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Patria, la gran novela del País Vasco

patriaDe repente todo el mundo hablaba de Fernando Aramburu y de Patria. La mejor novela (de largo) del 2016. Cien mil ejemplares vendidos y una serie de televisión en marcha (Dios nos coja confesados). Normalmente paso de la novela del año. Pero hay un enigma en la sociedad vasca de mi generación que me empujó hasta la librería. Compré Patria. La devoré. Y a lo dicho. Novelón. Si la Colmena es una novela que ayuda a entender la sociedad española de la posguerra, si En la orilla, de Chirbes, nos ayuda a comprender la génesis de la corrupción política como una derivada de la corrupción empresarial y ética, y Los detectives salvajes nos adentra en el abrupto aterrizaje de las utopías setenteras, Patria lanza una espectacular y lúcida mirada sobre la sociedad vasca de los últimos 40 años entrando sin cortapisas en un tema tabú: ETA. O mejor dicho…

En muchos aspectos, el País Vasco es la sociedad perfecta. Todos admiramos sus verdes paisajes hermanados con el mar. Apreciamos la personalidad de sus costumbres, envidiamos la solvencia de su estructura económica. ¿Cómo pudo ser que en este casi paraíso se instalase el odio elevado a sus niveles más rancios?

Aramburu no responde a esta pregunta, no enjuicia. Describe. Y eso es lo mejor de Patria. No hay sectarismo. La bondad y la maldad de los personajes está exclusivamente vinculada a la bondad o maldad de sus actos. Nos enfrenta directamente al drama de dos familias tópicamente vascas, donde el amical matriarcado de Bitori y Mirem derivará en una pesadilla de resentimiento cuando el Txato cae de dos tiros en la puerta de su casa por negarse a pagar 25 millones que no tiene. Empieza para las víctimas un calvario donde la invisibilidad social, la indiferencia cuando no la hostilidad, marca vitalmente hasta niveles patológicos. Pero también para el agresor hay penitencia. El proceso de inhumanización del fanático, la represión, finalmente la cárcel, los interminables viajes al Puerto de Santa María…

Parece mentira que un tema así no hubiera explotado en la literatura española. Que no se haya hecho (o al menos, no a la altura literaria de Aramburu) solo se explica atendiendo a que para no incurrir en el  melodrama casposo y maniqueo, o la cínica simetría equiparativa de la víctima y el verdugo, había que escribirlo desde dentro y probablemente sin muertos aún calientes a los que llorar. Aramburu parte del análisis generacional. Nos introduce en los vericuetos de dos generaciones, la que pasó del caserío a la fábrica y la que pasó de la fábrica a la universidad. A través de una cadena de flash-backs escribe en círculos, manteniendo en todo momento la intriga y haciendo de Patria un fascinante pasapáginas.

En los 80, en los 90, hasta prácticamente el alto el fuego “definitivo” de enero de 2011, cuando empieza el relato, la Guipuzcoa rural devino el feudo de ETA. Los matones de la banda eran allí gudaris, héroes locales cuyos retratos presidían las fiestas patronales. Con el ambivalente beneplácito del PNV, Herri Batasuna reinaba en las calles. Sus tentáculos abarcaban también el entorno económico, con la sistematización del “impuesto revolucionario” a toda actividad económica minímamente pujante. Un monopolio de lo público apuntalado en el activismo de buena parte de una sociedad autoconsiderada como la guardiana de las esencias euskaldunes… y el miedo del resto.

El miedo al apartheid social. El miedo al tiro en la cara. El miedo a complicarse la existencia saludando a la viuda del amigo asesinado. El miedo a romper con una vida ideal en muchos aspectos: chatear con la cuadrilla al caer la tarde; salir en bici los sábados; correrla gorda el día de las fiestas… El miedo -lógico, comprensible, sensato- que nos convierte en cómplices.

Yo, como todos, tengo amigos vascos. Algunos terminaron limitando  sus visitas al pueblo y vivían mejor que peor en Bilbao, Pamplona o Barcelona, donde nadie te obligaba a mirar así o mejor a “no mirar” determinadas cosas. Otros salieron por patas hacia Castilla tras malvivir escoltados las 24 horas del día. Otros lucían el típico flequillo cazuela y según caían porros y birras terminaban contándote el subidón de adrenalina de cuando siendo chavalines lanzaron un cóctel molotov a una “lechera” de la Ertzaina o mejor (más subidón) de los txakurras de la Guardia Civil. Buscaban la admiración, la heroicidad… Lo contaban con tanta pasión que te decías qué magnífica aventura para mis 16 años. Conocí también a héroes de verdad. “No se mata, oyes… Matar no puedes a las personas”. Así que, armados de algo más que valor –dignidad– tras cada asesinato (del GAL, de ETA) desempolvaban una pancarta y se plantaban ante la iglesia. “Paz. Bakea”.

Hay que joderse que un anhelo tan simple tarde 40 años en imperar en las conciencias. Para entenderlo hay que leer Patria.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

Muévelo

9 Comentarios

  1. La vasca es una sociedad enferma, los asesinos son heroes y las víctimas apestados. Poca gente existe en el mundo tan cobarde como ellos. Solo así se explica que campen a sus anchas. No recuerdo bien la frase pero era algo así como para hacer el mal no hacen falta malos sino que los buenos no hagan nada.

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    • Eres un poco injusto, Juan Carlos. Es muy fácil hablar desde la distancia. Estoy contigo en que lo de ETA y su dictadura social en algunas (no todas) partes del País Vasco vino posibilitado por el miedo cómplice de una sociedad enferma de radicalismo y odio. Cierto. Pero hubo zonas de libertad ahí, gente que desafío esa batalla contra el miedo. Felizmente ellos (y nosotros con ellos) han ganado esa batalla contra el fanatismo, la crueldad y la intolerancia. No sin pagar un precio muy alto.

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  2. Leamos el libro y después opinemos, me lo han regalado y pienso leerlo. Valorémoslo literariamente . El comentario de Gómez es demencial y no creo que esté a la altura de este libro que está considerado – y espero que lierariamente como el libro del año- . Babelia y otros periódicos asi lo consideran. Me defraudaría si fuera un fraude con doctrina antivasca.

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  3. Vamos a ver amigo Rrufian, mi comentario no es sobre el libro, que no he leído pero leeré, mi comentario es sobre la sociedad vasca y me reafirmo en lo dicho. ¿Le parece a usted demencial? En el propio artículo de Luis Besa se deja entrever lo que yo manifiesto, la cobardía,” El miedo al apartheid social. El miedo al tiro en la cara. El miedo a complicarse la existencia saludando a la viuda del amigo asesinado. El miedo a romper con una vida ideal en muchos aspectos: chatear con la cuadrilla al caer la tarde; salir en bici los sábados; correrla gorda el día de las fiestas… El miedo -lógico, comprensible, sensato- que nos convierte en cómplices.” Durante años han observado y observan cómo se hace la vida imposible a su vecino, como se boicotean negocios, tiro en la nuca, secuestro, extorsiones, pintadas,…. Sin hacer nada, pero no solo los vascos, gran parte de la sociedad española hacia lo mismo, ¿alguien recuerda a alguno de estos actores tan activos contra el gobierno del PP hacer el más mínimo comentario en el festival de cine de San Sebastián? NO, no se comenta no sea que se nos fastidien los txikitos por el casco viejo. Tuvieron que ejecutar a un joven, Miguel Ángel Blanco, para que en el País Vasco se vislumbrara un atisbo de dignidad, pero ¿Dónde está el espíritu de Ermua?
    Demencial no es mi comentario, demencial es por ejemplo, que el pasado 27 de Septiembre durante el recreo en el patio del instituto de enseñanza secundaria de Hernani se rindiera homenaje a 22 etarras por parte de los estudiantes de dicho instituto, con la complicidad del profesorado y de la consejería. Uno de los homenajeados, Juan Oyarbide Aranburu, responsable de 12 asesinatos, entre ellos mujeres y niños.
    Demencial es el homenaje rendido el pasado día 21 de diciembre en San Sebastián a Francisco Javier Balerdi Ibarguren, en esta ciudad asesinó a cinco personas, entre ellos a Ángel Jesús Mota Iglesias, de 31 años, funcionario de prisiones al que disparó el 13 de marzo de 1990 en presencia de su esposa mientras sostenía a su bebé en brazos.
    Podría seguir largo rato contando la infame cantidad de homenajes.
    Demencial es que la facultad de ciencias políticas de la universidad complutense de Madrid se impida por parte de los estudiantes la conferencia de Rosa Diez, pero se reciba con vítores y pancartas a una basura como Arnaldo Otegi.

    Asistimos con normalidad a homenajes a asesinos múltiples, se sigue mirando para otro lado porque con nosotros no va la cosa. ¿No le parece a usted demencial esto? Se imagina por un momento que se juntaran en una comida homenaje a la salida de la cárcel los violadores y asesinos de niños, se los imagina contándose los unos a los otros sus aberraciones jaleados por sus amigos y familiares ¿no sería también demencial?
    Me ratifico, la sociedad vasca está enferma, los malos dominan la sociedad con el silencio de muchos y tarde o temprano el resto lo pagara, y esto se lo dice alguien nacido en Baracaldo.

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  4. Estoy de acuerdo con Juan Carlos Gómez.
    No es de recibo, que los anteriores asesinos, o enaltecedores de asesinos, estén ahora participando del juego democrático. Por el mismo motivo que en Alemania no se permite ningún partido nazi, aunque esos mismos nazis no maten, aquí no se tiene que permitir ningún partido proetarra o de simpatizantes etarras, aunque ya no maten (aunque sigan ejerciendo acciones violentas y de presión).
    También opino que la sociedad Vasca está enferma, porque hay que estar enfermo para votar a un partido cuyos miembros apoyan a asesinos. Cuando en las próximas elecciones vascas, el hijodelagranputa de Otegi sea Lehendakari, y su “partido” tenga el mando total, ya se instaurarán para siempre, ya que la gentuza que no ha dudado en matar, ¿Qué no harán para mantenerse en el poder?
    Da miedo. Y pena.

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  5. Creo que hay enfermos en todas las sociedades, no sólo en la vasca. No hay más que ver ciertos comentarios en las redes sociales que o tienen la razón (razón totalmente partidista de comunicado de la mañana) o la tienen. Leyendo estos ¿comentarios? (más bien pequeños panfletos para insultar sin otro contenido) se hace uno la idea de que además tienen a buen recaudo el correaje, y que no dudarían en ponérselo, como los asesinos de ETA, y darse un paseo para rellenar cunetas.

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    • Bueno majo, H. Vacui……. hay que estar “de atar” para hablar de “correajes” ahora.
      Aporta algo, y deja de decir majaderías, hombre.

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  6. “correajes” por Dios, que antigüedad.

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  7. Hace unos quince años, cuando el “problema vasco” como decían, seguía en pleno auge, con ETA matando aún, en un viaje de fin de semana a Bilbao a casa de unos amigos me pasaron dos anecdotas.
    Estábamos cenando con un grupo de amigos vascos, pero que muy vascos, en una zona muy vasca, y de pronto sonó una sirena… todos diciendo, corred que es una amenaza de bomba, y yo sentado… van y me dicen, “¡vamos que es una amenaza de bomba!”, y yo les dije, “Yo termino de cenar, que no creo que en este barrio, con lo vascos que sois, ETA ponga una bomba!”.. todos con los ojos como platos.

    Y la otra, estos amigos vascos nos llevan a tomar chacolís a una Erricotaberna, con toda la parafernalia de los presos y contra España, y van y una vasca me dice “¿Y tú que opinas del problema vasco?” y me salió del alma, “que me tenéis hasta los coj… porque lo único que sale en el telediario es vuestro problema, no el mío”.
    Agur

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