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La república no existe y por qué

No les aconsejo el discurso de fin de año de Quim Torra. Más de lo mismo, que si sublevarse contra la opresión, que si luchar por la justicia, que si frenar la extrema derecha del nacional-populismo (él, Torra, paradigma de lo que dice atacar, mentando a la bicha)… La puesta en escena, con las poinsettias amarillas, la sala de la Verge de Montserrat, el retrato de San Jorge trinchando dragones…

Habría que detenerse -una vez más- en tres aspectos. El primero es el correlato lingüístico. Para según que catalanes “opresión” o “justicia” no tienen el mismo significado que para muchos de nosotros. Pongan por caso la “convivencia“, concepto bien distinto según sea el emisor Torra o Sánchez o el rey de España. Para los independentistas no hay “fractura convivencial en Cataluña”. La gente trabaja con normalidad, los servicios funcionan con normalidad (o sea tirando a mal). A veces pasa que en una manifestación  auspiciada por la noble causa de los presos, la cosa se va de madre, siempre hay pequeños grupos radicales… cosinas. Desde el otro lado, que los Mossos presenten denuncia por intento de homicidio a los que montaron una barricada que costó dos heridos en Borges Blanques, otros 30 en la jornada de protesta del 21D, cortes en las carreteras, son vistos como un clima pre-bélico. Ya digo, todo depende de la decodificación que apliques al analizar la realidad. ¿Peligra la convivencia? Depende de qué entiendas por convivir. En Francia, las protestas de los chalecos amarillos por la aplicación de un impuesto han dejado 10 muertos. Gracias a Dios, el 21D en Cataluña se saldó con un señor que perdió un testículo.

Vayamos, si les parece, a los hechos. Y los hechos son que Torra anunció el inminente desarrollo de “leyes sociales”, tumbadas por el Constitucional, en el ánimo de “implantar la república”. ¿Con qué legitimidad lo hace? En su discurso el  muy honorable apela a dos conceptos: la “voluntad popular” y el derecho a la autodeterminación de “los pueblos” como inherente a los “derechos humanos”. Y este es el talón de Aquiles. La falsa piedra de bóveda que soporta el falso relato: voluntad popular y la autodeterminación.

Se mire por donde se mire, la “voluntad popular” no puede ser un eximente del acatamiento de la ley. Algo que se impone recordar también a aquellos partidos que sacralizan el empoderamiento y la voluntad popular como vademecum mágico.  Pues si no es la ley la que dicte al gobernante que es lo que NO puede hacer y que es lo que SÍ, entonces ¿quién? Sin ley, dejamos al arbitrio del baranda de turno que durante su mandato y al albur de la “voluntad popular” haga lo que quiera absolutamente. Sin supeditación a la ley le estamos dando, sin más, el poder absoluto. Algo que se desprende claramente de la anulada ley de transitoriedad, una de esas que ahora amenaza con recuperar Torra y que en uno de sus primeros artículos decía precisamente: corresponderá provisionalmente a la Generalitat (o sea a mí) nombrar y destituir a los jueces. Es como la ley del Califa. Artículo 1, el  califa hace lo que quiere. Artículo 2, para todo lo demás aplíquese el artículo 1. En otras palabras, la dictadura cuatrianual, de momento, que día llegará en que, tirando de la voluntad popular, me lo monte para decir quién vota y quién no, y entonces será como la del caudillo, vitalicia. (Luego los fascistas son los de Vox, claro…)

El otro agujero en la línea de flotación del relato es la autodeterminación. Dice Torra que se desprende de los propios derechos humanos.  Mentira: ya pueden leer los 30 artículos de la DUDH de 1948 que no verán nada relacionado con “pueblos” o “naciones”. La DUHD habla de personas y, en todo caso, de Estados. Pero Torra y todo nacionalismo considera que los derechos de las personas están incompletos sin referencia a los derechos de los pueblos, entre los cuales estaría el de autodeterminación. Torra cree en el “volsks“, a la manera del nacionalismo lingüístico de Fichte. Yo sostengo lo contrario, que la visión de un pueblo como algo más que un conjunto de personas es una superstición. Pero da igual.

La cuestión es que si dos miembros de una comunidad discutimos sobre cómo aplicar un derecho, lo que en ningún caso vale es la unilateralidad, es decir, arrogarse una de las partes ese derecho. Cosustancial a todo derecho es no dárselas de juez y parte y recurrir a una jurisdicción imparcial para la interpretación en caso de conflicto. No estando expresamente la autodeterminación reconocida en nuestro ordenamiento (y así lo votó un 90% de catalanes) , correspondería recurrir al derecho internacional para establecer quién tiene o deja de tener ese derecho y si debe o no debe incorporarse a nuestro marco normativo. Hasta la fecha, los intentos del nacionalismo catalán de trasladar a foros internacionales ese supuesto derecho han encontrado como único valedor al heredero del MSI de Mussolini, Matteo  Salvini. (Luego los fascistas son los que pactan con Vox en Andalucía, claro…)

Matizada la voluntad popular y el derecho a la autodeterminación, la república no deja de ser entelequia, nada. Humo. Parafraseando a un sensato Mosso d’Esquadra enfrentado a unos manifestantes, una empresa segoviana ha sacado al mercado mercha unionista: ¿Pero qué cojones de república? La república no existe, idiota. Para Torra sí, y como él se cree el jefe de los Mossos, ya ha ordenado una investigación para apretarle las tuercas al susodicho agente. Que para eso están los derechos humanos, según Torra, para empurar al que discrepa. ¿Convivencia? Muy bien, gracias…

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comentario

  1. El zorro con piel de cordero del más rancio nazionalismo catalán, racista donde los haya… empezamos bien el año. sí señor.

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