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La sacristía de la Fuencisla ‘renace’ tras 3 meses en ‘el taller’

La sacristía del santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla siempre ha sido un lugar muy especial. Su proliferación de ángeles y ornamentos la hacía una de las mejores muestras del barroco de toda Segovia. Sin embargo, a poco, tras el oropel se ocultaba una degradación secular. Grietas más que preocupantes, manchas de humedad, la costra del polvo de siglos, angelotes (de 25 kilos de peso) suspendidos literalmente con alambres oxidados y despedazados… Ya no. Tras tres meses en el taller, la sacristía ofrece desde el 9 de noviembre, festividad de la Almudena, un aspecto espectacular. Como en pleno XVIII.

Como explicó el presidente de la cofradía Julio Borreguero, inicialmente se pensó en una intervención para mejorar la relación con el contexto de la joya de la corona, La Asunción de la Virgen, de José de Ribera. Tras su restauración en 2005, el gran lienzo del maestro de Játiva pasó de presidir las alturas del altar mayor del tempo a ganar visibilidad ocupando un frontal de la sacristía pero tapando ornamentos y dando un aire desordenado al espacio. Se pretendía reordenar la sacristía para lo cual, con apoyo del Ayuntamiento de Segovia y la Diputación, se desplegó un equipo de restauración comandado por María García. “Al principio nuestra idea era sanear y una limpieza de polvo con aspirador. Pero los problemas eran más que preocupantes. Hubo que sellar grietas que atravesaban todo el techo, limpiar en profundidad el zócalo, muy atacado por la humedad -no en balde el Eresma pasaba en tiempos a pocos metros de la puerta del santuario-, literalmente, algunos ángeles y querubines estaban en pedazos, recompuestos con hilos y alambre oxidado, muy mal”, explica García.

70.000€ de inversión mediante los lienzos con episodios de la Virgen que rodean la sacristía vuelven a tener color. Esos cuadros oscuros han cobrado vida y son ahora inteligibles. Tras pasar por el taller de carpintería, los antaños querubines desdibujados y como enfermos presentan un saludable aspecto, encaramados en las tres bóvedas del espacio y remedando un cielo de dorados y blancos. Lo mismo con las molduras. La intervención ha permitido averiguar que algunos ornamentos procedían de otros templos o de otra ubicación. “Hemos encontrado cera en algunos ángeles, señal de que la sacristía no fue su emplazamiento original”.

Por el arte a la fe

litografía de F.P. Van Halen titulada “Segovia. Nª Sª de la Fuencisla”.

Una recuperación muy en la onda de lo que está siendo el obispado de César Franco, un intenso trabajo en la recuperación y puesta en valor del ingente patrimonio artístico de la diócesis. Con Franco en la silla episcopal se han emprendido importantes proyectos -la mayoría costeados por la feligresía, con aporte puntual de la Junta- de recuperación. San Millán, la Trinidad, la mejora de los templos ocupados por las Edades del Hombre, muestra que cierra el domingo con clausura oficial el 13 de noviembre, y muy especialmente, la “parroquia” del propio Franco, la Catedral de Segovia. La recuperación de la sacristía, obra de Francisco de Mora, Pedro de Brizuela y finalmente del carmelita descalzo, Fray Pedro de la Visitación, se inserta en ese contexto.

En su alocución, el obispo recordó la muy metafísica doctrina de los trascendentales, según la cual las propiedades del ser en cuanto ser son la bondad, la verdad y la belleza.  “Es preciso recuperar el camino de la evangelización a través de la belleza”, dijo. La via pulchritudinis, un concepto que el Papa Francisco ha recuperado de la tradición tomista para darle una dimensión evangelizadora. En otras palabras, conocer a Dios en lo bondadoso, en lo verdadero y en lo bello. “A través de nuestro arte el que es creyente comprende mejor la fe y el que no cree se acerca a un misterio”, señaló. Bien cierto.

Fotos. De arriba a abajo, vista general de la sacristía. ¿No habría manera de disimular el feo cableado que sustenta la araña central? El obispo, junto al cuadro de Ribera que ahora centra uno de los laterales de la sacristía. Angelotes de 25 kilos colgando del techo. Ábside del fondo, barroco en estado puro.

 

 

Autor: Cultura

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