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PP Segovia, el aparato siempre gana

Beatriz Escudero.

No hay buena obra sin castigo. En Segovia, Beatriz Escudero y Silvia Clemente fueron las únicas dos valientes en publicitar su apoyo a un precandidato de las primarias, Dolores Cospedal, a la postre clamorosa perdedora de las primarias del 5 de julio. ¿Qué movió a dar tal paso a la diputada y a la procuradora? ¿Favores debidos? ¿Lealtad? ¿Animadversión? En el caso de Escudero es sabido que Cospedal ya tuvo que salir al tablero para evitar que Pedro Gómez de la Serna (¿se acuerdan? ¿andeandará?) le arrebatara la cabeza de la lista en 2015. En el caso de Clemente, ni idea, la verdad.

De lo que sí se puede dar fe es el que ese asomo de cospedalismo no fue, para nada, impulsado desde el resto del aparato, ni desde Segovia ni desde Valladolid. Fue “a título personal y muy personal”.

A lo largo de la jornada, en el Yantar, la cafetería más próxima a la sede del PP, en el número 16 de Escultor Marinas, se hablaba de muchas cosas pero nadie decía “pues yo he votado a tal”. Toda vez que se desmentía que Paco Vázquez o Paloma Sanz hubieran hecho llegar alguna consigna. “Ya me hubiera gustado”, comentaba con sorna un militante. Silencio total. ¿Qué ha votado Mañueco? Ni él lo sabe.

“Había pensado decir cuál es mi voto pero he considerado que era mejor no decirlo ahora sino al terminar, para no condicionar el voto de nadie”, se explicaba la presidenta Paloma Sanz. “Esta vez, seguro que gana el PP”, ironizaba Vázquez. Otro de la ejecutiva comentaba, con más rigor, que Cospedal era la candidata de los cargos, Casado el de la militancia, y Soroya el de los simpatizantes y votantes.

Miguel Ángel de Vicente.

La cuestión es que, a priori, la noche salió redonda para el aparato provincial. En casa ganó la ganadora, y por bastante. Si repasamos la lista de compromisarios del alfoz, han pasado con nota el test la alcaldesa de Carbonero, María Ángeles García, el secretario general, Miguel Ángel de Vicente, y el resto de elegidos son de la más pura ortodoxia, el alcalde de San Cristóbal, Sara Dueñas,  José Mazarías… Todos ellos responsables de alguna secretaria de la ejecutiva, salvo Pastor, que es del comité ejecutivo regional. Apenas 17 votos obtuvo Juan José Sanz Vitorio, parecidos su aliada, Magdalena Rodríguez; en el aparato pesa y pesará su condición de silvanistas. Bastante será que logren plaza para las municipales.

Del partido judicial de Cuéllar destaca la victoria del clan de Fuentidueña, el procurador Chema Bravo, el diputado provincial de Torrecilla, Antonio Sanz, a los que acompaña Jorge Lorenzo Tejedor, de Fuentepelayo y Raúl Martín.  Queda fuera el diputado provincial y alcalde de Chañe, Dioni García, y la teniente alcalde de Cuéllar, Nuria de la Fuente. Todo indica que los cuellaranos siguen pesando poco en el contexto provincial a pesar de que fue en Cuéllar, y no en Segovia, donde el PP salvó los muebles de la Diputación.  La Villa sigue quedando lejos de la capital. En Riaza manda el diputado provincial Basilio del Olmo, y hacen lo propio los también diputados Jaime Pérez y José Antonio García Gil en Santa María la Real de Nieva, donde ni siquiera hubo que ir a votar. Acompañará a los dos diputados Domingo Tinaquero.

El club de los 60

Sanz Merino.

En Segovia capital llama la atención el predicamento de José Luis Sanz Merino, el más votado habitualmente, con 69 votos, seguido de José Luis Huertas (62), y las dos administrativas del partido, Miriam Yagüe y Ana Arnanz. También llama la atención que los compromisarios elegidos están en la horquilla 58-62 votos. En la ciudad se presentaron 19 para 9 plazas. Cada votante podía votar a 9. Si todos los electores hubieran marcado nueve casillas tendríamos hasta 72 electores en esa mesa (como ya se dijo, la transparencia en cuanto al censo no es precisamente el fuerte del PP de Segovia, más bien la antitransparencia). “Muchas papeletas calcadas”, comentaba un militante. Es claro que, aquí sí, en lo tocante a compromisarios ha habido una indisimulada directriz de a quién votar. Gente leal a estaca, entre ellos dos o tres cargos de confianza de la Diputación, dos trabajadoras del partido, y dos diputados provinciales. Un concejal de la capital, porque alguno hay que meter, y hasta ahí. Todo bajo control. Ni siquiera se ha colado la buena de la subdelegada cesante, Pilar Sanz, que no salió.

Y es que se presenta un congreso complicado. Más si finalmente Casado, jaleado por la gente de Cospedal (y atentos que en Segovia ayer por la noche ya circulaban whatsapps de las cospedalistas del tipo “ánimo Pablo”, “a por todas Pablo”), opta por la pelea contra Soraya.

Haría mál el superestudiante y masterizado canterano Casado. Como se ve en el caso de Segovia, la distribución de compromisarios tiene poco que ver con el 36% de votos obtenido por Soraya en el total nacional. En un congreso, ya lo decía Maíllo, 2+2 no son cuatro. O poco conozco yo al PP o en las provincias como Segovia, que son las más, se ha repetido el esquema: un grupo de compromisarios muy, pero que muy afin a la dirección provincial, copando sino todas buena parte de las plazas. Así que sería raro que la suma de los aparatos provinciales no estuviera en condiciones de sindicar el 50% del voto del congreso. Y al aparato, los que viven de esto, le interesa la unidad, nada de tener en retaguardia una corriente crítica articulada que le pueda montar “alternativas” de cara a las autonómicas y municipales y hacerles peligrar el pan. “Poneros de acuerdo”, les dirán a los candidatos, y tengamos la fiesta en paz.

Obviamente esto es una predicción muy aventurada. Estamos ante un proceso nuevo en el PP. Casado sabe que ser dos de Soraya, en un partido tan presidencialista, es no tener a priori nada. Pero puede que le interese sembrar de gente de confianza la ejecutiva nacional, y seguir estudiando, que no se le da mal, en esta especie de “oposiciones” a presidente en que anda embarcado. Yo apuesto que la presidenta del partido será Soraya, pero el que realmente ha ganado (si juega bien las cartas) es Casado.

Casado de Campaña en Segovia en 2016.

 

 

 

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comentario

  1. Si, si la forma de actuar del aparato, por el que los compromisarios se eligen de cuál manera y a sabiendas previas y por una simple proyección matemática, está muy bien definida y al parecer siempre ha sido así; pero una pregunta D. luis , el tema de la tan llamada y ansiada regeneración donde queda?
    Su no indicación en el comentario y a su entender, radica en la inexistencia de la misma por la aplicación sistemática desde hace decenios de la proyección matemática?,o si me apura, por la desaparición en la escena in hilo tempore de los no necesitados de prebendas económicas para trabajar en la cosa pública ?
    O de las dos?
    Siempre espectante y agradecido a sus respuestas.

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  2. El PP ha iniciado una cierta apertura a la base, está ensayando democracia “interna tutelada”, y siempre que añades algo a la palabra democracia pues se desvirtúa. Es como el paso de la dictadura de la posguerra a la democracia “orgánica” de los 60. Naturalmente, esa inercia del aparato frena la regeneración interna del partido. De todas maneras, los aparatos son inherentes a los partidos, la preservación del aparato es inherente a los partidos y tiene sus aspectos positivos y negativos. La solidez en el tiempo de un partido facilita la estabilidad, pero que se paga con obsolescencia de los planteamientos, incapacidad de reformar realmente la realidad. En cualquier caso, no debe olvidarse que el poder es un fin en si mismo. Se tiene el poder para conservarlo.

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    • No esperaba menos en su respuesta y así se lo agradezco, pero insisto sobre la tan ansiada regeneración que no llega, y que no es ni si quiera lentamente progresiva en el tiempo, ni es incompatible con la gestión que se debe a los ciudadanos contribuyentes.
      El equilibrio necesario para que se produzcs la regeneración esta condicionada por las ideas y las personas , generadoras de la confianza en el sistema aprobado. En caso contrario la historia pasada ya nos ha dejado su huella.
      Siempre agradecido.

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  3. Cómo siempre se resume en: “cambiar todo para que nada cambie”

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