasta creerlos el único modo de estar en el mundo. Vuestra lucerna creadora, La Casa del Siglo XV, iluminaba nombres, obras, territorios desconocidos, apuestas heroicas que contagiaban esperanza porque se enfrentaban, con la generosidad de la inteligencia poética, a todo canon totalitario y excluyente. Si se señalara cuánta belleza, cuánto riesgo soberbio y extraordinario pudo darse a conocer porque Jesús y Ángel ayudaron a ello, entenderíamos muchas de las mejores memorias de la memoria de Segovia… Los hermanos Serrano, aurigas de un viaje imprescindible, que no ha dado tregua a la frustración cotidiana ni a sus huestes de estupidez disfrazada de no sé qué adjetivos evanescentes.

Quiero despedirme y no voy a hacerlo. Quiero decir que son casi las doce de la noche de un día de agosto, y que alguien a quien aprecio de todo corazón me llama para contarme que Jesús Serrano… Estoy lejos. Estos asuntos raros del vivir y las distancias… Estoy donde estará parte de tu recuerdo el sábado, donde estabas tú hace unos días. Tendré, tendremos que “ajustar los músculos y el tiempo”, como en un verso que escribí hace mucho, con tanta tristeza como escribo ahora. De lo contrario, no podremos volver a una exposición, a una conferencia en Segovia, no sabremos llegar a ARCO, van a quedarse demasiados libros sin lectura. Me olvidaré de cómo se recogen ciertas horas del atardecer si, desde ahora, tengo que mencionar a Jesús Serrano en pasado. Creo que no hay esa opción cuando los verbos dicen de la amistad y del agradecimiento. Amistad y agradecimiento: en la constelación de navegantes de la grandeza humana en la que está tu nombre.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Emocionante y certero. En la memoria.

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