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Espitas de presión

Déjese de estadísticas, democospias y encuestas de intención en general. La respuesta está en los bares. A ver, que veía yo al personal decaído en las tertulias de barra, como rendido a los radicales que parecían tener la sartén por el mango dispuestos a asaltar la independencia por las bravas mientras el resto parecía tener que resignarse solamente a mirar. Y de repente van las empresas grandes —leche, que hablo del Sabadell, de la Caixa, de Freixenet, de Gas Natural…— y varias pequeñas y dicen que se van o que quizá se van y claro, llega el acojone general en las filas independentistas y la satisfacción poco disimulada del resto.

¡Coña! Que ahora entras en una taberna y te encuentras a ese parroquiano, otrora hundido, con el pecho henchido expresando en voz alta, para quien lo quiera oír —y a todos los presentes parece gustarles el discurso— un expresivo “os van a dejar sin las pelas. ¿Ahora qué?” mientras lee en el periódico que las empresas se marchan de Cataluña. Bueno, que cambian su dirección postal. Es como si de repente, cuando estás a 15 metros de profundidad y la bombona no te da más aire, llega tu colega y te presta su tubo de oxígeno. Aire fresco. ¡Toma Puigdemont!

No me cabe duda de que tras las “fugas” anunciadas —en realidad creo que es un amago calculado, pero sumamente eficaz— de las empresas de Cataluña hay decenas de llamadas de teléfono, de presiones, al fin y al cabo, con la cantinela “ayúdame y te ayudaré”. Y encima me parece bien como alternativa al famoso 155 que me aterra. “Independentista por las bravas. Si te vas así, te irás pobre. No hay paraíso” es el mensaje a tantos y tantos adheridos de última hora a la causa radical que aún no saben qué hacen ahí y hasta a los que invocan el año mil setecientos y pico aquel. Tan absurdo como venerar a la cabeza de Juan Bravo en la picota. Y la cosa funciona, que la pela es la pela. Qué le voy a contar.

No sé qué pasará el lunes, o el martes, pero de repente, el personal que se había resignado a teme que unos cuantos jetas se lleven el gato al agua porque sí, que se salten las leyes y que manipulen al personal, se ve preparado para la batalla razonada con argumentos de peso —dinero, que es de lo que se trata— y dispuesto a hacer frente a esta panda con datos en la mano. “¿Qué pasa tío, que te creías que lo tenías todo controlado?” le pregunta el parroquiano a una foto llena de independentistas soberbios.

Para colmo, este sábado me he ido a las manifestaciones “en apoyo  de las fuerzas de seguridad” y ahí he visto en los rostros el paroxismo y el éxtasis que ya habría deseado para sí la Teresa aquella. Con la enseña nacional en la mano y retroalimentados por el grupo y la exaltación a los policías han plantado cara, a su manera, a los independentistas radicales para decirles que no amedrentan y que su desafío es una locura. Otra cosa es que escuchen, pero oiga, tan a gustito que se han quedado tras la terapia colectiva.

Menos excitados —y con una puesta en escena mucho más aburrida, será por el abuso del color blanco, que al parecer dota de pureza de planteamientos— estaban los teóricos equidistantes, partidarios del diálogo entre las partes, de hablar, un excelente punto de partida, pero vi a un buen número de ellos, en el cogollo de la concentración, a los que se les arrugaba en demasía el ceño ante la mera presencia de las banderas nacionales a cuyos portadores parecen comprender infinitamente menos que a los secesionistas. Es una sensación.

Cierto que los más exaltados del grupo de las banderas, camuflados entre festivos cantores del “yo soy español, español, español” fueron a la plaza a incordiar a los de blanco aunque al final se guardaron las distancias dejando la cosa en un despliegue de groseros silbidos y abucheos que también escucharon  los niños del grupo colocado en primera fila de la concentración del diálogo a los que supongo que se les estaba enseñando festivamente a “ejercer el pensamiento crítico”. ¡Anda! esa frase se la oí, calcada, a una maestra de un colegio catalán.

Poses y espitas de escape aparte tengo la sensación —lo mismo no es más que un deseo íntimo y demasiado optimista— de que se está parando el golpe a base de cruda realidad y al final, la semana que viene no habrá declaración unilateral de independencia —si cree que voy a escribir “Dui” va listo— ni 155 que valga y sí una nueva prórroga en un partido que, eso sí, está muy lejos de resolverse. ¿Me oye alguien?

Autor: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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6 Comments

  1. Si Fernando, Juan te oye y te lee a diario.
    Hoy te creo que no habrá la pensada declaración.

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  2. ¿Me diga? 😉

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  3. Estuve en la concentracion “blanca” delante del ayuntamiento. Unos energúmenos hasta arriba de testosterona, intentaron boicotear el acto. Todavía me estoy preguntando porqué.
    ¡¡¡Yo soy español , español, etc!!!! vociferaban mientras agitaban belicosamente las banderas.

    Yo tambien soy español, y todos los que estabamos de blanco. Faltaría más, pero queremos que nos nos instrumentalicen, ni los del pp de aquí, que crearon y alimentaron el problema ni los los independentistas de allá.

    Ahora los del pp se prestan a fotografiarse con banderas y rodeados de la guardia civil, como las que he visto en la concentración de segovia. No hablaban tan bien de la Guardia Civil cuando investiga sus numerosas corruptelas obstruyendo la labor de la justicia.

    Si la manera de acercarse a cataluña es amenazandoles con las siete plagas , facilitando la marcha de empresas, y humillándola me parece que vamos mal. Un dato para reflexionar el pp tiene solamente un 8% de votantes en cataluña.

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    • No, si quiere señor Rufián, a empresas que legalmente han decidido cambiar su sede social, por convocatoria legal de un Consejo de Administración al efecto, sin energúmenos que les coarten y hagan leyes a su medida para hacer lo que se les ponga, les ponemos pegas. Así si vienen mal dadas, por ejemplo en los bancos, hacen un ‘corralito’ y se pagan sus dietas en el Parlament. Venga menos condescendencia y más legalidad.

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  4. La unidad de España ni se vota, ni se negocia, ni se debate. Se defiende.
    Nada de diálogo con delincuentes y traidores.
    Según la RAE Rufián significa: persona sin honor, perversa y despreciable.
    Deja ya la equidistancia los que defendemos la Unidad la bandera y la Constitución somos nosotros los demócratas. No seas Yoko Ono todo el día al corro de las patatas y oyendo Imagine.

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    • Dinos la verdad niño de la suerte..¿a que tu eres el querido calimoco???

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