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Una ascensión a la Peña del Oso, en la Mujer Muerta, 1885

Mujer Muerta y Peña del Oso.

Mujer Muerta y Peña del Oso.

Conversando sobre la Mujer Muerta con Mariano Muñoz, el montañero más andinista que tenemos por estos lares, siempre decía que la ‘Peña del Oso’ era la ‘oreja’. No le falta razón. Escritos antiguos así lo atestiguan, aunque planos y mapas oficiales coloquen el topónimo en la panza.

Documentos XIX-XX.

Siempre que he podido y puedo, rebusco en archivos, libros y documentos antiguos que me aporten vivencias para trasladarme a las escapadas serranas de montañeros, estudiosos o simples viajeros, con el afán de revivir sus pasos. Una historia de finales del siglo XIX, nos ayudará a refrendar las palabras del amigo Mariano.

Para centrarnos diremos que el mapa de Segovia, de 1849, trazado por el Tcol. Capitán de Ingenieros Francisco Coello, auxiliado por Pascual Madoz, autor de las notas estadísticas e históricas, indica Peña el Oso y Picos del Pasapán para toda la zona que tratamos.

No indica Mujer Muerta. Por su parte los mapas geográficos del IGN –Cercedilla 0508-, de los años 1923-1937-1945, denominan a la zona ‘La Mujer Muerta’;  señalan además ‘La Pinareja’ y ‘Oso’, para ‘cabeza’ y ‘panza’. La edición de 2002, además de las anteriores incluye ‘Peña del Oso’ en la ‘panza’.

Mapa Coello-Madoz.

Mapa Coello-Madoz.

Nos serviremos del relato titulado ‘La Peña del Oso’, para desenmarañar el topónimo. Está firmado por ‘Silvio’, apodo de Silverio de Ochoa, escritor que colaboraba en varias redacciones segovianas; fue director durante un corto periodo de ‘El Adelantado’, periódico que vio la luz en enero de 1880. Seguiremos la narración e incluiremos el texto completo, salvando algunos párrafos por no alargar la entrada.

El nombre de ‘Peña del Oso’ para Silvio está poco justificado:

[…] pues ni su forma es la de aquel animal ni mucho menos. Aunque a reglón seguido indica que sin embargo: un origen tendrá de seguro; tal vez por allí habitase alguno en tiempos remotos. La cuestión es que es una peña célebre por todos estos contornos.

En la comarca de La Losa, siempre asocian la ‘oreja’ con el gran peñasco, aunque muchos de nosotros lo relacionamos con la ‘panza’. Lugar donde está colocada la figura de un oso y donde los mapas indican.

A continuación Silvio habla de la peña y su relación con la sierra y el contorno cercano a ella:

El oso de la Mujer Muerta, en la “panza”.

Su gran masa de piedra parece un lugar salido en el hombro de la mujer muerta, cuya figura creen muchos ver en la sierra cercana

Si las piedras tuviesen sus historias de amores y de odios, tal vez encontrásemos alguna relación entre la Peña del Oso y esa mujer petrificada y gigantesca. ¿Quién sabe? Tal vez nuestro globo, allá en sus mocedades, formó intencionadamente símbolos, que más tarde serían verdades entre la raza humana.

Porque, ni lo dudéis; este peñasco monumental está haciendo el oso desde tiempo inmemorial á la figura de la mujer muerta, siendo su aspiración mas viva, á lo que se ve, subírsele á la nariz.

Pero jamás lo ha conseguido, es claro, ni lo conseguirá. La nieve se interpone siempre entre los dos, y además, ¿qué dirían, si llegase á suceder, Siete picos, Montón de Trigo, Peña Lara y tantos otros cerros que por allí moran, siempre con deseos de murmurar y hacer mal, aunque sea á costa suya? Porque los tales cerros tienen peor intención que un toro.

En invierno hacen acopio de nieves, hielos, aguas, nubes, etc., que mandan por acá cuando están de mal humor, que es un día sí y otro no; y en verano, llaman á los nublados, que no andan lejos, ó sencillamente los forman, para recrearse viendo fuegos artificiales y hacer oír sus carcajadas, que retumban en unión de los truenos, por sus enormes cavidades y sus hondos valles.

Tras divagar sobre el peñasco y las incidencias climatológicas que la montaña tiene sobre nuestra vida, se adentra en el relato de su aventura.  Según nos cuenta fue toda una epopeya. Tuvo el capricho de conocer el lugar:

[…] á instancias de un querido amigo mío, el cual no conocía los engaños de los terrenos de sierra, que parece que se están tocando y luego se pasan mil trabajos para llegar á ellos.

Esto me suena y seguro que a muchos de los lectores.

Canchales del macizo de la ‘Mujer Muerta’.

Salen temprano, a buen paso, armados con escopetas por si encontraban alguna caza. Como no puede ser de otra manera con almuerzo en el morral. Les acompañaba un joven pastor:

[…] acostumbrado á andar por aquellas breñas, vestido con sus zajones y sus albarcas de piel de cabra. Al principio todo iba bien, incluso el perro que les acompañaba levantó alguna caza. Hablaban, no hacían caso de tollas, en las que incluso se mojaban los pies. Sin encontrar dificultad incluso bromeaban. Mi amigo me daba broma ¿Ve Vd.? me decía, aseguraban que esta subida era tan mala y ya me dirá Vd. Convenciendo de que no es así. ¡Bah! Con un poco de trabajo llegaremos á la peña, ¿verdad?

El pastor nos miraba y se sonreía, enseñando sus blancos dientes. Yo me contentaba con menear la cabeza, contemplando la cima del cerro, que, á pesar de lo que andábamos, se hallaba siempre muy lejos.

Pronto comienzan  a sudar y la fatiga se va notando. Se sientan, fuman un cigarrillo y siguen cada vez más despacio. A los doscientos metros el amigo se sienta, se limpia el sudor y ‘de aquí no paso’. Almuerzan y Silvio por cuestión de honra, como indica, se despide de su amigo y continúa.

Quien conozca el terreno, sabe lo que se le viene encima. Tengamos en cuenta que según el relato, la ascensión la realiza ‘en picado’ hacia la ‘oreja’:

Mientras pisé tierra, menos mal, aunque fatigado y sufriendo los ardores del sol, que aquel día calentaba de veras; pero cuando aquella desapareció, dando lugar á peñascos de todas formas y tamaños, por entre los que había que saltar con grave exposición de romperse la cabeza, la subida ya no fue subida, fue una lucha con aquellas moles pardas que se sucedían sin interrupción. Mi guía, en cambio, saltaba como un corzo, sin que en sus facciones se pintara el menor cansancio.

Tuve que hacer alto una porción de veces. Todo se me volvía beber agua, que venía de la nieve, sumamente fresca, por sinnúmero de regatos, que corrían susurrando por entre las rocas para perderse en los valles, formando arroyos, que luego se perdían en lontananza.

Tras resbalar, tropezar y dar mil tumbos, llega al punto de destino. Su alegato final, se nos hará familiar. Cuántas veces al llegar a la cumbre nos habremos sentido como él:

Panorama desde la cumbre.

[…] limpié los gemelos y me puse á contemplar el vasto y delicioso panorama que se presentaba á mi vista. ¿A qué negarlo? Dí por bien empleado todos los trabajos pasados y los que preveía me estaban reservados para la bajada, delante de aquel hermoso paisaje. Los pueblos parecían casas de muñecas, y Segovia una decoración lejana con torres y murallas. La campiña toda verde, y el cielo sereno y muy azul. Algunos vapores que vagaban por los picachos de la sierra, como dulces ilusiones que se van poco á poco; el ambiente purísimo y perfumado, con cierto olor agreste, y, por decirlo así, salvaje, y yo hecho una lástima, tirado sobre un peñasco, rendido y jadeante.

No os aconsejo, lectores, que subáis á la Peña del Oso. Si antes no os hacéis una tortilla, de todos modos habréis hecho el idem á las mil maravillas. Y perdonad la franqueza.

Curiosa, aunque discutible, la franqueza de Silvio. Opinión compartida por José Rodao que pocos años más tarde realiza una “expedición a la Mujer Muerta”, en esa ocasión a la cima (Relato en el que nos recrearemos otro día).

Como aperitivo diré que Rodao parte de Segovia en el tren de las 5 de la mañana hacia La Losa, va acompañado por Félix Gila y Fernando González Bravo, su destino la ‘Mujer Muerta’, cuya cabeza está por encima de la ‘Peña del Oso’.

Termina la narración de su aventura de la siguiente guisa:

Yo aconsejo á los lectores que vayan á La mujer muerta y si quieren que alguno, conocedor de aquel terreno les acompañe avisen á Gila ó al Señor González, pero lo que es á mi ¡un demonio!

Personalmente aconsejo que se suba preparado y bien aconsejado. A poder ser, si no se conoce el terreno, acompañados por algún montañero experimentado, de seguro no hacen el oso.

(Nuestra leyenda de la Mujer Muerta)

Autor: Juan Pedro Velasco Sayago

Blog de montañismo y excursionismo sobre el Guadarrama, a cargo de Juan Pedro Velasco Sayago. (Coordina el Blog 'Retrosegovia', publicando temas relacionados con la tarjeta postal ilustrada de Segovia).

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5 Comentarios

  1. Creo que como mucha gente aquí se confunden el Pico del Oso (panza de la Mujer Muerta) con la Peña del Oso, peña situada bajo la “cabeza” de la Mujer Muerta (La Pinareja. No es necesario conversar con ningún experto montañero, cualquier lugareño lo conoce.

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    • Aaí es Jorge.Lo del experto montañero, que lo es, es una simple forma de comenzar la entrada. Aún recuerdo bien, siendo tierno infante, cuando familias enteras tomaban, la mía incluida, el tren a Ortigosa desde Segovia, con tarteras gaseosas de colores y sandía incluida y por el camino del Molino Viejo, pasabamos el día en la poza del río Milanillos, aguas arriba, cerca de una fuente (aún no estaba la embotelladora). Atracones de moras y alguna ‘escalada’ a la famosa peña de los más osados. Por supuesto Peña del Oso.
      Creo que en esta entrada y en la primera foto queda claro. Otra cosa es que a lo largo de la historia y en distintos documentos no lo esté tanto, así trato brevemente de explicarlo. Hemos de tener en cuenta que el famoso ‘Oso’ Helios y el ‘osito’ acompañante estén colocados en la panza. Cosa bastante lógica pues se pueden ver, a la Peña ‘oreja’ pocos se aventuran.
      Saludos. JP

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  2. Muy buena entrada.
    En La Losa al Pico del Oso sólo se le conoce como La Barriga, los que conocen el nombre del Pico de Oso es por haberlo visto en mapas. Siempre pensé que la confusión entre el Pico del Oso y Peña el Oso se debería a una mala adscripción del topógrafo de turno. Pero vamos, si preguntas a un paisano por Peña el oso, te mandará a la “oreja”.

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  3. Gonzalo, ante todo muchas gracias por leer estas entradas, es lo que nos mantiene al pie del cañón, ‘Caminar y Conocer’. Como indicas, puede ser una ‘mala adscripción del topógrafo de turno’ (siempre suelo comentar que los designios del Señor, como los de los topógrafos, son inescrutables).
    Pero en los Trabajos Topográficos encomendados al Instituto Geográfico y Estadístico en 1902, podemos ver el plano de La Losa (1903) en el que aparece ‘Peña del Oso’, hacia el lugar donde está la gran roca y ‘Oso’ en la cuerda de la sierra, en la ‘panza’. Son la base del actual topográfico nacional y lo recoge bien. El mapa del IGN ‘IBERPIX’ en Red, tambien recoge ‘Peña del Oso’ y ‘Oso’ para la cumbre.
    Aunque, bien es verdad, desde muy antiguo se topa uno con la denominación ‘Peña del Oso’ (siglo XVI) como uno de los puntos para indicar amojonamientos acotando terrenos de caza. Por lo que no nos queda muy claro si denominaban ‘Peña del Oso’ a la ‘panza’ o a una zona en general (Muy interesante el trabajo de Carlos M. Manuel Valdés, “Estudio histórico-silvícola de los Montes de Valsaín”, colgado en la página electrónica del CENEAM).
    Lo que sí tenemos muy claro es que ya el Libro de la Montería comentaba que la Acebeda de Riofrío era un “muy real monte de oso y de puerco…”. Saludos, jp

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  4. Hola! saludos de un montañero “novato”. Hace unos dias estuvimos de ruta por Mujer Muerta, antes de nada, impresionante la ruta. De las vistas no puedo decir nada porque subimos de noche (una excusa más para volver de dia) pero una auténtica pasada esa zona. Y bueno, nos surgió una duda/curiosidad, y es sobre el nombre. ¿por qué el nombre de Peña del Oso y Pico del Oso? Pensamos, que alomejor hace años algún osezno vagaba por esas tierras, o por la forma de la montaña… no sé, me gustaria que algún experto nos lo dijera.

    Muchas gracias y un saludo!

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