Dimisión en diferido

Alfonso Reguera.

Por más vueltas que le doy no consigo entender el lío en el que se ha metido la alcaldesa, Clara Luquero, en la defensa de los puestos de Gobierno del concejal amenazador —la cosa no es nueva, que llueve sobre mojado. Mire la hemeroteca o los historiales de las redes sociales— Alfonso Reguera. La decisión de retirarle de la exposición pública como portavoz del Gobierno y primer teniente de alcalde parece más bien una forma de protegerle que de reprobar su inaceptable comportamiento mientras le mantiene al frente de las Áreas de más peso, la económica y la de Urbanismo.

El superconcejal sigue siéndolo aún después de reconocer en él actitudes inaceptables, “salvo en un bar donde las encontraríamos normales”, según Luquero —no sé a qué bares va la alcaldesa. En los que yo conozco, si alguien habla de hostias es porque va pasado de copas, es un impresentable o un tipo patibulario— y por tanto, la factura por tratar de amedrentar a una autoridad pública, aparentemente a partir del ejercicio de su actividad sindical, resulta barata para el agresor.

O cara, según se mire. ¿Con qué rostro recibirá a partir de ahora un policía local las salidas de tono de un ciudadano que se caliente y le amenace ante una multa u otra recriminación? Flaco favor el que se hace a los agentes que trabajan para el Ayuntamiento disfrazando de errores tolerables este tipo de actuaciones a costa de pisar, una vez más, la dignidad de los policías defendiendo a quien les agrede individual y colectivamente. Recuerde el caso: un policía uniformado amenazado por un responsable político con su medalla de concejal al cuello en un acto corporativo. No se me ocurren más agravantes. Luquero, vendedora de moralidad e intransigencia ante los intransigentes, no aplica sus recetas en este caso mostrando su cara más tenue justo cuando lo que se espera de ella es un ejemplo.

Minimizando daños.

El “cese a medias”, aparte de insuficiente, es una auténtica falacia por tratarse de un intento burdo de salir con los menores daños posibles de una situación que la propia Luquero califica de impresentable. Las “cosas de Reguera” —la frase está atribuida por terceros de confianza a la alcaldesa cuando habla de los arranques de soberbia y agresividad del aún responsable de Urbanismo y Hacienda— aunque caen sobre suelo mojado han ido demasiado lejos en esta ocasión y la retirada de las funciones de portavoz y teniente de alcalde manteniendo las de superconcejal casi son un premio que situaría a Reguera alejado de los focos, la presión y las ocasiones de rendir explicaciones, pero en posesión de un enorme poder real en el Consistorio. No es admisible.

Además es engañoso. En esta historia, Reguera comenzó negando tajantemente los hechos ante las primeras preguntas, las de este periódico, al que amenazó incluso con querellas judiciales. Claro, que entonces no sabía que existía una denuncia en comisaría y pensaba que podría evitar que, por tratarse de un documento interno, trascendiera el parte policial sobre el intolerable episodio de amenazas. Gradualmente y según se veía más al descubierto, el concejal fue asumiendo partes de la historia hasta que reconoció abiertamente la versión completa, incluida la gratuita oferta de hostias al uniformado.

Entre tanto trató de coaccionar —nada tiene de propósito de enmienda advertir de la posibilidad de sufrir “consecuencias” a quien en teoría se está pidiendo perdón— al propio policía para que redujera la presión y retirara la denuncia. Como el agente antepuso su profesionalidad y la dignidad propia y de su uniforme manteniendo la denuncia, el político optó por ponerse la piel de cordero, manifestar un más que dudoso arrepentimiento y tirar por la calle del “medio cese” que en realidad es el mal menor y supone una baratísima factura ante hechos enormemente graves convertidos en escaparate de su forma de entender el ejercicio del poder.

Claro que echar a Reguera ahora es inoportuno para Clara Luquero. Alterará algunos planes —no de la ciudad sino de la propia alcaldesa y su partido a ocho meses de elecciones— pero lo cierto es que Reguera ha metido, una vez más, la pata hasta la cadera y cuando uno hace esto en política se va y los que quedan recomponen la figura como pueden después de apartar a quien demuestra que no puede estar ahí.

El Peahis lleva una década redactándose y está en exposición pública y prácticamente acabado por lo que el concurso de Reguera no es, ni mucho menos, imprescindible para llegar a su aprobación, salvo que existan aspectos que sólo el concejal y unos pocos conozcan y se quieran mantener ocultos. Peor todavía. Sobre su “brillante gestión económica” no parece complicado encontrar otro edil que la iguale en la redacción de los próximos presupuestos, los últimos del mandato.

La oposición, en bloque.

La salida del Ayuntamiento de Reguera es, pues, obligatoria y así se lo va a hacer saber la oposición en los próximos días. No parece previsible que esta situación acabe en una moción de censura, improbable por requerir una unidad de criterios, incluida la propuesta de un alcalde alternativo, que no parece sencilla por las diferencias abismales entre los grupos de la oposición. Si cabe, no obstante, esperar la reprobación mayoritaria al edil que esta vez no podrá contar con el apoyo salador de C´s y que le dejará sin amparo alguno para justificar el mantenimiento de su escaño.

Así las cosas, Luquero no debería esperar ni un minuto más a retirar las delegaciones de Hacienda y Urbanismo al concejal que, por su parte, por respeto a su partido y sus compañeros en el Consistorio, pero también, y sobre todo, hacia la indignada ciudadanía, debería entregar su acta —sólo él puede disponer de ella— donde tiene que hacerlo, ante la Junta Electoral y poner fin a su periplo como miembro de la Corporación en el que, por sus actitudes fuera de lugar y su decimonónica forma de entender el ejercicio del poder, ha fracasado estrepitosamente.

Que pase la página.

Autor: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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5 Comentarios

  1. No lo podrías haber explicado mejor. No es lógico que continúe como concejal después de su trayectoria en el Ayto. y de haber amenazado, según he podido leer, a un Agente de Policía.
    Si le mantiene en el puesto la Sra. Alcaldesa, será cómplice por su actitud del Sr Reguera.
    ¿Se imaginan a un Policía vestido con el uniforme y amenazando a la Sra. Alcaldesa con darla dos ostias?
    ¿Ese Policía donde estaría ahora?
    Si a un policía se le exige un mínimo de educación, aún político se le exige un punto más, pues un policía es un agente de la Autoridad , pero es que un político es una Autoridad.
    Espero de el sr Reguera se comporte como un señor y dimita ya, y no arrastre al PSOE con el, aunque tiene pinta de que si.

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    • No se ha comportado como un señor nunca… y dudo que esta sea la primera vez que lo haga…

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  2. Lo dicho, de ‘su cultura’ mendigadora, pseudointelectual y de voto popular entenderán, no lo negaré, pero de la de bar, tiene usted razón: poco 😉 Buena tramoya, sí señor.

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  3. Segovia: ciudad en la que un concejal del PSOE amenaza a un policía y no pasa nada.

    ¿Se imaginan que lo hace uno del pp?

    ¿Si lo hace un ciudadano tampoco pasaría nada?

    Según la ley de Seguridad ciudadana lleva multa esta acción…

    Y por DECENCIA….debería dejar el cargo. No sé puede tener al concejal de urbanismo y hacienda faltando al respeto a la policía. No es la primera vez.

    ¿Aceves pinta algo? Si luquero no sabe imponerse por favor…que tome él las riendas.

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  4. Esta manera de comerse el marrón por parte de la alcaldesa me hace pensar varias cosas!!!
    Que el que manda en el ayuntamiento es el súper concejal ,que no le quiere echar porque sabe algo sucio de ella o de otros , o que hay más marrones por salir que no se los quiere comer ella sola.
    Alucinante que tengamos que aguantar esto.

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