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Hipólito Prieto, el “otro” pastor de Nueva Segovia

Nunca una palabra de más, “sobrio, sabio, discreto y prudente”. Así caracterizaba César Franco, obispo de Segovia, al que durante 27 años fuera párroco de Nueva Segovia, fallecido hace un año, Hipólito Prieto García. Una calle, una travesía, detrás de su querida parroquia de La Resurrección de Nueva Segovia, le recuerda desde el 18 de enero.

Raro será el vecino de Nueva Segovia que no haya recibido la comunión o las nupcias de manos de don Hipólito. Al que no bautizó, enterró. Un cura omnipresente durante décadas y un gran párroco, entregado hasta el final al sacerdocio. ¿Pero qué hizo don Hipólito, después de todo un mero cura de los de a pie, para merecer una calle?

Hipólito Prieto.

Por si no fuera poca cosa con ganarse el cariño y afecto de la gente, quizá el homenaje -auspiciado por la unanimidad del pleno de Segovia (que tampoco es moco de pavo)- cobra pleno sentido pensando en Hipólito Prieto como un verdadero puntal de un barrio surgido de la nada en los 80. Por no tener, no tenía ni iglesia, con un bajo comercial habilitado a modo de parroquia. Allí llegó Hipólito Rincón en 1987, ordenado sacerdote 20 años antes. ¿Cuántas judionadas, cuántas idas y venidas a Urbanismo, para levantar tocho a tocho una iglesia finalmente digna? Desde la más santa modestia, y como recordaba la alcaldesa Clara Luquero, y a golpe de servicio a los vecinos, independientemente de credo o afiliación, Hipólito construyó identidad, comunidad, ganándose así el respeto del barrio. Inteligente -por más que lo disimulara- e implicado, y en palabras de la alcaldesa, Hipólito fue “la primera figura relevante del barrio“. Desde la parroquia se articuló un movimiento social de mejora, un sentido de barrio, un sentimiento de comunidad de un espacio, que por joven carecía de historia.

Nacido en Hontoria en 1943, se licenció en psicología doctorándose en la especialidad. Ordenado sacerdote en 1967. Muy influido por la figura de Antonio Palenzuela, Hipólito encontró su lugar en el mundo en dirigir la vida parroquial, en hacerlo con efectividad y sin alharacas. Como dijo César Franco, “sacerdote de los pies a la coronilla”. En 2014 se le impuso el cambio de parroquia, al Carmen. Fue un duro golpe alejarle de la comunidad a la que había servido durante 27 años pero que Prieto, como siempre, aceptó con humildad y espíritu de sacrificio. En su nueva parroquia supo ganarse la devoción de los feligreses. Enfermo de cáncer, se le recuerda hasta pocas horas antes de su fallecimiento en enero de 2019, al pie del altar, cumpliendo con su papel bastante más allá del deber. Sin duda, una gran persona. Sobre 200 vecinos, incluyendo buena parte del pleno de la corporación, dos hermanos y sobrinos se congregaron en el primer aniversario de su muerte para un más que merecido homenaje. “Hoy es un día gris y nublado pero hay un enorme sol brillando, el sol da la bondad“, dijo el obispo.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Lo poco que le trate me da idea de su grandeza, su humildad y vocación de servicio hacia los demás. Un ser humano excepcional. Descanse en Paz.

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