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La copa del meao

Pero puñetas, si han ganado los míos —soy castellano y el perfil de España me sale de un solo trazo— y la pantomima del referendo se ha demostrado ridícula e inválida ¿Por qué a media tarde del 1-O, cuando escribo esto, tengo esta sensación de congoja entre la tripa y el pecho? Me siento ganador, si, pero de un estúpido partido por la tercera y cuarta plaza de un mundial. Si hoy he ganado algo ha sido la copa del meao.

Debe de ser por culpa de la televisión por satélite (y mi alto nivel de idiomas. Ojo contratadores, hablados y escritos) que me deja ver cómo los telediarios de medio mundo regalan a la causa independentista rótulos de centenares de heridos sobre imágenes de policías empleándose contra las personas o arrancando urnas de las manos de pacíficas gentes que, lo he visto en otra imagen, entraban en los colegios ya llenas; que dan pábulo a las mentiras y gritos plañideros de los puigdemones y demás pasándose con soberbia, invocando a ¡la democracia! y en toda mi cara la legalidad por el arco del triunfo; o a las sanzdesantamarías —esta chica se come todos los marrones de Rajoy al que imagino pasando la tarde viendo la peli, o lo que sea eso, de los domingos en Antena3 haciendo como que no pasa nada— tratando de dar una falaz imagen de firmeza de Estado que difícilmente oculta las carencias y escasas habilidades políticas del Gobierno que mucho me temo que está perdiendo Cataluña y aún no lo sabe

Será porque el maldito internet me obliga a tener abiertas cuarenta pantallas a la vez para no perder detalle de lo que cuentan los italianos, los franceses, los alemanes o los de Badajoz sobre la “jornada” y seguir las redes sociales en las que empaparme del radicalismo que más me horroriza con el que se expresa la gente “normal”, como usted y yo, con mensajes que me ponen el runrún ese que le decía que tengo en la tripa en modo centrifugado.

Probablemente porque mi relación con mis amigos catalanes —independentistas hasta la médula, los cabrones— parece igual que antes cuando hablamos por teléfono pero mire, seguro que alguna vez ha vivido una relación sentimental en ese punto en el que sólo pequeños matices anuncian la cuesta abajo. Pues así anda la cosa. Que la niña quinceañera de los que viven en el mismo pueblo que Guardiola y su clan apareciera hoy en instagram formando barrera humana en un colegio y gritando “Votarem” me ha hecho pupa, lo reconozco. Que el Pep, el de Girona, no haya contestado al último chiste (buenísimo) que le he mandado por wattsapp, ni siquiera con un “jijiji” demuestra que algo grave pasa…

Porque esa es otra que me provoca agüilla en los ojos. La imagen de ese padre estúpido con su hijo, un niño, a los hombros, en mitad del fregado de policías y “resistentes”. El idiota buscaba la foto entregando una flor a un antidisturbios. Me contaba un amigo que se mueve en círculos diplomáticos internacionales que otro en situación similar a la suya cercano al Gobierno catalán le reconocía en privado las mentiras que se cuentan a los niños en las escuelas catalanas pero las justificaba en la consecución del fin último, la captación de adeptos entusiastas a la causa. Mire, pase lo que pase, esos jóvenes que ya ven en España al diablo, sátiro y ladrón, y esos niños a los que envuelven en banderas tras charla adoctrinadora y machacona contra el mismo coco y los mandan a repartir papeletas y panfletos, difícilmente alterarán en toda su vida la “realidad” que se les ha inculcado y eso también me aterra por lo que tiene de continuidad y enconamiento del “asunto” para décadas.

Como a las abuelas de antes, no paran de salirme suspiros espontáneos confirmando que el 1-O no es un día más que hay que pasar y ya está, sino otro escalón más en un momento que me resistía a creer que tuviera carácter histórico —me refiero a los que se quedan en los libros porque marcan el devenir de colectividades humanas— pero que ha metido a los acontecimientos en una precipitación acelerada y en cadena que solo se produce en estos momentos en los que parece que no pasa nada y de repente pasa todo.

Le hablo de sensaciones. No me pida que le haga un concienzudo análisis político de la situación que me va a salir un informe de parte, que ya le he dicho que soy castellano viejo de los que opina que el Kurdistán debería ser independiente, por supuesto, pero Cataluña de ninguna manera porque es parte del indivisible e histórico suelo patrio, y claro, voy a acabar preguntándome porque el Gobierno ha dejado, incapaz, que se llegue a este punto y no lo ha cortado hace tiempo, mucho antes de sentirme insultado por los puigdemones y de que un fino analista alemán se pregunte en televisión si no tendrán razón los simpáticos independentistas catalanes y no España; o por qué la Guardia Civil corre delante de manifestantes que tiran piedras y no al revés; o por qué la justicia es tan lenta y no ha multado o procesado ya a unos cuantos o incluso ha montado algún patíbulo ejemplarizante; o por qué no he oído en todo el día al líder del PSOE, Sánchez, para tranquilizarme y a cambio he oído al líder socialista catalán, Iceta, posicionándose peligrosamente cerca del lado oscuro; o por qué Podemos y su juego de mera persecución de rédito electoral me ha decepcionado tantísimo; o por qué el jefe del Estado no está y no se le espera…

Calle, calle. No me haga hablar y páseme la caja de toallitas que se me está cayendo el moco.

Autor: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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2 Comments

  1. Hoy, 1° de Octubre de 2017, la “Marca España” que triunfa en el mundo es la de la corrupción, la represión y el fascismo. De pena.

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  2. Me quitó el sombrero don Fernando y cojo la caja de moqueros…

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