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Sísifo, el de Segovia

(Ya sabe, Sísifo, el que empujaba una piedra bien gorda cuesta arriba que rodaba hacia abajo justo antes de llegar a la cima y todo empezaba de nuevo. Pues resulta que debía de ser de aquí)

Pues muy bien. Ya ha empezado el ciclo de fiestas de Santa Águeda con la repetición de su invariable (pero muy, muy tradicional, que las cosas, si son viejas, rozando lo rancio, molan) repertorio de bailes al son de la dulzaina y mujeres enseñoradas en “su” fiesta en todos los rincones de la provincia y claro, ya tenemos la primera gran metedura de pata, esta en el barrio de Nueva Segovia donde decidieron que el pelele que quemaron tuviera cara y que esta fuera la del líder de VOX, Santiago Abascal. ¿Cómo era eso que decían los antifascistas que tenemos por Segovia? Ah, si, “no toleraremos la intolerancia”. Estupendo. Que no le digo yo que no haya un enorme exceso de peleles por ahí pero eso de hacer listados, marcar y combatir a sangre y fuego, pues que no me gusta, mire usted.

Ya que estamos con asuntos inanes, esta semana hemos asistido a un conato de escándalo, reducido rápidamente a su valor real, cuando el portavoz del PSOE en la Diputación, Alberto Serna, denunciaba que la alcaldesa de Gomezserracín, Laura del Río, aparecía en una foto detrás de una bandera española con el escudo prescrito de la dictadura. A ver si nos aclaramos: no están reconocidas por nuestra actual Constitución ni la bandera del águila imperial, ni la tricolor, ni ninguna otra antigua. Vamos, que si alguien las usa sólo se representa a sí mismo y no pasan, todas, de ser trapos sin valor institucional y de esos, cada uno agita el que quiere (aunque sería mejor que no agitara ninguna). Yo para trapos uso calzoncillos viejos, ya ve.

Mire otro ejemplo de tolerancia de la buena de los que reclaman respeto, que ha sido quitar las cámaras de la cuesta de San Juan y allá que ha ido el listo del rotulador a escribir bobadas —leche, ya que vas, cúrrate la frase o pregunta al amigo ese que una vez se acabó un libro— sobre la placa que da nombre al diablo sentado en el pretil. Chico, qué éxito el del Belcebú este gordo. ¿O es que usted no se ha hecho la foto de marras aún?

Ejemplo de la piedra de sube y baja sería, yo qué sé, que nos diera por sacar del armario a quien se metió, él solito y sin explicaciones. Leo en El Día de Segovia que Pedro Arahuetes —seguro que se acuerda, aquel alcalde que se montó a sí mismo un homenaje de despedida cuando decidió plantar a la ciudadanía en la mitad de su mandato y al que le debemos la mayoría de los pufos judiciales que llevamos pagando años, además de magníficas obras como la del Cat que elogiarán nuestros descendientes— afirma muy serio que si se presentara ganaría las elecciones de calle… ¡Qué sí, mujer! Y una estatua. (Esta vestido, por favor).

Chico, al final voy a pasar nervios hasta que en abril se presenten las candidaturas oficialmente. Para entonces se habrá resuelto lo de la confluencia de izquierdas que esta semana aparenta haber explotado definitivamente con los que serían socios principales, IU y Podemos, enfurruñados por un “quítame allá unas primarias” en las que decidir el nombre del cabeza de la lista. Caramba, debe de ser que las primarias son interesantes sólo cuando puedes controlar su resultado… Algo me dice que habrá dos listas.

Claro, que mis predicciones no siempre son exactas —para buenas, buenas, las del tiempo que narra la delegada del Gobierno, Virginia Barcones, que sigue enviando el parte meteorológico grabado con su propia voz a lo Mariano Medina— que el otro día le decía yo que me olía que se iba a archivar el caso de las retribuciones de Caja Segovia y resulta que no, que este martes empiezan las sesiones ordinarias de la vista oral aunque mire, por el camino se ha caído una de las acusaciones, la de la Confederación Intersindical de Crédito (CIC) por falta de dinero para mantenerse en el proceso, que en nuestra justicia gratuita cuesta hasta acusar. Pues ya le contaré, que las declaraciones de los testigos y acusados prometen interés por aquello de desnudar el funcionamiento de lo que era “la Caja de todos los segovianos”. Se lo contarán aquí día a día, que he visto a mis jefes haciendo acopio de sándwich empaquetados y termos de café. Tres semanas durará el asunto.

Cambio de tercio, que me voy al Ayuntamiento y la situación empantanada en la que se encuentra tratando de decidir qué inversiones —poquitas, no crea, que lo gordo se marcha otro año más en pagar sentencias— se aplican este año en la ciudad. A ver si lo resumo: los socialistas opinan que su proyecto es el bueno y el que no deje que se apruebe, un irresponsable que no piensa más que en su partido y no en la ciudadanía. Lo que es capacidad de lograr apoyos mediante el diálogo, vamos. Los del PP y Ciudadanos encastillados en que les presenten un proyecto completo de presupuestos —que el presidente de Castilla y León, de las siglas de unos y con apoyo de los otros, no lo haga no es comparable, creen— para que ellos mismos se puedan dar el gustazo de rechazárselos a los que gobiernan. A los de Ciudadanos, además, no les importa votar lo contrario de lo que defendían a capa y espada el año pasado, la terminación del edificio del Cat, que ha cambiado el viento. Y los de Centrados e IU, tratando de hacer gala de coherencia política aunque nadie les escuche ni de resultados. Vale, en febrero otra ronda de piedra para arriba, piedra para abajo.

Bueno, en este resumen comentado ya sólo me quedan las cosas pintorescas, como que un perro influencer, Pipper, se dedique a hacer giras turísticas y los periodistas acudan, muy serios, a las convocatorias en las que participa el can. La cosa trata de sensibilizar sobre la necesidad de que se permita a las personas hacer turismo acompañados por sus mascotas, eso sí, las que estén “educadas”. Perfecto. Vamos bien.

Termino, que tengo que irme a Madrid y yo soy de los que va por la nacional, por mucho que ahora tarde lo mismo que tardaba con mi Seat 600 —¡Ay, qué recuerdos!— en 1973 gracias a la gran medida consistente en rebajar la velocidad a 90 por hora que además de prever rebajar los accidentes (si uno va andando, serían menos aún) permitirá que las multas a los que rebasen el límite sean mayores. Mira que si a alguien se le ocurriera mejor arreglar las carreteras y hacer carriles bici lo mismo tendríamos un resultado de siniestros parecidos a los que se cree que se va a llegar con esto de no poder meter la «directa» nunca…

Y encima antes tengo que pasarme por el establecimiento de la marca Lidl, nuevo foco de atención ciudadana tras la inauguración del supermercado al que ya han ido miles de personas en la que ha sido, con mucho, la actividad estrella de la última semana como lo fue en su día la apertura de un macrochino.

Pues va a ser verdad que en Segovia hay pocas cosas que hacer. O que nos aburrimos de empujar siempre la misma piedra.

Author: Justo Verdugo

Justo Verdugo, segoviano de cierta edad es un observador de su entorno y un ávido consumidor de las noticias que se publican en cualquier soporte y lugar. Con periodicidad semanal, el autor resume sus conclusiones en esta sección, en la que todos los ciudadanos están invitados a opinar a través de sus comentarios.

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1 Comment

  1. Ya le digo, tras el ocaso un nuevo ‘despertar segoviano’ de nuevo. parece que quedan pocas ‘facturas’ por pufos judiciales que pagar y alguien quiere que empecemos de nuevo. Si ya le digo yo a usted señor Verdugo que por ego no quedaría. ¡Manda toalla! el señor ‘sus lealtades’.

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