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De bruces contra el techo de cristal

Acostumbrado como estoy a que Silvia Clemente gane todas sus apuestas siempre, 30 años llevo viéndolo,no puedo ocultar que me sorprende mirar la trayectoria de la segoviana en los últimos diez meses, es como si su salida del PP —donde trufó una brillante carrera, cada vez más alta hasta convertirse en ¡la segunda autoridad de la Región! como presidenta de las Cortes regionales— o si lo prefiere, su acercamiento a Ciudadanos, llevara aparejado el mal fario, como cuando uno rompe el espejo o mienta al folclorista ese del mirlitón.

En ese escaso periodo la he visto dimitir por primera vez en toda mi vida; sufrir un severo varapalo con una derrota en las primarias de Ciudadanos que no se esperaba que hubiera que celebrar y mucho menos perderlas, encima entre acusaciones de pucherazo mal dado. Ella, que venía de un partido en el que si el presidente nacional dice que serás candidato, lo serás, y punto y los Francisco Igea de turno acatan y punto.

Lo último ha sido esa reaparición estelar de la mano de Pepa Bueno, en la Ser —lo siento, por más que pregunto no consigo hilar por qué en esa emisora y con esa periodista pero reconozco que me pica mucho la curiosidad— para ofrecerse descaradamente para ser candidata el próximo noviembre. Parecía que le estuviera diceindo a Albert Rivera que se la debía una por lo del mal trago de marzo e incluso, por cómo había planteado el asunto, que era seguro que cobraría la factura con su inclusión en las listas de noviembre.

Pues no. Ciudadanos ha tardado menos de 24 horas en volverse de espaldas de nuevo —estos a través de EFE y sin nota oficial ni nada. Un «según fuentes de la dirección» ha bastado— y mire que la de la Velilla se empeñó en mostrar pleitesía a la disciplina liberal: “creo en el proyecto de Ciudadanos y estoy a su disposición para lo que gusten”, dijo de siete maneras distintas, y en vender “sus” valores de mujer, preparada, luchadora y reconocida por el pueblo, me pareció entender que entiende ella.

No puedo negar que me chincha un poco que la hayan rechazado que ardía en deseos de saber qué decía Eduardo Calvo, el diputado en vigor de Cs que ahora sabemos con seguridad repetirá como número uno de la lista de Cs al Congreso si después de lo que le ha costado encontrar casa en Segovia le hubiera tocado hacer de nuevo el petate de regreso a Tánger. También lo siento porque no se producirá el debate electoral entre Clemente y Beatriz Escudero, otrora compañeras políticas y todo con el socialista, José Luis Aceves, en medio de la refriega. Llámeme morboso pero me habría encantado. ¿A usted no?

Vuelvo al postulado frustrado. Pero mujer, esto se habla antes con el partido y uno se ahorra disgustos y el viaje a los estudios de la Ser. Claro, que quizá ha perdido el teléfono del líder naranja o ya no lo coge, que todo puede ser.  Y mire que en noviembre y diciembre —también en marzo, cuando lo de las primarias— lo usó abundantemente.

Era la época en la que la dirección nacional del PP no hacía caso a sus reclamaciones contra la recién creada cúpula regional como constató en su reunión celebrada en Génova el pasado otoño, me dicen que con Teodoro Egea y el ahora senador muy segoviano, Javier Maroto, escuderos de Pablo Casado, que no apareció por allí para repartir las calabazas. ¿Que qué reclamaba? Pues cosas como «abrirse a la gente y estar más en la calle» que exigió en una reunión del PP local a la que acudió desde el despacho de las cortes a la sede de Escultor Marinas en coche oficial.

Con esa desazón en el cuerpo “se encontró” con Rivera —caramba, por cómo se cuenta es como esos italianos que saben (o lo provocan) que vas a discutir con tu novia cinco minutos antes de que empiece la bronca y allí están, prestos a consolarla en tus narices con sus bella, bellísima y sus zalamerías de italiano— y su oferta irrenunciable de ir a por la Presidencia de la Junta vestida de naranja. “Vio que no estaba cómoda en el PP” reconocía Clemente ante la asombrada Pepa Bueno. Esta parte me la creo más, que entra el despecho, la posibilidad de venganza y un posible éxito político más. La propuesta de Rivera debió resultar irresistible.

Según confesó Clemente en su entrevista de ofrecimiento del jueves, resulta que el cambio de partido quedó aceptado y zanjado por ambas partes en el mes de diciembre, aunque no fue hasta la tercera semana de febrero cuando compareció en aquella rueda de prensa en la que no dejó Mañueco (ni Vázquez) con cabeza antes de dimitir de su cargo y militancia para hacer público su “naranjismo” de toda la vida. Son dos meses largos en los que, si no hubo transfuguismo si un cierto “adulterio” político en el que permanecía en un partido —número tres de la escaleta regional, nada menos— pero ya hacía, por lo menos, planes de futuro con otro.

De la última comparecencia pública de Clemente —algo me dice que vamos a tardar otra larga temporada en verla de nuevo contestando a un periodista— también se desprende que se ha pasado años luchando a brazo partido con el machismo imperante en la política y golpeándose con el “techo de cristal”, eso si, tan alto para su caso que ha estado cerca de convertirse en presidenta de la Junta de Castilla y León o al menos de optar a ello. No se. Si un día, de sopetón y sin darme tiempo a pensar, me pregunta usted por una mujer ejemplo de discriminación machista algo me dice que no me va a salir su nombre por mucho que ella utilizara este asunto —al principio y al final de la entrevista, lo que se llama una “idea fuerza”— en la comparecencia con la que quiso forzar su regreso a la política activa.

Y así concluyó el fugaz regreso de Clemente. Acabó comparándose, por sentirse muy reconocida por el pueblo, nada menos que con Máximo, Décimo, Meridio, comandante de los ejércitos del Norte, general de las legiones, leal servidor del verdadero emperador… Si no recuerdo mal, la última frase de Gladiator, que ahora sabemos que es su película de referencia, es “Volveremos a vernos, pero aún no”. Y luego suena música con tintes épicos.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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6 Comments

  1. No me da ninguna lástima

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  2. Fernando, eres un crack, jeje, me gusta tu artículo.
    No se puede caer más bajo. Nunca me hubiese imaginado que Silvia suplicase un puesto en la política. Ella que tanto daño hizo a muchos de sus compañeros de partido en esta provincia (y que a muchos de ellos se los quitó de encima), ahora escupe.
    Porfa, porfa, sólo pido un puestecito en las listas electorales. Patético.

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  3. ¡Chapeau! me lo quito, sí señor. Ejemplo de discriminación machista, nunca, pero de persona con ‘miras de futuro’ (algunos dicen ‘trepa’) ya lo creo. Y si César comenta el daño que hizo a sus compañeros, no pregunte a sus subordinados en sus primeros pasos de trabajo en la administración segoviana.

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  4. Se dió con el techo de cristal, con los caballitos del centro ecuestre, con las patatas de su novio, con la gurtel, y más y más cositas…

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  5. No doy crédito a las palabras de esta señora… no tiene ni vergüenza torera ni dignidad política, y encima se queja de discriminación sexista, ¡ELLA!
    Consensuemos entre todos pasar esta penosa página de la política regional, será lo mejor.

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  6. No entiendo cómo puede tener ganas de seguir intentando volver a la política, y más aún cuando tiene tanto que callar.

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