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Un máster del Montón

Por favor Sánchez, el próximo ministro que sea de FP. Cuando menos podrá dar cuenta de la obtención del título con una prueba de maestría ante el oportuno jurado.

Tras el habitual Via Crucis recorriendo los medios con trabajos de pacotilla y correos electrónicos debajo del brazo, ha dimitido Carmen Montón, otra fugaz estrella del panorama ministerial que se suma al más fugaz si cabe e igualmente valenciano, Màxim Huerta, el ministro más breve de la democracia española. Aguanta en cambio, el joven y prometedor líder del PP, Pablo Casado (aunque sigue sin encontrar el TFM, vaya por Dios).

Con esto de la prueba de maestría no quisiera hacer un menos a la FP. Muy al contrario, que siempre pensé que lo que realmente sobra es el bachillerato, y que es buena cosa enseñar a la juventud primero un oficio, y luego el que quiera y valga, que estudie. Pero que no vengan arrasando con titulines de papel. Máster en igualdad de género. Dos mil pavos en la Universidad Rey Juan Carlos y te sacas un papelín que supuestamente asevera “sabe de esto”.

Conste que me da que la ministra Montón no es la única culpable. En el imaginario colectivo español está muy arraigado que sin una carrera uno es un “don nadie”. Que para optar a los puestos de élite del mercado laboral hay que tener “estudios superiores”. Con tamaña mentalidad propia del escolasticismo pasó que España se llenó de licenciados. Los gobiernos, sabedores de la popularidad de estos estudios multiplicaron las facultades, una en cada provincia, esa fue la consigna. La universidad se democratizó.

Y eso está bien. Ocurre que entonces el título por si solo ya no vale como un factor discriminador de acceso laboral. Si título tenemos todos (o muchos), entonces la supuesta (porque esta es otra) superioridad de conocimientos que otorga el título se devalúa. Añadamos a eso una crisis que multiplicó por bastante las tasas universitarias, que de casi gratis pasaron a mil quinientos euros el curso. Pero no era pasta suficiente, había que sangrar a las familias con másters. Otros 2.000€ para acreditar que además de graduado en esto o aquello el chico sabe de esto otro.

En un país con un mercado laboral tan precario, donde los jóvenes tienen tan difícil encontrar un trabajo, la falta de experiencia laboral, no siendo de camarero, es todo un handicap. Más para personas como Montón o Casado, el del PP, dos cuartos de lo mismo, que con 23 años ya vivían de la política. Así que buscas dar lustre diferencial a tu currículum y, como queda mejor máster ni que sea de la URJC que “enchufado político del baranda X”, pues hala, a por el máster. Y ya puestos buscamos uno que no den mucha vara, que permitan pasarlo con trabajitos, y si plagiados, pues mejor. Ahí entra la URJC, la Universidad de los líos, vergüenza del sistema universitario español. Pero este es otro tema sin olvidar que en todas partes cuecen habas.

Definitivamente, mejor la FP, ya digo. Y a poder ser, ministro sensato. Que sepa de qué va el paño. Sino es mediático, qué le vamos hacer, pero que al menos sepa cambiar los frenos del coche.

Que el gobierno va desbocado.  Otra que se lució estos días es Margarita Robles y el propio Sánchez, y la lamentable portavoz  Celaá (¿donde los reclutarán?). En un alarde buenista frenaron la venta de 400 bombas impepinablemente destinadas al cruel conflicto entre los chiitas de Yemén y Arabia Saudí. Dinero sucio. Un país como España no puede mancharse las manos con este tipo de negocios. Pero sí puede cuando, en lugar de 400 bombas, están en juego 6.000 puestos de trabajo, los más en una zona tan machacada por el paro como la bahía de Cádiz. Hasta el famoso alcalde Kichi, de Podemos, vino a reconocer entonces que somos buenos hasta que peligra el pan en casa. Entonces ya somos malos. No somos tan distintos de Trump, la superioridad moral es siempre una cuestión más que relativa, especialmente cuando se tiene que apuntalar en hechos. De boquilla, ya se sabe, yo soy mucho mejor. Donde va a parar.

Un baño de realidad que me parece que ilustra hasta qué punto son efímeras las utopías. La guerra es lo peor. A nadie se escapa que la guerra moderna pasa por el vapuleo de infraestructuras, y con ello pandemias salvajes, hambres, refugiados y miseria, además de “bajas colaterales”. Cuarenta y tantos niños quemados vivos en un autocar la semana pasada. Esta es la locura de la guerra.

Me gustaría poder escribir: vivo en un mundo donde un gobierno puede permitirse el lujo de mandar al paro a 6.000 paisanos por no colaborar con la masacre de inocentes. Pero sería una mentira tan grande como el máster de Montón y Casado.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comentario

  1. ¿Porqué de FP?. tienes vd. la cualidad de no poder leer de sus pedantes y pedorros artículos ni el el primer párrafo , y en este caso los dos primeros renglones. Todo previsible.

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    • Rufián, debería leer el tercero.

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      • Redacción, no presione al Rufi, que no da mas de si.
        Excelente artículo.

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  2. Si le ha gustado a cali, me confirma lo escrito, aburren

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