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La parada del autobús

Me he pasado este martes haciendo seguimiento del peregrinar de la alcaldesa, Clara Luquero, por los medios de comunicación repitiendo el mantra de que el servicio de autobuses no se suspendió durante “la crisis de la última nevada” —permítame poner nombres rimbombantes a las cosas— esas horas del lunes en las que la ciudad se volvió impracticable y era una temeridad circular sin cadenas o ruedas especiales para nieve. No obstante, la tardía declaración del famoso nivel 0 llevó a varios conductores, ignorantes del aviso, a “jugársela” sin cadenas —somos así, los accidentes les pasan a otros— y al porcentaje correspondiente de estos a cruzar sus coches, por ejemplo en la zona de la rotonda “del pastor”, donde empezó el lío de los autobuses.

Porque lío hubo y ya usted me dice si entre 75 y 90 minutos de toda una flota de autobuses concentrados y detenidos con el luminoso de “Fuera de servicio” en casi todos ellos es un mero retraso por el mal estado de las carreteras —más o menos esa es la versión de la alcaldesa, Clara Luquero— o es una suspensión estricta del servicio. En este periódico optamos entonces por hablar de “parada” de los vehículos.

No hay mucha diferencia en términos prácticos. El resultado cierto es que en hora punta y bajo cero fueron decenas los segovianos que se quedaron tirados en las paradas mascullando su mala suerte, buscando un taxi en las paradas totalmente desiertas —esa es otra, que hablamos de los servicios públicos— o llamando a familiares y amigos “con cadenas” que les rescataran.

Sucesión de hechos en el relato de los conductores y el comité de empresa: en torno a las 19.00 horas varios coches se quedan atravesados en la rotonda “del pastor” con la calle Dámaso Alonso y la carretera de Baterías, desde la gasolinera hasta la estatua del zapatones como una pista de patinaje por acumulación de nieve. La Policía Local —estos, como otros servicios, han currado de lo lindo estos días— llega al lugar, ve los problemas y detiene a los primeros urbanos que se acercan: no se puede pasar. Los conductores, claro, dan inmediato aviso a sus jefes y estos a su vez dan la orden general vía teléfono y wattsapp: deténganse todos los vehículos porque es peligroso circular.

Por cierto, que dice la regidora que cuando se decreta obligación de usar cadenas la medida no es para los urbanos porque las ruedas que llevan son suficientes para andar en la nieve, una afirmación que haría sonreír si no fuera porque en esos vehículos se transporta a centenares de personas cada día.

Autobuses en la rotonda de la Pista.

Y los vehículos se pararon: “el pastor” (6 autobuses conté); la Pista (otros cinco); la plaza Oriental (cuatro); otro a la altura de la Comisaría; otro fuera de la vía en Hontoria… Me salen 17 y creo que se me escapa alguno. A esa hora el Ayuntamiento decía en redes sociales —a la prensa la escribió aún más tarde, cuando ya estaba bien liada— que había “dificultades” en el transporte urbano. El mismo origen, los despachos de la empresa, tuvo la orden de ponerse de nuevo en marcha en torno a las 20.30, cuentan los conductores señalando al móvil como el que muestra el sello de un correo certificado.

Y aquí llega el verdadero problema porque hay dos opciones: o la empresa, concesionaria de un servicio básico municipal tomó decisiones como parar el servicio por su cuenta sin comunicárselo al Ayuntamiento, o sí pasó aviso al correspondiente inspector de servicios municipal. El primer caso debería tener enojadísimos a estas alturas a los del Gobierno local que ya están tardando en llamar al orden a la empresa en cuestión e incluso contemplar otro tipo de medidas, seguro que previstas en el contrato. El segundo lleva a pensar que los mismos gobernantes no estarían contando toda la verdad y se aferran a la negación de la mayor, que es proclamar que el servicio nunca dejó de funcionar aunque es evidente que sí lo hizo.

Tengo cierta curiosidad por ver la factura de tanta hora extra, maquinaria añadida y tonelada de sal esparcida, pero también la impresión de que la gestión municipal del episodio de nevadas ha sido esta vez mucho más eficaz en cuanto a resultados que la que se hizo hace un mes y también tengo claro que cuando se pone a caer nieve como lo hizo el lunes por la tarde —“Cuando la naturaleza se pone bruta”, en palabras de Luquero— resulta inútil cualquier esfuerzo por lograr una solución inmediata a la movilidad por lo que una parada de los autobuses, como del resto de vehículos, hasta que se reponga al menos cierta seguridad en las vías parece más que adecuada en esas circunstancias. Lo absurdo es negar que pasan las cosas en aras a la tranquilidad y buena imagen inmediata en las redes sociales.

Un hombre ataca la nieve esparciendo sal de mesa, en una calle de Segovia.

Autor: Redacción

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1 Comentario

  1. Me ha gustado mucho su artículo
    Pero he de añadir que el domingo un día no laboral con aviso de nevada confirmado con la nevada que no cesaba la gente se obstino en llevar un ritmo de vida normal. Yo tuve que ir a urgencias lo hice con mis cadenas y nadie las llevaba puestas. La gente esperando en las paradas de bus cuando la carretera estaba intransitable.
    Por favor

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