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Un biólogo segoviano prueba que el cráneo de las musarañas se contrae en invierno

La biología considera una constante natural que el cráneo de cualquier vertebrado tiene un periodo de crecimiento fijo. Alcanzada la madurez deja de crecer. Pues no. Un investigador segoviano, Javier Lázaro, con su equipo del prestigioso Instituto Max Planck de Ornitología, acaba de publicar en Current Biology un sorprendente estudio en el que prueba que determinadas especies de musarañas encogen el cerebro y el cráneo en respuesta a condiciones adversas climáticas. En otoño el cráneo de las musarañas se contrae entre un 20 y un 15%. Posteriormente, en la primavera, cráneo y cerebro vuelven a crecer, aunque ya sin alcanzar el tamaño anterior, solo un 9%, al  tiempo que su masa muscular, que merma una media del 17,6% durante el invierno, se dispara dramáticamente al 83,4% en primavera.

Un fenómeno parecido se constata en el crecimiento reversible del cerebro de algunas aves (tienen la cabeza más grande de pollos que de adultos) y también se había descrito en la musaraña de diente rojo y algunos mustélidos (comadrejas) en lo que biológicamente se conoce como Efecto Dehnel. El trabajo de Lázaro y su equipo se ha centrado en probar esta peculiaridad con pruebas de campo y toma de imágenes en rayos X, parametrizando los incrementos y decrecimientos craneo-cerebrales, y descartando otros factores en esta extraña particularidad de la diminuta cabeza del diminuto ratón.

“Contemplar las musarañas” no suele ser la actitud que se espera de un científico. Pero lo cierto es que el estudio de Lázaro y su equipo abre fascinantes derivadas en campos paralelos como el estudio de los huesos, el tejido cerebral, así como en las respuestas adaptativas frente a cambios como el incremento de las temperaturas. Así lo han reconocido las secciones científicas de los más prestigiosos medios internacionales. Tanto The Guardian como The New York Times dedicaban a la publicación del artículo sendos espacios en sus ediciones digitales del 23 de octubre. El propio Lázaro ha participado en un reportaje sobre la cuestión en Discovery Channel.

Estudiando las musarañas

“La musaraña común no hiberna ni tampoco migra a terrenos cálidos cuando llega el otoño, por lo que necesitan estrategias alternativas para afrontar los malos tiempos. El cerebro es un órgano energéticamente caro, de manera que contraerlo en invierno es una manera de ahorrar energía. Ahora podemos decir que esto está sucediendo en individuos: podemos hablar realmente sobre la contracción y el rebrote”, explicaba Lázaro en el digital ingles.

Para probarlo, el equipo de Lázaro estuvo entre junio de 2014 y octubre de 2015 tendiendo trampas y estudiando musarañas en Möggingen, Alemania (localidad donde tiene una de sus sedes el Max Planck). Los ejemplares capturados se identificaban y se procedía a tomar imágenes en rayos X de diversas perspectivas del cráneo. Así se obtuvo una muestra lo suficientemente amplia a la que se había medido en al menos tres fases diferentes durante el periodo. En esta población de doce ejemplares se constató un ciclo fenotípico completo, con un primer pico de tamaño en verano, disminución en invierno y rebrote en primavera.

Javier Lázaro, licenciado en biología por la Autónoma de Madrid, es vecino de Tabanera del Monte, aunque desde 2013 reside en Alemania, como doctorando del Instituto Max Planck de Ortinología. Ha desempeñado investigaciones de campo en Doñana y Polonia. Precisamente de esta etapa polaca data este artículo publicado en 2014 a propósito del estudio de los bisontes de Bialowieza.

Autor: Redacción

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