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Demasiadas incidencias electorales

Estábamos acostumbrados a que los resultados provisionales de unas elecciones nunca, jamás de los jamases, se vieran alterados en el trámite de elevarlos a definitivos. De hecho, el trámite del recuento final por las Juntas Electorales no pasaba de un simple breve en las noticias de los días posteriores a las elecciones y si había alguna incidencia, se relataba en la sección de “anecdotario” de los periódicos.

Hasta que se produjo el vuelco en el reparto de senadores por un puñado de votos de residentes en el extranjero sumados al recuento de un colegio electoral que hasta entonces no aparecía en ninguna previsión, tras el 28A. Aquello pareció entonces un hecho aislado, pero llegó el 26M con una catarata de errores en los recuentos (“incidencias” lo llaman) que han hecho que se ponga en duda la “rapidez, seguridad y transparencia” con la que siempre se ha etiquetado los procesos electorales en España y que ha logrado que el personal llegue a dudar de la fiabilidad del sistema o, al menos, a no entender muy bien qué ha pasado.

Las elecciones municipales y autonómicas —qué curioso, en las europeas parece que no ha pasado nada— han estado salpicadas de decenas de errores, recuentos y correcciones que han derivado en alteraciones sensibles de los resultados provocando en varios caos una variación radical de las mayorías y que, es mera estadística sin afán alguno de trascendencia, han sido mayoritariamente favorables al PSOE. En cualquier caso, que un puñado de votos pueda provocar tan importantes cambios demuestra lo reñidos que han estado cada uno de los escaños de cada hemiciclo y que en esta ocasión, más que nunca, cada papeleta valía su peso en oro.

Brutales, por lo desalentador que resulta para un candidato verse ganador un día y al siguiente derrotado, son los casos de Ibiza, Torrelavega, Chipiona o Villanubla, Cantabria o Navarra y, más en el entorno cercano, de León, con vuelco en toda regla, incluido bofetón, en segunda vuelta de recuento, al popular, Antonio Silván; o las Cortes de Castilla y León, con ingreso a última hora y cuando ya recogía el despacho como se espera de los políticos que fracasan —bueno, sólo algunos, lo tenemos cerca—  para Pablo Fernández, aunque en este caso, la adjudicación de acta no cambia el escenario de posibles pactos.

En Segovia finalmente no ha habido cambios sustanciales, aunque sí muchos nervios, que las revisiones acercaron mucho a Ciudadanos a su cuarto concejal en la capital; quedaron en nada las reclamaciones de Cs sobre el resultado en Torrecaballeros que aparentaban ser una búsqueda a la desesperada de un escaño en aquel pueblo y con él, otro en la Diputación, por parte del secretario de Acción Institucional de los liberales, Alfonso Martín; o del PP en Marazuela, con once votos anulados por carecer de datos sobre a quién se quería votar realmente y que si hubieran valido, también habrían dado la vuelta a aquel calcetín.

En honor a la verdad, los fallos detectados en Segovia son achacables a errores humanos aunque claramente ayudados por el sistema de baratillo para el volcado de datos que contrató el Gobierno para la ocasión en favor de la UTE Scytel-Vector, que se llevó el concurso por 8,7 millones tras rebajar, nada menos que una quinta parte la oferta que hacía Indra, que se ha encargado casi siempre —salvo en las generales de 2015— de este trabajo.

Resulta que la adjudicataria metió dos variables que han sido definitivas: por un lado, aunque durante el recuento volcaba todos los datos en la Web, en los resúmenes obviaba los votos a las formaciones que no lograban representantes generando baile de cifras. Por otro, utilizó en el sistema un orden de partidos que era diferente al que aparecía en las actas, otro elemento suficiente para liar a los miembros de las mesas.

Es el caso de la alteración del reparto de votos en una mesa del colegio Villalpando, por haberse hecho los apuntes bajo las siglas equivocadas y que al colocarse correctamente acercó a Ciudadanos a sólo 24 votos de su cuarto concejal cuando faltaban casi 40 mesas por revisarse. Imagine la tensión que se vivió en aquella calurosa sala del Juzgado Número 5 donde trabajaba la Junta Electoral de Zona.

Lo del colegio de Villalpando ha sido reiterativo —también es un dato estadístico— que es de la mesa de al lado de la que vino el “extravío” de seis votos que descuadró el acta de la circunscripción de Segovia capital en el que se basó la última alerta del recuento definitivo, también protagonizada por Ciudadanos, que finalmente desistió de nuevas alegaciones tras comprobar sus miembros, hoja de cálculo en ristre —trabajando a pedal, vamos— dónde estaba el problema.

Habrá caído en la cuenta de que los que han perseguido con más ahínco el recuento puntilloso para detectar los errores han sido los partidos que tenían algo que pelear en cada situación puntual y eso lleva a pensar —otra vez la estadística— que pueden haberse producido otras “incidencias” que, simplemente, no se han detectado porque “a ver quien es el guapo que se mira una a una con la calculadora las tropecientas actas que generan unas elecciones múltiples como estas”, tal como explicaba un representante de uno de los partidos durante la tediosa reunión de la Junta Electoral, el pasado miércoles.

En realidad no hay motivos de peso para pensar que el proceso electoral no sea “seguro y transparente” como proclamaba este 31 de mayo la ministra portavoz Celaá pero hombre, a uno se le queda un zumbido raro detrás de la oreja que lleva a reclamar que alguien —el ministro Fernando Grande Marlaska parece la persona más adecuada— aporte explicaciones contundentes que acaben de una vez con la mosca, por favor.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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2 Comments

  1. También un tirón de orejas a la Administración, que suministran a los miembros de la mesa un material arcaico para el recuento, en la era de las TII. Se debe facilitar más a aquellas personas que han resultado «agraciadas» por el azar su labor no profesional. He visto sufrir a uno de los miembros de mi mesa en dar el resultado según avanzaba la noche y después de 15 horas de estar al «pie del folio» a una persona que jamás de ha dedicado a ello.

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  2. Totalmente de acuerdo, que preparen bien a la gente antes de estar en una mesa..con una charlita se ve no es suficiente…

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