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Jardines y bosque del palacio de La Granja (paseo intramuros) 2

Un paseo intramuros del recinto de los jardines de Real Sitio de San Ildefonso, La Granja (complemento de nuestro recorrido extramuros).

Palacio y ‘Mar’ del Real Sitio de San Ildefonso.

Viene de parte primera.

Seguimos nuestro recorrido por el interior del perímetro que cierra los jardines y bosque del palacio real de San Ildefonso. Nos adentramos en la denominada Arquitectura efímera.

Hasta ahora, sólo la garita del Pino, comentada en la entrada anterior, puede considerarse dentro de este arte o técnica de construcción pasajera o de corta duración en el tiempo. Bien por su concepción o bien por factores de caducidad de los materiales de construcción (en nuestro caso la madera y su abandono).

A partir de ahora toparemos con una serie de edificios, ya desaparecidos (uno reconstruido) que han sido pasajeros de un tiempo: miradores, puentes o un pabellón-cenador, serán objetivos de nuestro ‘caminar y conocer’.

Último Pino (plano, nº 9).

Imagen del ‘Último Pino’ y zona actual, Real Sitio de San Ildefonso (1).

Retomamos el camino de la entrada anterior y nuestro objetivo es la posición del Último Pino, mirador en nuestros días desaparecido.

Actualmente, el acceso desde el camino de Circunvalación, por una sinuosa senda, no es fácilmente reconocible. Y abandonar los caminos no está permitido.

Explica nuestra particular Guía de campo (de Breñosa y Castellanarnau) en referencia a esta zona:

“[…] el punto más elevado es el ángulo este del Bosque, conocido con el nombre de ‘Ultimo Pino’ que está a 1325 metros de altitud, 76 más alto que la meseta del Mar […]”. En otro pasaje del texto indica: “Esta esquina del Bosque se llama ‘Poyo Judío’ o Último Pino […]”.

El mirador era un excelente balcón desde el que se divisaba, una vez alcanzada la plataforma superior del pino, el trazado rectilíneo que conforman los distintos edificios de palacio y las construcciones anexas para el servicio de la Corte. Disperso a lo lejos, la capital segoviana y su alfoz, después la meseta…

Imagen del ‘Último Pino’ y zona actual.

Una mirada en rededor nos permitía observar las alturas más emblemáticas de la parte norte de la Sierra de Guadarrama: el pico de ‘Peñalara’, el alto del ‘Moño de la Tía Andrea’ o ‘Silla del Rey’, los macizos de los ‘Siete Picos’, la ‘Mujer Muerta’, las lomas de las ‘Camorcas’, y la ‘Cruz de la Gallega’, el cerro de ‘Matabueyes’, el alto de ‘La Atalaya’ y los Chorros Grande y Chico.

El Último Pino se seco en 1950, habiendo soportado el mirador 50 años. En su lugar, según las crónicas, se plantó otro pino.

En el lugar, en visita de hace unos años, a ras de suelo se podía observar un tocón del que pudo ser el Último Pino; poco más.

La vista ante nuestros ojos: la espesura. Tras nosotros, las tapias de mampostería que cierran el paso al monte.

Vista desde el ‘Último Pino’ ca. 1910 y actual.

Siguiendo el camino de Circunvalación, por bajo de la puerta del Cebo, topamos con el espacio que albergaba uno de los elementos que más habrían de llamar la atención por su gran volumen: el Gurugú.

Gurugú (plano, nº 10).

Toma del monte Gurugú en 1909.

El nombre de este mirador, no sé si viene dado por la hazaña de la toma del monte Gurugú, en la Guerra de África o ya fue bautizado cuando se construyó (conocemos imágenes fechadas en 1890).

Presencia española en el norte de África y una guerra que parece no existió y de la que tan poco, o nada, se ha hablado en nuestros libros escolares de historia.

Lo que sí sé es que la gesta del monte Gurugú fue un 29 de septiembre de 1909. Su conquista era necesaria por ser un punto estratégico para la defensa de Melilla.

Una historia, como hemos leído alguna vez, ‘olvidada, pero sin duda necesaria para entender la Historia de España y posiblemente su futuro’.

‘Plazoleta del ‘Pino bajo’.

Nos adentramos en el boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones y en una gira realizada al Real Sitio de San Ildefonso en ese mismo año, 1909. El texto aparece firmado por un escueto ‘Pepe’:

“[…] Descansamos luego el camino yendo ahora cuesta abajo aunque por sitio distinto, hasta llegar a una plazoleta donde en medio luce el Pino bajo -que no es bajo sino que está abajo- rodeado de campestre escalera para ascender a la meseta colocada en la cima, al cual llaman aquí el Gurugú.
Saludamos el nombre con tanta emoción como respeto y dejando a los más atrevidos que hicieran la ascensión, continuamos nuestro paseo sin pretender llegar al Pino alto porque no estábamos de humos para emplear toda la tarde subiendo cuestas y vericuetos. ¡Qué haya un pino más que importa al mundo! […]”.

Imagen antigua y actual de la escalera al mirador del ‘Gurugú’.

Este escueto texto, amen de llamar ‘Pino alto’ al Último Pino, del que descendemos, nos da pie para encontrar la ‘plazoleta’ indicada y, cómo no, la situación del famoso mirador respecto a ella.

Mirador del Gurugú, tarjeta postal ca. 1915, e imagen actual.

En la actualidad un tocón en medio de un espacio abierto, con algunos bancos, nos indica la plazoleta y la posible situación del que denomina ‘Pino bajo’.

Arriba -una deteriorada escalera nos permite el acceso- un banco, desde el que observar el paisaje, y los huecos de lo que fueran los anclajes del mirador del Gurugú, son todo el respetuoso recuerdo que nos queda de una de las estructuras de más volumen de todos los elementos que estamos tratando en nuestro recorrido.

Vista antigua y actual desde el Gurugú.

Un mirador construido artificialmente exprofeso (el tratado anteriormente y el próximo que comentaremos apoyan su estructura en un árbol vivo). En los años veinte del siglo pasado, el estado del Gurugú era ruinoso.

Arquetas de distribución de aguas del palacio real de San Ildefonso.

Descendemos hacia el denominado ‘Mar’. Lago artificial o depósito que acumula las aguas que surtirán los jardines de palacio.

Líquido elemento indispensable para el abastecimiento de las ornamentales y famosas fuentes.

Fuentes que, como sabemos, ‘corren’ y empapan a los despistados ‘luises’ que se acercan a contemplar tan admirable acontecimiento.

En el camino topamos con las arquetas y represas de distribución de las aguas.

Estamos enrocados en un paraje de cuento de elfos y demás duendecillos que pululan por los bosques, siempre ocultos a los humanos.

El Mar, la Casa de la Góndola, la piscifactoría y la gruta de la cascada (plano, nº 11).

Imágenes antiguas y actuales del ‘Mar’ del palacio real de San Ildefonso.

Del Mar, también denominado ‘El Depósito de aguas’ o ‘El estanque’, dice nuestra Guía:

“[…] es un lago artificial de forma irregular en el que la casa de Góndola divide en dos cuencas o ‘alforjas’, la más honda de 12 metros de profundidad […]”.

Por su parte, en el boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, leemos:

“Forma parte del Mar una encantadora gruta; pero que no nos vengan a nosotros [la gira que describe ‘Pepe’ era de un grupo de Vallisoletanos] con estalactitas ni estalagmitas cuanto tenemos las del Campo Grande, admiración de propios y extraños.”

Gruta nombrada como Cascada de los catalanes en textos de finales del siglo XIX.
Construida en 1885 gracias al empuje e iniciativa del Intendente Real Fermín Abella. Las obras corren a cargo del jardinero Ramón Oliva y el maestro de obras catalán Jacinto Sancho.

Antigua casa de la Piscifactoria y gruta de la Cascada.

Las estalactitas y estalagmitas a las que hace mención el texto del Boletín citado proceden del Monasterio de Piedra en el aragonés pueblo de Nuévalo, en la provincia de Zaragoza.

Prosigue el relato de nuestros excursionistas camino de los edificios anejos al Mar.

“[…] Entramos luego en el Establecimiento de Piscicultura, donde nos pusieron de manifiesto los aparatos, recipientes y huevos embrionados necesarios para el mecanismo de un criadero de truchas […]”

Efectivamente, la piscifactoría, hoy abandonada, como el interior de la casa de la Góndola (construida en 1725), criaba en su día trucha común y otras especies con huevos embrionados.

Relata la Guía de Breñosa y Castellarnau que los huevos eran “[…] traídos de la Alta Alsacia, como la Gran Trucha de los Lagos de Suiza, Umbla caballar, salmón, mestizo de trucha y salmón, Fera […]”.

“De allí pasamos al Embarcadero, o mejor dicho Casa de la Góndola, así llamada por guardar en ella una lujosa embarcación destinada a las personas reales, aunque dícese que es más bien un objeto decorativo sin que haya salido todavía de aquel sitio para botarse al agua. Quisimos saber la longitud… unos sacaban 15, otros 16 y otros 17. Acepta un promedio si te parece y convendrás que es una góndola de marca mayor. Está bonitamente adornada, sobre todo en el templete central sostenido por cariátides, cosa que a todos causó admiración […]”.

La Góndola se encuentra en la actualidad en el Museo de Falúas Reales de Aranjuez. En las imágenes que acompañan este espacio, podemos observar distintos aspectos del Mar y los edificios mencionados.

La Sombrilla (plano, nº 12).

La ‘Sombrilla del Mar’, imágenes de principios del siglo XX, años treinta y paraje actual.

La Sombrilla del Mar, denominada en la cartulina postal que ofrecemos como ‘Paraguas’ (más adelante encontraremos ‘otro’ paraguas), subsistió, al menos, hasta entrados los años veinte.

En una fotografía de la colección ‘Loty’, realizada por el fotógrafo portugués, de dicha casa editora, Antònio Passaporte, podemos observar la sombrilla en dichos años.
La misma que aparece en una tarjeta postal, firmada por ‘Fot. Laurent’, de los primeros años del siglo XX.

Estaba situada a orillas del Mar. Por la perspectiva que creemos intuir en las imágenes que ofrecemos, situamos el parasol entre la gruta de la Cascada y el puente de los Suspiros.
Como se observa en las imágenes, estaba confeccionado con escobas sujetas a un tronco de pino anclado en tierra y rodeada la base por piedras sueltas y alguna argamasa.

Puente de los Suspiros (plano, nº 13).

Puente de los Suspiros, tarjetas postales principios siglo XX y actual reconstrucción.

Estamos ante una estructura más, de construcción abierta, en nuestro romántico recinto. Un puente cubierto salvaba una corriente de agua que, desde el bosque, desciende a nutrir los depósitos de agua para que ‘corran’ las ornamentales fuentes de los jardines.

El puente de los Suspiros es también conocido por muchos visitantes como ‘el tranvía’, por sus bancos corridos en el interior.

En las fotos cotejadas que incluimos, se puede observar el antiguo paso en una fotografía de principios del siglo XX y su actual reconstrucción de atinada factura.
El actual puente data de 1998, fue repuesto por iniciativa del ingeniero Santiago Soria.

Continúa tercera y última parte.

Autor: Juan Pedro Velasco Sayago

Blog de montañismo y excursionismo sobre el Guadarrama, a cargo de Juan Pedro Velasco Sayago. (Coordina el Blog 'Retrosegovia', publicando temas relacionados con la tarjeta postal ilustrada de Segovia).

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