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La butanera y el postureo feminista

Pues vivíamos en un piso de estudiantes en Barcelona allá por los 90. Un piso viejo en tercera planta sin ascensor. Normalmente el butano lo subíamos nosotros porque, obviamente, el butanero exigía una propina tan descomunal como el esfuerzo. Un día cambiaron al butanero por una butanera. La mujer desconocía el trato y nos subió la bombona. Y allí estábamos los machirulos con cara de pasmaos viendo aquello. ¡Una butanera!

Siempre me he considerado harto evolucionado en estas cosas; en mi familia materna va para cinco generaciones de mujeres trabajadoras, y a cual más peleona. Pero la butanera significaba un salto cualitativo. El trabajo físico ya no era monopolio de los hombres. La tradicional división trabajo de fuerza para el hombre, cuidado doméstico para la mujer, se la cargó aquella butanera.

Treinta años después las mujeres siguen discriminadas en lo laboral, lo sexual y lo doméstico. Lo sexual es de complejo arreglo: hay demasiados componentes biológicos en la relación hombre/mujer. Pero lo laboral y lo doméstico es pura y dura programación cultural. Les mentiría si dijera que he vuelto a ver butaneras, haberlas haylas. Es rarísimo encontrarse a una mujer en un andamio. Pero a nadie se le ocurre pensar que es por factores biológicos; son pautas culturales que imponen que determinadas actividades sean hegemónicamente desarrolladas por hombres y otras por mujeres. Vale, siendo esto así, ¿por qué entonces en la escala laboral más baja encontramos a las limpiadoras, a las temporeras,  oficios en general que acaban en «eras»?

Buena parte -no todo- de los 5.000€ año más que percibe un varón de media al año respecto a una mujer viene de que, en la base de la pirámide laboral, la fuerza bruta -las categorías masculinas- priman sobre el cuidado doméstico, al tiempo que el trabajo doméstico es un «plus» no retribuido que se carga, mayormente, a las mujeres. Hay un evidente agravio laboral en razón de género. Así que para mí la equiparación de géneros tiene una primera línea de lucha en la valoración de lo doméstico. Fregar, cocinar, cuidar…

Cuando en los medios un grupo de hombres debate qué pueden hacer por la igualdad, lo primero que se me viene a la cabeza es fregar, cocinar y cuidar. Me resulta tan obvio que cuando veo a un pedante elucubrando teorías de cuñado hablando de lenguaje inclusivo, crisis de la identidad masculina, micromachismos, como esa demencial polémica de si las letra «el» de un cartel de Podemos son patriarcado, y en general de las hojas del rábano, me saltan todas las alarmas. Me resulta especialmente indigerible este personal masculino que usa el «nosotras» como un guiño amical para con lo feminista… Postureo de progre. ¿pero friega, cocina y cuida? Debería, claro. Hay un par por Segovia dando la matraca, siempre con la raya de los pantalones bien marcada, limpios cual pinceles. «Nosotras», dice el nota… Pero nadie les ha visto con el mocho y la fregona.

Hay una distorsión de clase. Probablemente, en casa del nota (y de la nota) la que se encarga es la asistenta. El jefe y la jefa llegan con la comida hecha y la casa fregada. Han externalizado lo doméstico lo cual, en principio, es una suerte. Fregar váteres tiene poco de vocacional. Aún así la duda me corroe, ¿empleará el nota el nosotras cuando hable con la asistenta?

Y me llama la atención que de cara al 8M uno de los leit motivs de la huelga sea que, por un día, el peso de lo doméstico recaiga sobre el hombre. ¿Aún estamos así? Pues sí. ¿Qué puedes hacer por la igualdad? Fácil: limpiar el cagadero, dejarlo como los chorros del oro. Tanto que hablas, ¿sabrías desengrasar los chorretones del filtro de la campana extractora de la cocina? Se empieza por ahí.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. ¿Y de la custodia compartida cuándo hablamos?
    Ah! Que no interesa al lobby feminista y a la dictadura de lo políticamente correcto.

    Luis dígame una sola empresa o administración que pague menos a una mujer que a un hombre en el mismo puesto de trabajo y con la misma antigüedad. ¿A que no me dice ni una? Esperando quedo.

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    • Buen día, José.

      Si me lo permite y sin ánimo de molestar, creo que está confundiendo el propósito de este artículo, en el que nadie ha puesto en cuestión consideraciones como las que usted expone. Más bien, trata de poner en evidencia el «postureo de progre», que dice el texto, y el cómo a algunos se les llena la boca de intenciones huecas y faltas de acciones. Ya lo dice la sabiduría popular: «obras son amores y no buenas razones», que bien podría servir de epílogo al artículo.

      De lo que usted reivindica, el redactor no se ha pronunciado, por lo que ni le da ni le quita razón, y sería materia de otra crónica, si el o los articulistas lo considerasen oportuno.

      Un saludo para usted y otro para Luis.

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      • Gracias Patricio, lo ha definido usted perfectamente. Advertimos que hemos suprimido algunos enlaces de Jose por reiterativos.

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        • Joer Luis… Lo mismo me traumatizo y todo.

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