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Cambio climático y verborrea

Vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto. Y lo que empezó siendo algo así como el libro de urbanidad del buen progresista amenaza con volverse una pesadilla jurídico administrativa. Si berreas salvajadas en el fútbol, paquete. Si tus comentarios en Facebook agreden ideológicamente a la gente, puro. Ciertamente, se hace difícil explicar porqué las manifestaciones racistas, sexistas, homofóbicas, exaltatorias del odio y la violencia, no deben llevarse al código penal, a la Sharia. O sí. O según y cómo. ¿Debemos restaurar los delitos de blasfemia para los nuevos tabúes sociales? Yo, en general, soy partidario de no atribuir a los jueces capacidades de las que carecen. No se educa a un país desde los tribunales. Más bien se le educa desenchufando aparatos y abriendo libros. O sea, que lo tenemos fatal.

Sirvan estas líneas de prefacio pues hoy me propongo entrar de lleno en lo políticamente incorrecto; denunciar la verborrea que apareja el cambio climático. Como saben, ayer, las buenas conciencias apagaron las lucecitas de tal hora a tal otra en bonito gesto de empatización planetaria. El mundo se calienta, sí.

Está por ver quién calienta el mundo. Al respecto, la comunidad científica se divide en calentólogos (que es la corriente dominante si enfocamos el clima desde el punto de vista biológico) y negacionistas, que es la posición mayoritaria entre los físicos. Primera salvedad, los negacionistas no niegan que el mundo se caliente, matizan lo que se llama el calentamiento antrópico, o la mano del hombre en los cambios de temperatura. Debe saberse que el clima evoluciona. Existen factores naturales explicativos de los cambios térmicos aún a escalas más bestias que las actuales. Segunda salvedad, los calentólogos también lo saben y lo tienen en consideración (al menos los serios, otra cosa es el tonto aquel que vaticinaba que Sevilla estará bajo el agua en 2040).

Nadie niega, en cambio, que la mano del hombre distorsiona, y para mal, la salud del planeta en general. Probablemente, de todos los impactos ambientales negativos el peor sea la agricultura. La urbanización genera, además, burbujas de calor al entorno de las ciudades y rompe los microclimas. La contaminación y sobreexplotación de los aguas incide en cuadros de desertización, acidulización, nitrificación…

Pero enfocar estos problema por la vertiente climática es engañar al personal. De hecho que la temperatura suba globalmente es menos malo que baje, aunque todo depende de la velocidad del cambio, claro. Y ya es engañar del todo al personal venderles la moto de que apagando bombillitas contrarrestaremos el cambio climático. En esto sí que calentólogos y negacionistas suelen coincidir, no hay vuelta atrás. No tenemos la capacidad técnica de evitar que los polos se derritan.

Dicho más claramente, el calentamiento global es una gilipollez de problema si lo comparamos con el problema real del contexto: la sostenibilidad de una economía basada en el crecimiento. Y este sí que es un problema real.

Frente a este dilema, que es realmente el punctum doliens, el techo de nuestra civilización, hay dos corrientes. La primera preconiza impulsar un cambio de sistema de arriba a abajo. En otras palabras, una intervención política rotunda sobre el sistema capitalista (y por ende, sobre el entramado político). Si seguimos por este camino, dicen los de esta corriente, nos espera el colapso, así que hay que obligar a la gente a cambiar de dirección.

En el otro extremo, los optimistas pensamos que los cambios reales se dan esencialmente de abajo a arriba, siendo más bien ineficaz la vía política para las grandes transformaciones sociales. Llegaremos a la sostenibilidad por la vía de la eficiencia. Gestionando el decrecimiento desde el mercado y la tecnología.

Más ceñido a la realidad, lo normal es pensar que en el futuro nos aguarda de todo un poco. Eficiencia y estatalismo. Lo normal es pensar es que una y otra corriente deben interactuar para prevenir los unos los excesos de los otros. Y que el futuro no será igual para todos, que aquellas sociedades que mejor piloten este cambio progresarán, y las que no, pues no. Las que no, actuarán como un obstáculo de las que sí; las que sí, ofreceran a las que no un modelo de escape. Está en nuestras manos.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. La Naturaleza, con mayúsculas, es tan sabia, que cuando nos tenga de deglutir y excrementar, lo hará y punto pelota. Lo mejor, amigo Besa: que nos coja con un libro abierto. Ahí la dao usted, ese es el quid de la cuestión. Más cultura menos ‘belenes’ y mitines: ¡¡¡apaga la luz andreita!!!

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