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España, desorden bipolar

El trastorno bipolar es una enfermedad grave del cerebro. Poca broma. A poco que ustedes hayan tratado a alguien diagnosticado sabrán el enorme sufrimiento que causa la enfermedad. El paciente alterna depresiones con fases maniáticas: complejos de culpa seguidos de capítulos de hostilidad hacia lo que sea. Resultado: una enorme infelicidad, aislamiento social, malestar y patologías derivadas… Un sufrimiento que no solo afecta al paciente; se contagia al entorno y requiere mucha mano izquierda para evitar que destruya las relaciones familiares y personales. No es fácil lidiar con bipolares.

Siempre ha sido el nuestro un país de dos almas, las Dos Españas, pero en las últimas horas este tremendismo se ha agudizado. Filoterrorista, anticonstitucional, son adjetivos que desde la derecha, y no solo Vox, también desde PP y Ciudadanos, se han vertido sobre Podemos, o incluso el propio Sánchez, a quien se le acusa de haber vendido al independentismo catalán la soberanía nacional. Lo de Vox es de traca cuando incluso llega a pedir la ilegalización de todo nacionalismo, es decir, todo nacionalismo que no sea Español, el único legal, según parece.

Le faltó tiempo a Susana Díaz para, en un ejercicio vergonzante de supervivencia política tras perder la niña de los ojos del socialismo patrio, pedir el consenso de los demócratas contra el avance de la extrema derecha, consenso naturalmente aglutinado en torno a su jefatura, que para eso sirven según ella los consensos, para seguir mandando. Directamente, desde Podemos la extrema derecha se equipara a nazismo; se montan escraches ante las delegaciones de Vox. “Paremos el fascismo”, retumban los portavoces de la formación. Un “paremos el fascismo” que apareja unos inquietantes puntos suspensivos… “como sea”.

Excluyo dar más ejemplos. Simplemente me llama la atención que los extremos coincidan siempre en la negación del otro. Es el otro el que no debe existir, no es que yo tenga que asumir nada de nada. Seguro que un votante de Vox encontrará mil argumentos para ilegalizar a la CUP, a ERC, o a Bildu, y de paso a Podemos. Seguro que un votante de Podemos encontrará mil razones para ilegalizar a Vox, y de paso a buena parte del PP. La pregunta buena, en cambio, es ¿por qué no debo hacerlo?

Pero es una pregunta difícil. Y como es difícil y farragoso de encapsular en un whatsapp, y además es impopular, porque la gente prefiere siempre  el “viva” o “muera” que más se ajuste a su sentir particular, pues nada, a seguir así… Bienvenidos a los tiempos del populismo.

Y alguien que solo conociera la realidad española por los medios de comunicación  pensaría que la gente quema conventos, que en los partidos se preparan escuadrones de la muerte con listas de rivales a “pasear”, que la industria está hundida y el baño de sangre está a la vuelta de la esquina. Y la verdad es que no estamos tan mal. A trancas y barrancas el país no solo tira, sino que es un referente mundial en muchas e importantes cosas. En 40 años todos hemos vivido una esperanzadora modernización. Somos los humanos que morimos más viejos del planeta… ¡Coño!, Hasta hemos ganado un mundial (dos, con el de las sub17) ¿Qué hay mil millones de cosas por mejorar? pues claro… Veamos cómo.

En los manuales aconsejan a familiares y amigos de bipolares “tener paciencia”. Escuchar detenidamente al enfermo (porque lo es) y nunca llevarle la contraria abiertamente. Ser comprensivo con los episodios anímicos, tan latosos para los que los tenemos que aguantar. Distraer y encauzar hacia el tratamiento por medicación. La putada es que no hay pastillas en España para tanto populista. Todo lo que tenemos es unos cuantos gramos de Constitución.

Que viene a querer decir: toda ideología tiene derecho a existir siempre que admita la transferencia pacífica del poder político por la vía de las urnas; el reconocimiento al otro de los mismos derechos que me arrogo para mí. Y cuarenta años arriba, poco va a cambiar esto o debería.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comentario

  1. Una acepción de facismo en el DRAE: “Movimiento político y social de carácter totalitario… que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista”. Blanco y en botella… el que quiera entender que entienda.

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  2. ¿Algún partido de derechas convocó manifestaciones y algaradas callejeras, ente sedes de otros partidos, cuando en el mes de Mayo, el Psoe, los podemitas, proetarras e independentistas ganaron una moción de censura contra Rajoy?
    No. ¿verdad?……… el que quiera entender, que entienda.

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  3. Por cierto,… excelente artículo, Sr. Besa.

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  4. Buen artículo, señor Besa, aunque desgraciadamente hay quien quiere volver a resucitar las dos Españas, lo que nos perjudica a todos porque centra la atención en las diferencias y no en lo que nos une. Llevamos muchos años de democracia y la alternancia se ha desarrollado, con excepciones, con normalidad. Lo que no es normal es que algunos se estén apoyando en filoterroristas (esto es objetivo) y en nacionalistas que han querido romper el sistema, y se alarmen ante un partido nuevo que es legal y que ha obtenido buenos resultados en Andalucía. Tampoco que otro partido, también legal, pero que simpatiza con regímenes totalitarios, llame a manifestarse contra los resultados de unas elecciones, como bien dice Calimocho. ¿Está bien ser de extrema izquierda, pero no se admite que haya “extrema”derecha? ¿Nadie se acuerda de los escraches, o acosos, de los podemitas en universidades y en otros lugares? Hay mucha diferencia entre ser fanático, esto es, creer que lo suyo es lo mejor con apasionamiento (más característico en las derechas) y ser sectario, creer que lo suyo es lo único, por lo que lo demás no tiene cabida (más característico en las izquierdas). Siempre que sea legal el otro tiene que estar ahí y, desde luego, aceptar el resultado de las urnas. Claro que es más fácil organizar un follón contra el otro y acusarle de no sé qué, que poner en primer plano las causas de la derrota, que tal vez están en la incongruencia entre lo que se predica y lo que se vive.

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