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Desgobierno y elecciones con o sin Otegui

Un laberinto. El PP quiere mandar, pero no puede. Ciudadanos quiere ayudar, no lo consigue. El PSOE quiere ser mandado, no sabe por quién. ¿Ubi sunt Podemos y aquellas fraternales asambleas en el prado para cambiar el mundo? Decorando su cuartel de invierno para una larga-larga temporada. Y en Cataluña, como en cada agosto desde hace ni me acuerdo, redoblando el victimismo, mala leche y sin remilgos spots en la tele pública para apoyar un nuevo RUV (Referendum Unilateral Vinculante) tras el fracaso del RUI (Referendum Uniltateral de Independencia), a tenor del fiasco del Sí-Sí en las elecciones constituyentes que nada constituyen y descarte por inanidad del DUI (Declaración Unilateral de Independencia). Todo de cara al 11-S y unas inevitables elecciones anticipadas que nos lleven al PML (Puto Mismo Lugar).

Parece mentira pero el laberinto no para de crecer. La nueva X que se enreda en la ecuación es las elecciones vascas (y gallegas). El 25 de septiembre. Todo indica que, gracias a la particular ley electoral vasca (donde cuatro vizcaínos hacen un alavés) ganará el PNV pero que precisará el apoyo o abstención de PPSOE. Hala, más licores en la coctelera. Y el resto a esperar, que la están peinando.

Hay un pulso ahí entre Bildu (hegemónica en Vizcaya) y Podemos (en Vizcaya) por ver quién lidera la izquierda. Las encuestas dan ventaja a la Bildu del odiadísimo (fuera de Euskadi) Otegui. Lo de este hombre es caracementismo reforzado. Se vende como el hombre que trajo la paz. Él, que pactaba con la cúpula cuántos concejales de ideología contraria había que matar cada año, callaba como una gallina cuando había que pedir la libertad de un pobre secuestrado, y negociaba con algún fantoche el giro procedente de las Herriko Tabernoas. Lo peor es que se lo cree, yo traje la paz,  él y varias decenas de miles… Pero somos bastantes millones más los que sabemos que no, que no fue el almirante Dönitz el que trajo la paz a Europa por más que ordenase la capitulación de los nazis. Y no digo yo que al heredero del Fürher no le fuera trabajoso firmar el susodicho documento. Seguro que tuvo su complicación. Pero no fue Dönitz, repito, el que trajo la paz a Europa.

Sobra decir que Otegui es vasco. Para Otegui, la II Guerra Mundial la debió ganar algún paisano, si no no se entiende. Como no se entiende si Otegui está inhabiitado para cargo público (como sostiene el ministro) o no (como sostiene algún que otro fiscal). Más allá del relato el hecho es que Arnaldo Caradecemento ya ha pasado por el trullo. Pagó barato su deuda legal (que no la moral, esa quedará por siempre en el balance de impagados) no sabemos si todo o en parte. La justicia dirá y no hay más que hablar.

OteguiClaro que Otegui no cree en la justicia -y atención, porque las creencias siempre dependen de los adjetivos- española. A lo que se ve la justicia de ETA era ejemplar; ajusticiar, desde luego, ajusticiaba. No hay independencia judicial, sostiene Otegui, los fiscales son una extensión del Ejecutivo y los partidos hacen y deshacen en las cúpulas de la judicatura. Puede ser. Todo está politizado (como es normal en política). No creen en la justicia cuando les condena, sí que creen cuando les absuelve.

El relato. Todos enlatamos la realidad y más mal que bien la servimos en un relato. El relato intenta explicar las causas para ponernos en la senda de las soluciones. Rara vez lo consigue. El verdadero relato es el conjunto de relatos, y tal vez ni eso. Pero hay relatos de mármol que lo aguantan todo. Son los relatos basados en valores absolutos (como si hubiera tal cosa) totalizantes. La justicia es apenas un organismo imperfectísimo que hace lo que puede. No un valor absoluto. Y aunque mala, la justicia española ha empurado a una nube de chorizos del partido del Gobierno, a la hija del rey, y a varios presidentes de autonomías (el gran patriota que lo heredó todo de su padre; el que no pagaba los trajes; el que firmaba desviar de los ERES decenas de millones pero no se acordaba). No pueden decir lo mismo todos los países, no en Italia, en Francia…

Otro relato absoluto es el de la Patria. La patria lo es todo. Como lo es todo, el resto es nada. Otro, la voluntad popular. Otro, la libertad del individuo. Lo cual no quiera decir que la justicia importe un bledo, la libertad dos y la patria cuatro. No.

En mi relato personal, por supuesto sesgado, manda el pragmatismo social (el bien común) limitado a unos mínimos éticos de consenso (derechos del hombre). Desde la ventana de mi relato los políticos españoles (catalanes y vascos incluidos) son alarmantemente ineptos por cuanto condicionan el interés general al suyo propio. Y barrunto serios pero muy serios problemas según sea otoño. Porque al final los relatos importan un pito y los hay para todos los gustos, incluso para Otegui. Importan las soluciones. Ya saben: los hechos son sagrados, libres las intepretaciones.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. Son muchos los que, hayan hecho más o menos por traer la cacareada ‘paz’, deberían, ahora que las cosas caminan, al parecer, con mejor pie, retirarse a descansar en paz (si su conciencia se lo permite) y dejar paso a nuevas generaciones.

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