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El pacto del ascensor

Por delante, mi satisfacción personal por saber que la ciudad contará con presupuestos en este ejercicio, sobre todo porque la segunda mitad de este año la afrontará una Corporación renovada por las urnas.

Ahora bien, por más que lo intento y por muchas veces que lo haya visto me cuesta aceptar los viajes de norte a sur y los cambios de postura del negro al blanco de los grupos políticos y mucho más aceptar aquello de que me lo den envuelto, como si me hicieran un favor, con frases del estilo “Yo, por Segovia, hasta como sapos”. Como conejos de grandes, añado yo. Ya me dirá usted como se entiende si no que tus socios sean un día unos vagos redomados, nada de fiar, y desleales como las culebras —oiga, que ahí tiene la hemeroteca más reciente— y al día siguiente sean los más fieles compañeros que uno puede tener en la noble misión de defender la amada Segovia. Que si, que la capacidad de alcanzar acuerdos es la esencia de la política. Y la coherencia debería de ser una obligación.

Cierto que este es el tercer “pacto” de presupuestos entre Ciudadanos y el PSOE y todos ellos han venido precedidos de tratos rudos y enfrentamientos ásperos. Seguro que se acuerda de las despectivas referencias a “la señora de Ciudadanos” y los revolcones en los plenos y fuera de ellos que propinaba a María José García el concejal aquel, Alfonso Reguera, sólo unos días antes de firmar un acuerdo casi idéntico al de ahora o, más recientemente, el otro día, los reproches al “modo elecciones” que Luquero achacaba a los de Cs cuando estos decían que no volverían a compartir mesa. Pelillos a la mar.

Llámeme romántico si quiere pero a mi un pacto político se me antoja como un documento grueso, pensado sesudamente, con cada coma corregida una y mil veces, lleno de datos que impidan los callejones y atajos y, más siendo de presupuestos, repleto de números. Pues el que nos han presentado este miércoles tiene 30 líneas —un folio por dos caras sin completar y eso que lleva los logos de los partidos— tres cifras redondeadas al cero, concretamente 1.000.000, 800.000, 600.000, 400.000 y 200.000, todas para hacer variaciones sobre el mismo tema —el incremento de las partidas para proyectos de presupuestos participativos— así que no las sume que el precio final del pacto es de 400.000 euros, y muchos compromisos planteados con peros del estilo “en la medida de lo posible” y “si tal que eso”.

Vamos, que igual que se puede cumplir, puede no hacerse. De hecho, uno de los diez puntos se refiere a la renovación de intenciones de cumplimiento sobre “parte de los puntos de los acuerdos de años anteriores” que quedaron en agua de borrajas, los mismos que justificaron la ruptura, en medio de aspavientos, del acuerdo del año pasado, pese a que aparecían en un documento tan “comprometedor” como el de ahora.

Aquí lo que estaba en juego, sobre todo para los socialistas, era acabar lo de la obra del edificio Cide del Cat, por supuesto por interés por la ciudad y su prometedor futuro embarcado en un mundo de empresas tecnológicas, por otra parte, la aspiración de tropecientos ayuntamientos de España y el extranjero. No piense que el empeño tiene algo que ver con tratar de evitar llegar a las elecciones con el proyecto estrella del mandato (y del anterior, y del anterior) empantanado otra vez.

Ciudadanos decía que no estaba dispuesto a transigir si no le daban papeles muy importantes y clarificadores de la situación presente y futura del edificio. Pues mire, si hago caso a las declaraciones de la semana pasada y a este periódico del concejal de Hacienda, portavoz y negociador del pacto, Jesús García, resulta que la importantísima documentación aportada que ha hecho que la de Cs cambie su parecer consiste en una certificación de obra del edificio por 70.000 euros, que es lo que llevan pagado del medio millón presupuestado en 2018; una indicación de qué parte concreta hay que mirar del Plan Estratégico (en elaboración) para encontrar el modelo de gestión que piensan los redactores que sería el adecuado para el Cide y muy buenas y convincentes palabras sobre lo comprometidas que están las empresas en instalarse en la carretera de San Rafael esquina paseo Campos de Castilla porque lo que es compromisos firmados, pues no hay.  ¿Quién necesita alforjas “pa” este viaje?

Eso si, los socialistas han vuelto a tocar el palo del gusto de sus socios y se comprometen muy firmemente a permitir la asistencia de García a las reuniones que se celebren con las empresas interesadas —me temo que ninguna, al menos hasta que el edificio esté terminado— a contar a sus socios periódicamente cómo marcha la obra y a poner a la portavoz en primera línea, que salga centrada en las fotos, el día que se inaugure el edificio. Por cierto, como pronto y cumpliendo los plazos, que no es pedir poco, en julio, después de las urnas. ¿Será esto una señal de que García encabezará la lista de Ciudadanos en las próximas municipales y que dan por hecho que Luquero seguirá siendo la alcaldesa?

¡Eh, eh, que hay más contraprestaciones! Este de 2019 no podrá llamarse por los malvados del resto de los grupos de la oposición el pacto “de los columpios” o «de la liberación» como dijeron de otros. Esta vez el «logro» es un ascensor” ya que según lo firmado se amplían los proyectos “a ejecutar” entre los que se votaron en el rudimentario proceso de presupuestos participativos celebrado el año pasado, donde el segundo más votado fue el ascensor entre San Millán y el paseo del Salón que García no tiene inconveniente en celebrar como propio aunque lo cierto es que esta fue una propuesta conjunta planteada en sede municipal de IU y Centrados.

Por cierto, el Gobierno, que presenta un raquítico capítulo de inversiones para 2019 por falta de dinero, no parece haber tenido problemas para encontrar los 400.000 euros —este es el coste final del pacto— necesarios para cumplir esta cláusula. “Hemos estirado el chicle” y para más datos, pregunte al interventor que es el que ha hecho el encaje, dice sin recato la alcaldesa cuando preguntan los periodistas. Pues eso, alta política.

Y ya está. El resto, cantos al sol: que si vamos a hacer muchos trabajos en materia de accesibilidad (sin cifras, sin programación, sin proyectos, siquiera el de un rebaje de una acera concreta); que si no cuaja lo de la muralla a través del 1,5% cultural ya ponemos con ese dinero unas luces led o cambiamos unas tuberías de esas de fibrocemento de los 50 que aún tenemos por toda la ciudad y si la auditoría de Urbanismo, el que fuera el «gran logro» de Cs en el pacto de 2017 se acaba algún día, tranquila María José que te dejamos que te reúnas con los auditores justo antes de que la entreguen y la cobren.

Caramba, no me da tiempo a hablar de la comunicación no verbal exhibida en la presentación del pacto. Con lo que me gusta ese tema, más cuando su lectura es obvia. Ya sabe, lo de las manos cruzadas y las palmas ocultas, las miradas en direcciones opuestas, los cuerpos girados formando ángulos obtusos y los rostros de desgana cuando habla el otro… Voy a buscar los apuntes, que debo tenerlos por algún lado.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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3 Comments

  1. Algo me dice que los constructores estarán contentos, todos o algunos 😉

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  2. ¿Estos de C´s no tienen ideas que hasta para negociar sus presupuestos tienen que robar las propuestas de Centrados en Segovia e Izquierda Unida?

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  3. Resumen de lo que es la política en estos tiempos: «Si me rascas la espalda, te la rasco yo a tí.»

    Es lamentable la politica de este país, da igual el color del partido al que nos refiramos, son todos lamentables…

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