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Estado de alarma: Estamos en construcción

Una cosa es que se esté en confinamiento en fin de semana, que se nota menos, y otra muy distinta en un día laborable, que es cuando uno se siente raro, por lo menos el primero. Este 16 de marzo ni siquiera todo el mundo tenía claro si tenía que ir a trabajar. Fíjese en los funcionarios y personal de las administraciones, donde la falta de atención presencial deja descolocados a varios, otros se encuentran con que no se ha tomado una sola medida de protección o separación de seguridad e incluso, compañeros in situ ofreciendo dudas sobre su estado de salud.

La preocupación, no obstante, es general. Proponerle a un trabajador que se marche a casa a pasar la alarma y que eso se trate de contabilizar como vacaciones ha ocurrido ya. Otros temen o son víctimas ya de expedientes reguladores fulminantes. Y luego están los autónomos y los pequeños empresarios, de momento, estoicos. El temor va por dentro que quizá retrasar los pagos de impuestos y tener acceso a créditos, lo que se barrunta hasta ahora, no sea suficiente.

La respuesta al coste laboral y económico de la alarma no tiene aún demasiada concreción. Quizá a alguien le tranquilice que los ministros de Economía de la UE hayan celebrado reunión y su conclusión al finalizar ha sido que “Haremos lo que sea necesario” para asumir la factura que viene. En construcción y aún sin proyecto de obra.

Por cierto, la última gran decisión del día pasa por el cierre de las fronteras a los extranjeros. Ya lo ha anunciado España y parece que toda la Unión y el espacio Schengen se sumarán hoy mismo a la medida blindando Europa.  “No afecta a las mercancías” apresuran los matices.

Un teléfono con fallos

Como sea, la urgencia del momento obliga a anteponer todo al problema principal, el sanitario. De momento, dos días de confinamiento no se notan en la famosa curva, que sigue creciendo en forma de cuesta de montaña joven por la multiplicación diaria de los contagios constatados y los fallecimientos en todo el país. Por cuatro muertes íbamos en Segovia al cierre de este texto.

En este asunto también se ve que se va aprendiendo sobre la marcha, como si los enormes esfuerzos del sistema sanitario y de sus profesionales atacando a la enfermedad del Covid19 se completaran con una mano enterrada en un bolsillo para que no se vean los dedos cruzados esperando que la suerte acompañe, que las medidas funcionen y que se corte la cadena de contagios haciendo más manejable la crisis.

De momento sigue faltando material de protección para los sanitarios y se pide a los particulares que aporten lo que tengan. “Estamos en economía de guerra” me comentaron ayer en la Junta. También va siendo un suplicio para los más pacientes tratar de usar el teléfono 900 que la Junta pide que se use en vez de acudir a los centros de salud si uno tiene síntomas.

A las ocho en la ventana

¿Y qué hace la gente? Pues en general, el común de los segovianos mantiene resignado el confinamiento, devora noticias y horas de chat, whatsapp y otras redes sociales, acude puntual a las citas en los balcones para aplaudir a los colectivos que se nos antojan los héroes del momento y tratan de hacerse a su “nueva vida” encerrados por sus propias paredes en las que aún se están creando las nuevas rutinas.

Ojo, que no todo el mundo parece asumir la rigidez del confinamiento o piensan que no va con ellos. Las policías —de momento no hay militares, ni siquiera de la UME en las calles de Segovia— han aumentado la presión sobre las personas que han decidido salir a la calle sin poder acreditar ninguna de las justificaciones posibles, básicamente, ir o volver del trabajo, hacer la compra o pasear al perro. Lo de los polis, en general, ha sido este lunes más de regañina conciliadora e incluso sermoncillo concienciador —depende de con quien des— que de tirar de la carpeta de sanciones, que parece ser la directriz en un intento de evitar focos innecesarios de tensiones. Quedan muchos días y ya irán saliendo solas.

Claro, que si un adolescente de botellón dominical en la Albuera se pone farruco y responde a los requerimientos de los policías escupiendo al guardia se gana directamente la visita al juez y probablemente un susto cuando acabe la cuarentena.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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