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El Teatro Juan Bravo cierra con magia hasta febrero

Con una espectacular gala de magia concluyó la temporada de otoño del Teato Juan Bravo, que se reanudará en febrero. Para la ocasión el teatro segoviano acogió a un elenco de campeones internacionales que empezó por dejar con la boca abierta a los espectadores con un orquestado espectáculo de luces de láser. Lo que para muchos es indudablemente molesto, para Laser Wizards se ha convertido en un modo de bailar con la oscuridad, haciendo que los haces de luz se multipliquen  y se detengan ante la autoridad de sus manos.

Tras la actuación de los franco-rusos, otra rusa, Nataly Perova, deslumbró a los presentes con su espectáculo de fregolismo y sus inverosímiles cambios de vestidos. La lluvia incesante de la película caería después, al final de la gala, cuando todos los magos participantes se reunieran sobre el escenario con unos paraguas que se iluminaron para dejar leer el lema ‘Vive la magia’.

Con menos glamour pero con toda la ternura que cabe en el cuerpo encogido de alguien que ha sido encerrado en una caja de cartón atravesada por pinchos y paraguas, Manolo Costa y Mindanguillo dieron rienda suelta a su magia para trasladar a los espectadores la idea de que la violencia separa y de que al final hay pocas cosas más mágicas que un abrazo. A ellos les siguieron sobre el escenario los cachivaches de Alberto Giorgi y Laura, a quienes hay quien todavía anda buscando en la memoria, tratando de entender cómo alguien puede desaparecer delante de tus propios ojos, tras meterse en una máquina que, más que del tiempo parece del espacio. El truco, quizás, estaba en la cara de Giorgi; pocas veces se ha visto un mago con esos ojos de mago.

La gala iba llegando a su conclusión, pero quienes habían acudido al Teatro Juan Bravo sabían que aún quedaba el espectáculo final; ese que erigió a Harry Houdini como el escapista por excelencia y que hoy tratan de imitar algunos valientes. El nombre de uno de ellos es Andrew Basso. Albornoz negro con capucha y pies descalzos, Basso se presentó sobre las tablas del Juan Bravo con la celda de la tortura del agua detrás. El público contuvo la respiración durante el ritual previo a la sumersión y mientras el estadounidense iba deshaciéndose, boca abajo, de sus ataduras, el silencio y los ojos fijos reinaron en el teatro.

Author: Cultura

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