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Del llanto y del horror, crónicas del año de la Peste

PesteEn plena vorágine de la peste, en agosto de 1599, el corregidor y regidores de la ciudad de Segovia acordaron el “voto perpetuo” a San Roque, santo intercesor de la peste. Era el último recurso.

La peste bubónica había entrado en España por los puertos de Santander hacia 1596, apenas treinta años después del último brote (de 1562 es el macabro cuadro de Brueghel el Viejo que encabeza esta información). En los siguiente meses fue saltando de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. La declaración de peste comportaba severas restricciones, suspensión de ferias, imposibilidad de comerciar bienes, especialmente textiles, pues se creía que por ahí venía el humor maligno causante del estrago, de manera que las autoridades eran renuentes a confirmar los brotes. En Segovia se apunta la posibilidad de los primeros fallecimientos en 1597, pero lo gordo estaba por venir.

La peste de 1599 en Segovia, a caballo entre lo divulgativo y el estudio histórico, es la primera aproximación que se hace a este demoledor brote de peste, que según las fuentes barajadas por el autor, el historiador segoviano Francisco Javier Mosácula, terminó con la vida de entre 4.500 a 10.000 segovianos en cosa de semanas por “secas y carbuncos”, bubones y colapsos respiratorios, en relación a los dos síntomas más característicos de la peste bubónica. Mosácula presentó el 6 de julio su libro en una aborratada Alhóndiga, ejerciendo de madrina Marifé  Santiago, concejala de cultura, y de padrino el profesor de la Uned Enrique Gallego. (En la imagen, el autor en el centro).

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Mayo de 1599. La peste es ya una incuestionable realidad en Segovia. En toda la Comunidad de Ciudad y Tierra abundan los casos e incluso en la misma ciudad, aunque solapada con un brote previo de tifus, mal cuasi endémico. El ayuntamiento acuerda suspender las ferias de San Juan, pero los asentadores de paño recurren al rey, que sanciona que se haga la feria, contra el parecer del consistorio, que sin embargo tampoco se atreve a oficializar la plaga. Será el desastre. En las semanas previas, la ciudad ha tomado “precauciones”, doblado la guardia en las puertas para que no accediera nadie con síntomas, incrementado la dotación de sábanas, camas y enseres en el hospital de la Misericordia.

En los días previos a la feria empiezan a subir el número de enfermos. Para el 19 de junio hay 12 enfermos, pero para el 3 de junio enferman 103 (que han contraído el mal en la feria y de los que mueren 25). 130 el 10 de julio que son 360 el 17, de los que mueren 100. Pero en Bernuy se cuentan ya 30 fallecidos, otro tanto en Valverde, en Labajos 300, 150 en Garcillán, 60 en Nieva, 56 en Escarabajosa. La peste se desboca.

Relata Mosácula que en lo peor de la enfermedad en una casa enferma el padre, que murió a los dos días. Al siguiente un hijo y una hija. A los seis un criado, restando la viuda y dos criadas, que se mueren al poco. Los vecinos insisten a la viuda que se vaya, pero la mujer “porfía contra todos” y los vecinos la dejan por imposible. Doce días después un pariente acude a ver qué ha sido de ella pero un hedor pavoroso le anticipa la cruda realidad. El hedor era tal que nadie se atreve a entrar hasta que un vecino, compadecido, se provee de paños avinagrados, entra y ata una maroma al cadáver en descomposición, para que desde fuera y a tirones saquen a la viuda. Tremendo.

“Todo era lástima y horror, enfermos y difuntos, llenándose los templos y cementerios de cadáveres. Afligidos y atónitos, vimos en lo ardiente de junio y julio cuevas y campos llenos de camas y enfermos, por no caber en tantos hospitales. Con espectáculo tan horrible juzgaba el discurso humano que el otoño, siempre enfermo, despoblaría la ciudad y comarca”, cuenta Colmenares.

A partir de julio, y sustancialmente desde que se apela a San Roque, las cosas mejorarán, pero para saber cómo y porqué deberán recurrir al libro de Mosácula, que una vez más (ya lo hizo al estudiar la fábrica de Ortiz de Paz), entretiene ilustrando, aunque en el caso que nos ocupa, tal vez entretener no sea la palabra más acertada, pero desde luego es un buen motivo para acompañar al alcalde el próximo 16 de agosto (Segovia sigue cumpliendo fielmente con el voto) y entonar aquello de “Señor San Roque, interceda por los hombres y mujeres de este pueblo hasta que otra vez, en el año venidero volvamos a postrarnos ante ti”.

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Autor: Cultura

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