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1714, Memoria gráfica de una estafa

Los hechos son los siguientes, con motivo de la conmemoración del Tricentenario de la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión (1714), la Generalitat de Catalunya se ha gastado seis millones de euros en exposiciones, conciertos y eventos de todo pelaje, al frente de los cuales ha puesto a un locutor de radio (Miquel Calçada). Para dar una idea, ahora mismo, y a falta de varios meses para la efemeride, están en cartel doce exposiciones sobre el dichoso 1714. A esto se le llama toda la carne en el asador.

Entre los mil chiringuitos que están en el asunto no podía faltar el Centre Cultural Blanquerna de Madrid, famoso porque con ocasión de la celebración de la Diada el pasado año fue tomado por un grupo de descerebrados españolistas, que con la rojigualda en ristre agredieron a los asistentes. El Blanquerna, como no podía ser de otro modo, ha querido que los madrileños conozcan también esta parte de la historia, montando su oportuna exposición intitulada “1714, Memoria Gráfica de una Guerra” (en castellano, detallazo), y editado un libro que cuesta 980€. Sí, 980€ (en catalán, después de todo, el único que les compra ejemplares es la consellería de Cultura).  El libro y la muestra recogen planos del sitio supuestamente coetáneos, grabados, ilustraciones. Es obra de Jaume Sobrequès, uno de los más reputados historiadores del nacionalismo catalán, político además de dilatada trayectoria que pasó del PSUC al PSC y del PSC a Convergència, la doctora en Historia por la Autónoma de Barcelona Mercè Morales, el historiador e investigador Adriá Cases, entre otros.

Y aquí viene el escándalo, que ya en su día denunciamos en Facebook y que finalmente ha recogido ABC. Como imagen de la exposición se ha utilizado un grabado de obra del francés Pierre-Alexandre Aveline, de fecha desconocida, y que ilustra el ataque al puerto de Barcelona por una armada. En concreto, el grabado al que nos referimos es este:

Según se indica en la Wikipedia, esta versión procede del historiador catalán  Josep L. Roig: Historia de Barcelona, Ed. Primera Plana S.A., Barcelona (1995). No obstante, para la exposición, supuestamente tutelada por todo  un señor equipo de historiadores que ni se molesta en mirar la Wikipedia se ha usado esta otra versión.

CuandomanipuladoGeneralitat

¿Notan la sutil diferencia? En el cuadro original las banderas de la flota atacante eran holandesas. En el cuadro escogido por la Generalitat las banderas son españolas. En efecto, el grabado usado por la Generalitat para anunciar la exposición es una burda falsificación, una manipulación. Entre otras cosas, porque ninguna flota española bombardeó el puerto de Barcelona en 1714, fue una flota holandesa al servicio de la causa austriacista en 1704. Entre otras cosas, porque la bandera española no se izó hasta 1785.

¿Y cómo puede ser que tres historiadores del suficiente prestigio -en el caso de Sobrequès, muuuuucho prestigio en Cataluña- no se enteren?

La explicación más sencilla es que sí se enteraron, pero prefirieron dar a la gente una imagen coherente con la idea de 1714 que están vendiendo, es decir una guerra contra Cataluña por parte del resto de España, para lo cual recurrieron al Photoshop y se pusieron a pintar rojigualadas donde va la tricolor. ¿Qué se consigue con eso? Pues que los catalanes que lo ven piensen que sí, que son hijos de un pueblo reiteradamente machacado por los españoles.

Más rocambolesco es pensar que el cuadro les llegó ya falsificado. Que alguien lo falsificó antes, pero que ellos prefirieron ocultar su origen bastardo… Pero entonces la pregunta vuelve a la explicación anterior. ¿Por qué ocultar que las banderitas rojigualdas en la realidad eran banderas holandesas? ¿Por qué dar por veraz el grabado? ¿Por qué no advertir que se trata de una falacia?

Ni uno ni otro. Lo triste del caso es que estos tres señores son tres estómagos agradecidos a la ideología que les da de comer, el nacionalismo catalán. Repasen los currículos de los mentados y que me digan si no es cierto que comen de instancias afines al gobierno catalán. Que como todo estómago agradecido de lo que hablan no tienen ni la menor idea, se limitan a repetir como papagayos cuatro tópicos asumidos como un mantra por una sociedad, la catalana, idiotizada con años y más años de discurso anti-español. Y como no tienen ni idea, ni faba que diríamos en mi tierra, como no tienen ni el menor respeto por la historia, ni un atisbo de vergüenza, pues como les falta todo eso, ni se molestaron en preguntarse qué  pinta una bandera inventada en 1785 en un cuadro de 1714; la dieron por buena, y a otra cosa, que seis millones de euros, con un analfabeto como el señor Miquel Calzada de gestor de los mismos, son un suculento filón para un doctor en historia sin mayores manías en lo que toca al Photoshop.

¿Qué está pasando en Catalunya? ¿Por qué gente normal puede llegar a pensar que es bueno y conveniente para ellos poner una frontera en Fraga, automutilar sus derechos cívicos en España y Europa -cercenando los de los demás de paso-, autojoder el mercado interno (con el consiguiente jodimiento de rebote para todos nosotros, y encima, sin que podamos decir ni pío, fiados a lo que ellos tengan a bien votar y decidir)?

Pues miren, mi idea es que hay una élite en Cataluña, miles y miles de Sobrequeses y Mercès Morales, que ganan sus buenos duros ejerciendo de propagandistas de un poder político que precisa mantener abducido al pueblo catalán con la idea de que ellos, los catalanes, son distintos a nosotros los castellanos, a los aragoneses, a los valencianos… Hay un poder político cuya supervivencia pasa porque millones de ciudadanos les voten como defensores de una forma de ser en el mundo. Y este poder político esta siendo, ahora, superado, trascendido, por sus propios hijos, por sus propios Oriols, Arturs y Jordis, que utilizan esas mismas armas para abrirse camino en la toma del poder. ¿Que hay que romper con Europa?, se rompe; ¿hay que pintar de amarillo lo que antes era blanco?,  se pinta. ¿Que el hermano que vive en Castilla será desde mañana un extranjero?, que se joda. El poder termina y acaba en la conservación del poder.

¿Y saben qué ocurre con la ideología de los Sobrequeses y Moraleses del mundo mundial cuando les peligra la cartera, cuando su cómodo y confortable estatus peligra? Qué Muta. La ideología muta, se adapta suave y confortablemente a los nuevos tiempos, en idéntica proporción a la suave y confortable acumulación de saldos en sus cuentas corrientes. Y al final, lo que ayer era una camisa azul hoy es una camisa de franjas rojas y amarillas con una estrella encima. Colores, detalles, insignificancias… Ni si quiera vale la pena detenerse en prestar atención. Y no pasa nada.

 

 

Author: Redacción

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