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Carta de un segoviano a un catalán

Unionistes

Declarar la independencia de un territorio es, básicamente, conferir a los habitantes de dicho territorio el derecho exclusivo a determinar quién es ciudadano de ese territorio y sobre todo quién no lo es.

Yo no puedo aceptar eso. No puedo aceptar que tú recortes mis derechos y me digas, mira, hasta hoy  tu podías ser un ciudadano de pleno derecho en Cataluña; a partir de mañana, seré yo quién diga si lo eres o qué.

¿Por qué? ¿Acaso los alemanes no tienen ese derecho en Alemania, los ingleses en Inglaterra y los rusos en Rusia?

Sé que no es una pregunta sencilla.

La cuestión es que por un proceso histórico, cultural, económico y también  bélico, diferentes territorios peninsulares pusieron en común sus derechos y deberes cívicos -la soberanía-. Pusimos tantas cosas en común, hicimos un cesto tan gordo, que ahora tú no puedes atribuirte el derecho de decir qué huevos son para ti y qué huevos son para mí. Eso es algo que deberemos someter al escrutinio de TODOS.

¿Qué cosas pusimos en común? Pues pusimos en común un comercio conjunto, un mercado laboral, un sistema de gestión de los recursos… Pusimos en común las leyes, las pensiones, la logística, la educación… Y todo debe ser organizado en base a un concepto: “Bien Común”.

Para llevar electricidad a la zona industrial de Barcelona, hubo que cegar ríos en Aragón. Bien lo sabes. Si no gestionamos eso desde una perspectiva de “bien común”… ¿Qué crees qué pasará? Con harto sacrificio generamos un sistema de pensiones. Nuestras cotizaciones financian las pensiones de nuestros padres y madres. ¿Cómo repartimos eso? ¿De acuerdo a los intereses de Cataluña? ¿A los intereses de Castilla?

Coincidirás en qué deberá votarse entre todos los afectados. Coincidirás en que deberemos aceptar lo que surja de la decisión mayoritaria respetando escrupulosamente los derechos adquiridos. A poco sensato que seas, comprenderás además que, votemos lo que votemos, muchas, muchas cosas deberán seguir acordándose por consenso. Porque los ríos, como la cultura, como la economía, no dejan de fluir. Necesitamos una ley común. Y necesitamos que todas las partes afectadas participen en esa ley común. Necesitamos España. Porque eso es España (y no la selección nacional, Madrid, el Rey o la M40, de la misma manera que Cataluña no es el Barça, la senyera o La Caixa): una Ley común.

A diferencia de Rajoy, yo no tengo ningún inconveniente en que en las próximas elecciones los electores catalanes dispongan de una urna aparte en la que votar si quieren o no quieren la independencia (que dicho de paso, sería la solución constitucionalmente perfecta). Lo que niego es que esa consulta tenga un carácter vinculante para nadie; que sirva para que los partidos catalanes se posicionen (de una maldita vez) al respecto, vale. Pero en absoluto estoy dispuesto a aceptar lo que me  digan quienes unilateralmente y saltándose mis derechos, tengan a bien imponerme. Niego también que esa consulta sirva de excusa para saltarse a la torera lo que bien claramente establecen las leyes: que la vinculación entre Cataluña y España se articula desde los respectivos parlamentos con obligación taxativa de respetar una mayoría de 2/3 (mayoría que, dicho de paso también, en Cataluña no existe pero sí en Madrid).

Es muy fácil hacer demagogia. Decir que Teruel está maltratado. Que Huesca fue arrasada por los intereses catalanes. Que Andalucía expolia a los catalanes, o que el sistema radial de carreteras es un quebranto para los intereses de este o aquél.  Que si Wert os obliga a aprender español y que si en Vic a tal señor lo multaron por rotular en castellano. No quiero victimismo. Todo en la vida es mejorable. Todo debe ser mejorado.

Tenemos una ley en común. Ley que es hija de una historia  y refrendada cada cuatro años por los ciudadanos.

Tú ahora quieres una ley para ti solo. Eso, hermano, es trampa.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Equilicuatro señor Blesa ¡Feliz Año Nuevo a todos! (catalanes incluidos por supuesto)

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  2. el sentido común el menos común de los sentidos! sencillo y directo. No hay más! cuando algo , debe justificarse en demasía, es que falla por la base.

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