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Cartelera Segovia: Corazones de Acero

shermandestacadaSe dice que las batallas más peligrosas de toda guerra son la primera y la última, cuando la desesperación y el caos convierten en incontrolable cualquier situación. Curiosamente, en el cine, la última batalla se ha tocado poco. Con Corazones de Acero, David Ayer, nos introduce en la salvajada bestial del final de la guerra, y lo hace doblemente, al recluirnos en las claustrofóbicas tripas de un M4 Sherman y en los estetores del nazismo.

Así, por un lado, asistimos al colapso de la Alemania nazi en toda su crudeza. Las bajas civiles, doblemente masacradas por las tropas “libertadoras” y los irreductibles nazis, dispuestos a las vilezas más inhumanas. Reclutamiento de niños y ciudades devastadas por bombardeos de castigo, ahorcamiento de desertores y redención por el fuego: caña a todo lo que se mueve y rematar al caído, no se vaya a levantar.

Por otro, Corazones de Acero nos introduce sin concesiones en el pellejo de los cinco desdichados tripulantes del tanque Furia, absolutamente deshumanizados después de tres años de guerra total a lomos de su trituradora de carne y liderados por un brigada más quemado que el planeta Mercurio, Brad Pitt, impecable una vez más, aunque un pelín acartonado.

La acción se desarrolla en enero de 1945, a tres meses de la caída de Berlín, en la ofensiva sobre Renania del Ejército de Patton, con los alemanes ya completamente derrotados replegándose hacia la Línea Sigfrido, mientras mantienen focos de resistencia para demorar el avance aliado.

En esta tesitura, los soldados del Furia, los más veteranos de la unidad y vivos de milagro tras sobrevivir en África y Sicilia, se las ven con los contragolpes desesperados de las últimas fuerzas alemanas. Su trabajo es masacrar y se emplean a conciencia.

La acción se detiene en un pequeño pueblo alemán capturado en más o menos buen estado y que se rinde a la columna americana. Tampoco la película nos ahorra la miseria de la derrota, con la toma de represalias por parte de los americanos y un mal rollo sexual con las alemanas, que se atenúa, en parte, con el frustrado romance del preceptivo “novato” y la pobre joven alemana. De esta parte, eme gusta la tremenda tensión que se establece entre Brad Pitt y Anamaria Marinca, notable duelo interpetativo entre un hombre y una mujer agotados por la guerra y que ejercen de inesperados padrinos del romance de dos pipiolos inexpertos. Esta es la única concesión de la película, y acaba mal, como es de prever.

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A partir de aquí el tanque se lanza a su última y suicida misión. Tras quedar como única unidad tras un memorable duelo con un Tiger, el Furia queda averiado frente a una compañía de la SS, en lo que calca a la otra gran película de tanques que recuerdo (La Bestia de la Guerra, de Kevin Reynolds). En lugar de huir por patas, a los americanos les entra la heróica y deciden “darlo todo”, una manera de huir definitivamente del infierno, con sangrientos resultados.

Bestial película que tiene a su favor la intepretación de los actores, la escenografía, y una clara vocación por la veracidad, tanto para lo bueno (es toda una lección de historia militar) y para lo malo, el naturalismo gore y el desfile de fragmentos corporales confundiéndose con el barro.

Como negativo, tal vez el alarde final, que a tenor del verismo que respira el resto de la cinta peca de exagerado. Dignísima película bélica, eso sí, no recomendable para rehacios a la casquería.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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