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La decisión de Ramón

La Corporación de 1992 bajo presidencia de Ramón Escobar y sólo cinco mujeres.

El corte de tráfico bajo el Acueducto. Qué movida, chico. Que hoy estamos celebrando la desaparición de los coches, las manifestaciones y la sensibilidad hacia el Patrimonio pero es que hace 25 años al segovianito medio no le gustaba un pimiento la idea de dejar de usar los arcos centrales del monumento como kilómetro cero de todas las rutas. Eso por no hablar de comerciantes, empresarios, asociaciones vecinales y otros que abiertamente se oponían a cualquier corte barruntando que traería la ruina absoluta.

Amanece en el acueducto (foto: JP Velasco Sayago).

A ver, que sí es cierto que hubo gente en la calle clamando por la protección del monumento pero mire, el caldo de cultivo fue la designación de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad y la necesidad de modificar Segovia, y los movimientos de una élite de expertos en torno al Acueducto y su conservación. Y claro, Alföldy, el experto de la universidad de Heidelberg. Otro que bajó de la grúa con los pelos de punta, además de deducir una lectura plausible de la cartela que hubo en el sotabanco que entre otras cosas “rejuveneció” al monumento que parece que es del siglo II.

Pero deje que la cabra tire al monte y me meta en aquel ayuntamiento de 1992 en el que gobernaba, con minoría, 12 conejales, el PP de Ramón Escobar, el que tomó la decisión, frente a la representación de nueve ediles del PSOE que encabezaba Javier Regera, el CDS de Antonio Cámara y dos compañeros más, e Izquierda Unida, con Luis Peñalosa y Concepción Domínguez.

¿Se va situando? Pues espere que le digo más nombres, mezclados para no hacer grupos: Beatriz Escudero, Atilano Soto, Ana Pastor, Jaime Pardinas, Maximiliano Fernández, Mario Sastre, Chila Calleja, Juan Carlos Martín, Antonio Manchón, Pedro Santoyo, Antonio Tabanera, José Ignacio García, Fernando García, Alfonso Estirado, Ana Vírseda…

Una paloma se refugia en un hueco entre los sillares.

Si se acuerda, el corte estaba anunciado para el 1 de agosto pero dice Ramón Escobar que le espeluznaron los informes de los expertos que hablaban directamente de la posibilidad de caída de partes del monumento y tras hacerse un Santo Tomás metiendo el brazo entero en un gran hueco entre sillares a 20 metros de altura, adelantó la medida al 15 de julio, sin avisos.

“Había pocos concejales esos días en el Ayuntamiento porque varios estaban de vacaciones y Ramón dijo: ‘Es el momento, hay que hacerlo ya’. Y cortó”. Lo cuenta Beatriz Escudero, entonces una concejala de 27 años a la que la medida, “como a todos”, le generaba dudas pensando en las consecuencias del corte. Según recuerda, el alcalde llevaba tiempo con el Acueducto en la cabeza y “tenía cierta obsesión por la posibilidad de que se desprendiera un sillar, le daba muchas vueltas a eso”.

Lo cierto es que en el ámbito político municipal no hubo demasiadas disputas por el corte y mire que un alcalde en minoría con varios colectivos cabreados (y ruidosos) por ver alterada su movilidad y sus propios negocios resultaba un caramelito para la bronca política.

Pues nada de nada. Al día siguiente del corte, Antonio Cámara mostraba el apoyo total del CDS a las medidas de protección del Acueducto que tomara el alcalde mientras el portavoz socialista, Javier Reguera se portaba “como un señor”, en palabras de Escobar, aún hoy día agradecido por la prudencia que mostró. “Claro que era una tentación política pero la situación del Acueducto era extrema y no había alternativa”, admite el socialista. Luis Peñalosa ya era entonces defensor a ultranza del patrimonio y además andaba con sus pensamientos de peatonalización total del casco antiguo. Se posicionó a favor del cambio, claro, pero protestó lo suyo por la falta de medidas de acompañamiento. El de IU me ha contado que cuando fue concejal de Tráfico, una década antes, ya cortó el Acueducto unos días en Navidad “y nos llovió todo tipo de críticas”. Qué cosas.

Hombre, no se yo si había tanto buen rollito en la Corporación y si grandes dosis de prudencia, que ahí el que se la jugó de verdad era el alcalde que le puso el cascabel al gato ante los asustados ojos de los corporativos dispuestos a ponerse a cubierto si la cosa explotaba. “Si, me la jugué, era una dificilísima decisión política pero mira, el Acueducto sigue en pie y en las siguientes elecciones saqué 15 concejales, el récord histórico, así que debe ser que acertamos”, comenta satisfecho hoy día el exalcalde.

Sigo imaginando aquella Alcaldía repleta de actividad y de llamadas de teléfono. Y creía que había sido Juan José Lucas, entonces presidente de la Junta el que había llamado a Segovia pero Escobar me corrigió: le llamé yo para comunicarle la decisión y me dio todo su apoyo. Por más que lo he intentado no he conseguido que me cuente la chicha de aquellas conversaciones que yo, que algún político he tratado, imagino del estilo “como se te caiga un sillar te la juegas” y al otro respondiendo: “pues anda que tu” …

Tiene más cosas que contar aquel alcalde que luego, con el acueducto ya hecho muro separador, vino lo de abrir la calle Coronel Rexach buscando la transversalidad en la ciudad (No me olvidaré nunca de aquel señor de considerable tamaño y su puro plantado en mitad de la calle que dividía el Regimiento proclamando: “Esto ya es mío”); lo del parking y peatonalización de Fernández Ladreda (Acueducto) —de nuevo los comerciantes, preclaros, anunciaban la quiebra inminente de sus negocios cuando comenzó aquello—el casco antiguo patas arriba por obras de pavimentación o las construcciones que le dieron el nombre del alcalde rotondas. Tiempo habrá, que hoy es “solo” lo del Acueducto.

Autor: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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1 Comment

  1. Por cierto, una interesante idea del ingeniero José Luis Salcedo, con su túnel bajo la ciudad. Ya en 1988 (las hemerotecas no engañan) luchaba con políticos por una movilidad más sensata para Segovia. Cuántas cosas en los tinteros… aunque el tiempo corre don Fernando. Cuente más cosas hombre 😉

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