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Futuro incierto para los centros comerciales

El 20 de mayo cerraba tras 14 años el hipermercado de Eroski en el centro comercial Luz de Castilla. Cambio de titularidad, más que cierre, pues ya con el cartel de Carrefour, el hiper volverá a la carga el 8 de junio, tras tres semanas de reformas para el rediseño de los casi 7.000 metros de superficie comercial del supermercado. Es la consecuencia del acuerdo de venta por parte de la cooperativa vasca a la distribuidora francesa de 36 de sus centros.

Aunque no soplan buenos vientos para los centros comerciales, desde el ayuntamiento de Segovia se informa que con la nueva bandera el centro ampliará en 75 los puestos de trabajo (entre directos e indirectos), manteniendo los actuales. Son buenas noticias para Segovia y a contracorriente de las tendencias comerciales, que auguran un importante descenso en el sector de los molls, venidos a menos desde que en los años 90 se disparase la fiebre por el centro comercial. De hecho, la zona comercial Guiomar, complementaria del Luz de Castilla y que debía acoger naves de las principales marcas amén de invertir 22 millones, tiene toda la traza de quedarse en el limbo de los proyectos, con acumulación de retrasos y nulas perspectivas de cumplir los plazos previstos. Los promotores no encuentran quién se quiera venir. El sector ya no crece, mengua.

¿Qué está pasando? Recientemente el Norte de Castilla informaba del inminente cierre de Parquesol Plaza, un centro de ocio de referencia en Valladolid. En Zaragoza, polos comerciales que costaron millones de inversión languidecen, mientras mes tras mes abandonan las naves los Decatlon, los Calzedonia, Primark, Neverlands… En Estados Unidos, de donde nos llegan estas tendencias, las últimas navidades han sido catastróficas. Penney ha anunciado que cerrará hasta 140 tiendas. Macy echará el pestillo en alrededor de 100 y Sears aplicará la misma medida en 150 establecimientos. El 45% de los centros comerciales declina, el cierre está a la orden del día.

En España estos centros surgieron al calor del boom inmobiliario. Con el suelo urbano por las nubes, los nuevos desarrollos urbanos en las periferias metropolitanas facilitaban mercado y precios de arrendamiento accesibles, frente a los prohibitivos del centro urbano. El fin de ese modelo de desarrollo, la espectacular caída de precios en los centros urbanos, reequilibró la balanza. El centro volvía a ser competitivo.

Pero es que además son formatos comerciales que apenas dejan margen. Alquileres, servicios, mantenimiento… Si se suman a los estrechísimos porcentajes de beneficio por la venta, obtenemos un sector poco rentable. Que encima se las ve con sectores emergentes, el segunda mano, así como un consumo más racional, resultado de la reducción de los ingresos de las familias post-crisis. Eso en las capas humildes, la clase alta invierte ahora más en viajes, tecnología y restaurantes y menos en equipamiento y moda.

Pero es claramente el comercio on line el detonante de esta crisis del sector. Tiene hasta un término inglés, showrooming; chicas que entran en las tiendas de ropa, se prueban los modelos, y en la calle y desde el móvil encargan el mismo modelo a una web. 20% menos de coste garantizado. Las grandes distribuidoras reciben ahora de su propia medicina. Puede decirse que todos los costes añadidos (seguridad, mantenimiento, parking) se cebaban en el proveedor, al que se obligaba a reducir su margen al mínimo y con pagos dilatados en el tiempo. Con internet, el proveedor tiene un medio de venta directo al consumidor; lo que antes gravaba su género (seguridad, limpieza, y margen ajeno) ahora se convierte en beneficio puro y duro, y además con dinero al contado (nada de pagos a 260 días). No hay color.

Esperemos que el Luz de Castilla aguante, más que nada, porque es la única fórmula comercial de este tipo en toda la provincia.

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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