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Final de la temporada truchera 2016 (I)

PEscador2A finales del mes de julio terminó una temporada truchera con carácter general. Hago esta salvedad, por que en algunos cotos de la comunidad se puede seguir pescando, bien sin muerte, bien especies (Hucho Hucho) que permiten un aprovechamiento más avanzado. Diría un compañero mío que así la administración se ríe un poco más de nosotros… No seré yo quien apoye este pensamiento. Dios me libre.

Las temporadas de pesca y los días que la conforman vienen a ser algo así como una feria. Cada uno la cuenta  o la recuerda según le fue. Así, un año más la diosa fortuna me enseñó los glúteos a la hora del sorteo. Es decir, me tocó elegir cuando estaban ya limpiando y a punto de cerrar. Malas fechas y malos cotos a priori. A priori. Así que a gastar poco y a rezar mucho.

Firmamos pocos pedidos a la hora de coger cotos.  Por que no son baratos y parecía que la cosa no iba a salir bien. Los paseos y madrugones cuanto más económicos mejor. Tan solo el Puente Segoviano, Las Pegueras y por tres veces La Santa Espina.

En el primer permiso, mi compañero de pesca ese día causó baja. Solo ante el peligro comencé a pescar de memoria, porque la técnica estaba más que oxidada. El comienzo frío, malo, mucha agua, el río duro…. y yo encantado. Un río de verdad defendiendo lo suyo. 4 truchas eran el cupo. A Las 10 de la mañana llegar ese número estaba en el mismo ámbito de posibilidades como acertar los seis números de la primitiva y el complementario.

Pero este divino negocio tiene el encanto que cambiar en lo que dura un Padrenuestro. Y llegando a una chorrera se me dio la primera trucha común del año. En la misma orilla. Una emoción en los mismos pies. No estaba fuerte. Era al principio de temporada y todo estaba muy frío. En menos de 100 metros acudieron a la chistera las tres restantes. La última, negra y lustrosa, atacó con fiereza la cucharilla. Luchó duro y se soltó en la misma orilla. Pero la moneda había caído de cruz, y se quedó varada.

Y yo al más puro estilo oso pardo de Alaska la saqué al prado de un zarpazo. Le faltaban pocos gramos para el kilo.

A las 12 estaba tomando café en la “Zamorana”.

El 10 de abril nos personamos en Las Pegueras. Cuando llegamos allí, y empezamos a pescar nos llevamos la desagradable sorpresa de que los mejores charcos estaban furtivados. Pero además se notaba que mucho y muchas horas. Ante el enfado decidimos mi compañero y yo ir nos a casa.

Por supuesto, ni rastro de trucha alguna ni de los guardas. Bajé pescando con cucharilla y como me jode pescar los mismos charcos que no me han dado con lo mismo que no me ha resultado, cambie de señuelo para subir hasta el coche. Y en una poza estaba la sorpresa. El ataque fue tranquilo… como un enganchón. Pero note que el enganchón se movía. Intente sacar aquello a la vista y no pude. Ni siquiera era dueño en totalidad de la situación. Viendo que aquello era una situación de peso, empecé a gritar buscando la ayuda de mi compañero que en aquel preciso momento se había despistado de mí.

Allí me tuve que apañar sólo con ella. Y al final nos apañamos. Era la trucha de mi vida…

Autor: J. García Herrero

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