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El Teatro Juan Bravo entra en danza

Lo importante es que el teatro vuelve a estar en uso. Colas en la taquilla, animación y una densa programación para los próximos meses tras un año en astillero de los que el centenario proscenio de la Diputación sale reluciente, más luminoso, redecorado por dentro y con más funcionalidad, medio millón de euros de inversión mediante.

Lleno para empezar en el Juan Bravo, con nueva iluminación de fachada y una orquesta amenizando la cola para asistir a un arriba el telón con Premio Max de incentivo, Danzad malditos, de Malditos Producciones, en lo que era el cierre de una exitosa gira de la compañía dirigida por Alberto Velasco.

Entre el público buena parte de la clase política con la ausencia de Clara Luquero y el anfitrión, el presidente de la Diputación Francisco Vázquez, en jornada de las de “amplio protocolo” como puede asegurar el que suscribe.

Respecto al montaje, “propuesta arriesgada que no deja a nadie indiferente”, que diría un crítico ponderado, de los que dividen al público entre entusiastas y los que salen al frío de la plaza con cara de póker y de raro-raro.

Danzad malditos, metáfora sobre el poder como domador de infelices obligados a combatir hasta la extenuación unos contra otros, se basa en la película homónima de Sidney Pollack; once desdichados en tiempos de la Gran Depresión pugnando por ganar el premio de un maratón de baile. Mezcla de danza contemporánea, soliloquios trascendentes y bellas canciones a golpe de ópera, clásicos americanos y ball-mussette.

Próxima parada, Rafael Álvarez “el Brujo”, solvencia contrastada.

 

Autor: Cultura

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