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Condestables: aventuras de un grupo yeyé en la Castilla profunda

“Tocábamos en Fresneda, a media actuación llega un autobús de tíos de Sanchonuño, que tenéis que venir a tocar… Resulta que habían traído a uno de Segovia, que cantaba en inglés ¡y de espaldas!… casi lo echan a la charca. Tuvimos que ir para allá. Nosotros dábamos mucho tomate, teníamos más de 100 canciones, pero… ¡eh!… trabajábamos duro, ensayábamos mucho. Anda que no hacíamos horas”, cuenta Miguel Ángel Martín.

Leyenda de las fiestas de Ávila, Segovia y Valladolid, Los Condestables surgieron en Cuéllar en 1968 y estuvieron operativos hasta 1974. Con motivo del 50 aniversario, el 26 de agosto, la peña La Plaga les prodigará un homenaje en la plaza Mayor, con la entrega de una placa conmemorativa. “Los Condestables forman parte de nuestra historia, de muchos que crecimos en Cuéllar, fueron años dorados en una juventud que despertaba tras un letargo ocasional”, explican en el grupo de FB Si has crecido en Cuéllar…

Los Condestables

  • Mariano Cáceres (guitarra rítmica)
  • Carlos Gallego (guitarra solista) → Paco Rico (guitarra)
  • José Ramón “el Fila” (batería)
  • Miguel Ángel Martín (voz y batería)
  • Carlos Cárdaba (órgano Farfisa)
  • Toni Magdaleno (bajo)
  • Teo Pascual (guitarra, bajo y batería)

 

Alto y castizo, trabajador de banca jubilado, Miguel Ángel nos explica los pormenores de la fundación del grupo. No sin antes llamar al resto de la banda… “Oye, que hay un periodista que… bueno que lo sepas”. La historia es típica, grupo de amigos en pleno impacto del pop. Beatles, el blues, Relampagos, Santana, Pekenikes… Con 18 años, y alguno menos, se liaron la manta a la cabeza y decidieron probar suerte. Típico también, no tenían ni idea de música. Así que recurrieron a don Isaac  Gallego (padre de Carlos) que les enseñó los fundamentos de las guitarras. Compraron instrumentos en Madrid, “creo que en Garijo, pero no estoy seguro”. En aquellos tiempos una buena guitarra eléctrica valía 14.000 pesetas (el equivalente a un más que buen sueldo mensual), un órgano, 30.000. “Yo no pagué nada. A mi me ficharon de vocalista, pero el “Fila,” el batería, pues bueno, no se le terminaba de dar, así que me pusieron a la batería. Aprendí solo y tampoco pagué nada, me dejaban la batería del grupo. Debutamos sin voces, solo instrumental, pero al mes ya metimos voces. La primera canción que cantamos, de Adamo, “Mis manos en tu cintura”, recuerda Martín.

En poco tiempo Los Condestables se convirtieron en la banda de pop de cabecera de la comarca de Cuéllar, pero también con muchos bolos en el sur de Valladolid, Ávila, Burgos… Como siempre, el éxito estuvo en el trabajo “Ensayábamos mucho, pero que mucho. Empezamos en Telégrafos, en un local, pero al poco Silvio Pascual, en Estival (pista de bailes cuellarana) nos dejaba la sala para esayar”. También pasaba que eran los del país. Conocían a su gente, sus gustos su manera de ser y de divertirse. No eran músicos pretenciosos, ni con “pintas”, ni greñudos (de pelo largo, acaso), actuaban todos conjuntados, con todo el glamour del pop de la época. Tenían más que buen gusto y virtusos como Teo, que ya venía de hacer sus pinitos con Connection, de Madrid.  Un concierto estándar empezaba con el grandioso temazo “El tiempo vuela”, de Pekenikes, y Miguel Ángel no puede evitar tararear el arrollador tun-tu-tu-tu-tu-tu-tun con el que arranca semejante maravilla. Un llena pistas que ponía a tope al respetable. A continuación Shadows, Sirex, Relampagos, Beatles, Fórmula V… todo sabiamente dosificado, alternando ciclos de marcha y de flow con lentos para el agarrado, Adamo, Bravos…

Se tocaba en tandas de hora y media, aunque a veces tres de seguido, o hasta que los mozos les dejaban marchar. Otras veces se hacía doblete, Era bastante normal tocar en una boda, recoger al tragalaperra, y a las fiestas de un pueblo. Por la primera actuación profesional cobraron mil duros, aunque iba por días.  En Peñafiel, un día nos pagaron 136.000, ojo, pero eso no lo digas”. Todos los contratos de palabra aunque eso  sí, con el carnet sindical de músicos. Pese a lo cual Los Condestables nunca tuvieron la música por ocupación principal, “no vivíamos de eso,  lo entendíamos como una manera de sacar un dinero extro y de pasarlo bien. Teníamos 20 años y podíamos con todo”, sigue recordando Miguel Ángel, mientras evoca sesiones maratonianas haciendo doblete en este pueblo y el otro. Naufragios en la nieve. Un fin de año tocaron primero en una boda, luego en un pueblo, y al día siguiente en Cuéllar. Siempre con Jose de utillero. José montaba y desmontaba, era el road manager.

A jotas en Calabazas

Y había que saber de todo. Era típico el tocar “a demanda”, con dedicatoria. Uno del pueblo les pedía tal éxito, y había que saberlo. Otras veces el peticionario no se limitaba a pedir, también se hacía con el micro y a cantar… Y jotas, claro. “Esta es buena. Nos llamaron de Calabazas de Fuentidueña para la procesión de Nuestra Señora. Allí llevan la imagen de la Virgen de la ermita a la plaza. Y hala, ¿qué tocamos?… pues jotas…  Carlos baja la cejilla y hala, jota arriba, jota abajo, con las del Mester y tal… Dos horas llevábamos ya y eran las dos y media y el cura se quita la casulla, la estola, y nos dice, ahí os dejo la Virgen, vosotros la subís, y se fue. Los del pueblo no nos dejaban salir, los mozos pusieron pacas de paja en las calles y nos dijeron que fuéramos al río… ¿Pero como vamos a tocar en el río si no hay electricidad? Electricidad… la del río, nos dijeron”. En algún lugar de Calabazas, en el antiguo teleclub, aún hay un póster del grupo… “Nos tienen en un cuadro como si fuésemos la…”

¿Broncas? ¿Malos rollos? “Nunca, ni un mal roces jamás. Jamás”, afirma Miguel Ángel, categórico- eso sí, podía pasar que ten metían en un bar, y hala, a tocar jotas cubata va comida viene.

También vivieron momentos de gloria teloneando a los grandes del momento. En Arévalo tocaron con Relámpagos, Pekenikes y Los Ángeles (el mejor grupo vocal del pop español). De teloneros de los Relámpagos, acaso en Valladolid, pasó que el batería agarró una buena curda y Miguel Ángel tuvo que tocar en su lugar.  “Nosotros llevábamos gente, y de la buena, de los que se tomaban sus buenos cubatas y dejaban dinero”. Tanto es así que en Cantalejo les contrataron para todo un verano en el Isiana, una pista de baile “en guerra” con otra de la competencia, y que jugó la baza de los “héroes locales” para contrarrestar la oferta de novedades del rival.

Ayer y hoy. Arriba los Condestables supervivientes en una reunión. Poster promocional de la época.

Y es que eran héroes de la música popular. Ellos y los de su quinta que cambiaron la manera de divertirse de toda una generación y las siguientes. En Segovia, partían la pana junto con los rivales y sin embargo amigos Los Póker, de la capital, otra banda mítica que merece su homenaje. “Sácabamos algo, pero en aquella época los músicos no ganaban dinero. Lo ganaba la discográfica, los mánagers. Se sacaba más un dulzainero con sus 60 procesiones al año”, dice Miguel Ángel.

La historia acabó en el 74. Duraba lo que duraba, luego uno se casaba, se metía a trabajar, se casaba el otro… Cincuenta años después, Los Condestables, los que quedan, pues han fallecido ya tres, gustan de quedar a comer cada mes para recordar los buenos tiempos. No es extraño que se animen y se arranquen a cantar. El que más y el que menos sigue con el gusanillo dentro. Teo, fallecido, estuvo durante décadas en una de las mejores bandas de blues del país, Miguel Ángel toca la armónica. El domingo Cuéllar les rendirá el debido homenaje. “Cotizados de narices, los mejores de la comarca”. Desgraciadamente, no consta ningún tema grabado de la banda. A todo lo más, alguna grabación en cassete de sus ensayos. Para hacerse una idea de cómo sonaban, lo mejor la intro de sus conciertos: con ustedes,  “El tiempo vuela”

Autor: Redacción

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1 Comentario

  1. Que tiempos más buenos y que recuerdos…Y que ARRIMONES con las lentas.buen trabajo Luis.

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