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Abonados al Ángel de la guarda

¿Puede alguien “abonarse” al servicio de un ángel de la guardia? Puede que sí, si al ángel se le humaniza y uno se queda sólo con el guardia. Es el caso de un matrimonio segoviano cuyos miembros, siempre en abril y con dos años de diferencia, salvaran sus vidas gracias a sendas intervenciones policiales de urgencia que evitaron la tragedia.

 

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No han mencionado ninguna luz blanca, ni voces que les llamaran de nuevo a la vida, pero lo cierto es que José Ángel San Antolín y su esposa, María Rosario García, ambos con edades en torno a los 60, saben que, con dos años casi exactos de diferencia, se han acercado peligrosamente al otro lado, aunque los dos salvaron sus respectivas situaciones con el auxilio imprescindible de miembros de la policía local de Segovia.

Rosario García compartía la tarde de merienda del 25 de abril de 2014 con un grupo de personas en un salón de te de la calle de José Zorrilla, aunque la bollería que degustaba, concretamente una media noche, le jugó una mala pasada yéndose por mal sitio y obstruyendo sus vías respiratorias hasta hacerla tornar el color de la piel a un alarmante morado previo a su desmayo por falta de aire.

“Después no recuerdo más. Cuando me desperté estaba allí la policía que luego supe que me había salvado la vida”, cuenta con cierta naturalidad para explicar que le contaron que uno de los agentes había practicado la maniobra de Heimlich —esa en la que comprime el abdomen cogiendo desde atrás al afectado para lograr deshacer un atragantamiento severo— para tornar el desastre en un simple susto. Para celebrar su suerte toda la vida.

Pero hay más. Casi dos años exactos después, el pasado 19 de abril, José Ángel San Antolín conducía su coche por la calle del Jardín Botánico cuando sufrió un paro cardiaco —“una muerte súbita”, matiza su esposa— acudiendo al lugar, de nuevo, varios policías locales, entre ellos, uno de los que ya había estado en el dispositivo que atendido a Rosario dos años antes.

De nuevo, una reacción rápida. El desfibrilador que llevaban en el coche requería un tiempo de carga, no demasiado, pero ante la urgencia de la situación se antojaba demasiado largo, así que los policías se dedicaron a aplicar técnicas de reanimación mediante el masaje en el pecho mientras ya se oía ulular la sirena de la ambulancia, esta sí, con el desfibrilador listo y cargado para su uso. El calambrazo suministrado por la máquina fue suficiente para que el corazón del hombre volviera a ponerse en marcha por sí mismo hasta su llegada al hospital, donde fue estabilizado, aunque quizá sin el masaje del de azul…

José Antonio se recupera en estos momentos en su domicilio tras pasar por el hospital de Valladolid donde, metidos en faena, los médicos le han implantado cuatro stent que han reabierto el flujo normal de sangre en las arterias de su corazón, mientras Rosario barrunta el texto de la carta que quiere escribir para agradecer públicamente y ante las autoridades municipales las intervenciones de los policías, cuyas identidades se mantienen en la incógnita y a los que, con toda razón, considera sus ángeles de la guardia particulares.

¿Y el próximo abril de un año par? pregunta malicioso el periodista. “Pues que el mes pase pronto o que los policías estén cerca”, bromea la mujer.

Author: Redacción

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