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Clamores, tenemos un problema

Es curioso. En latín «clamor» es grito. la RAE, como quinta acepción del término «clamor» define: «barranco o arroyo formado por lluvia violenta» y añade la abreviatura «hues«, señalando que es un localismo oscense. En catalán, «clamor» es una acequia de drenaje, una riera, una rambla. Es dudoso que quien bautizase como Clamores el pequeño arroyo, apenas 5 km, que cruza el casco urbano de Segovia, fuera maño, así que más bien tiene pinta que los castellanos antiguos se valieran de esa quinta acepción para nombrar al río.

Que no es tal río. «El caudal medio anual que desagua el Clamores al Eresma es de unos 393 litros por segundos, que es un poco más que los 363 litros por segundo que carga teóricamente la cacera de Navalcaz, aunque debemos insistir en que son datos teóricos, es muy diferente lo que carga Navalcaz en verano que en invierno. En verano no llega ni de lejos, en invierno los sobrepasa con creces. El Clamores en realidad es la cacera de Navalcaz con una aportación del manantial del lago Alonso», explica el experto en hidráulica, Ignacio Tapia.  Pero el Clamores es, como el nombre indica, el principal desagüe de Segovia.

El pasado 27 de agosto el desagüe se atascó. Y como suele pasar en estos casos el agua reventó por el punto más débil, llevándose por delante la plaza Aurelio Hernández, en el barrio de San Millán. «Dadas las circunstacias, los colectores de la ciudad han funcionado bien», se jactaba el Ayuntamiento de Segovia, apelando a una tempestad de orden cósmico. Y es cierto, no hay desagüe que aguante una tempestad de «orden cósmico», pero la del 27 de agosto, con cerca de 40 litros por metro cuadrado en cuatro horas, y puntas de 14 l/m2 en una hora, entra dentro del parámetro de tormenta muy fuerte pero en absoluto inusual. Es una «avenida súbita». Suele haberlas cada año, o cada dos. El pasado 9 de julio ya se rondaron los 10 l/m2, con bolsas de agua de cierta importancia en San Lorenzo.

Así que no es nada «normal» que una plaza reviente por una intensa tormenta de verano. Que haya encharcamientos, bajos inundados, desagües colapsados sí, pero que reviente plazas no. Algo gordo le pasa a los colectores de la ciudad, y en concreto algo gordo le pasa al Clamores.

Los expertos se abonan a la teoría del geólogo Andrés Díez, es un problema de desarrollo urbano. Nueva Segovia está en la cuenca del Clamores, la urbanización de todo ese espacio hace que el agua se deslice por es asfalto, vaya a los desagües y de ahí al Clamores. Así pues, agua que antes empapaba la tierra y tardaba en desaguar, en pocos segundos llega de una punta de Nueva Segovia al Clamores.

Arriba, trabajos de consolidación de Aurelio Hernández. El Clamores al descubierto.

«Y el soterramiento no está preparado para ese caudal añadido», explica Tapia. El Clamores se soterró en los años 20 del siglo pasado desde su inicio en la rotonda del Pastor, en Avenida Constitución, hasta Sancti Spiritu. Es un soterramiento en bóveda de obra, bastante amplio. En los años 70 se soterró el tramo que va de Sancti Spirtu al Clamores, allí se puso tubería de unos 600 mm o tal vez un metro». En esta zona, además, el Clamores recoge los pequeños aliviaderos de los acuíferos de la colina sobre la que se asienta la Segovia intramuros.

Así pues, la capacidad del Clamores como colector es perfectamente calculable. Ahora sabemos que por encima de 14l/s en una hora no aguanta. En condiciones normales, antes de colapsar las tuberías saltarían tapas de registro creándose grandes bolsas de agua en las zonas más bajas, o los desagües en lugar de tragar agua la vomitan. Es lo que suele pasar en San Millán o en Plaza Somorrostro. Encharcamientos de un palmo o más de agua en las zonas bajas de las calles.

El problema tiene una solución teórica sencilla. «Derivar el agua de lluvia de Nueva Segovia a derecha y a izquierda», explica Tapia. Nueva Segovia, como barrio de relativa nueva construcción lo tiene bien. Las aguas residuales y las pluviales tienen colectores separados. Así que la solución teórica es largar esa agua pluvial a través de un colector por el Polígono del Cerro hasta Tejadilla. Andrés Díaz sugiere, además, convertir el lago Alonso en un tanque de tormentas, un enorme depósito de agua de lluvia que permite optimizar la capacidad de desagüe del colector. Eso permitiría reducir la carga de agua del Clamores en caso de tormenta y minimizar las inundaciones.

Puente de Sancti Spiritus, Segovia.

Hay otra ventaja añadida, la ambiental. La separación de aguas pluviales y residuales es una asignatura pendiente del urbanismo segoviano. Hasta finales de los 70 se usaba un mismo colector para ambos flujos. En aquellos tiempos apenas se depuraba, el agua residual iba al río y santas Pascuas. Muchas casas del centro de Segovia siguen usando el colector de desagüe como cloaca. El resultado es que en caso de tormenta hay que depurar una inmensa cantidad de agua que, caso de estar separadas, podría ir perfectamente al río. Como decimos, este problema no existe en Nueva Segovia.

Porque lo cierto es que el Clamores ha sido hasta no hace tanto la cloaca de Segovia. El río tenía dos fines en la antigua ciudad del siglo XIX, por un lado abastecer de agua a los regantes del quinto del Cristo del Mercado. Toda la zona de San Millán eran huertas, que precisaban agua de soporte en verano. Los laneros aprovechaban ese curso de agua para sus lavaderos, que se sucedían a lo largo del Clamores. Para blanquear la lana se usaban ácidos naturales, por ejemplo, guano, excremento de palomar muy corrosivo. Añadan a eso que servía de aliviadero de los residuos de los pequeños barrios de la zona y tendrán un magnífico vector del cólera, que fue lo que finalmente determinó su soterramiento.

«El Clamores siempre ha tenido una gestión compleja. En 1868 se suscita un pleito entre regantes de Navalcaz y los lavaderos. El Gobernador Civil de la época primó a los lavaderos y obligo a los regantes a constituir una comunidad», explica Tapia.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. Muy instructivo y curiosoa rtículo..gracias

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  2. Gracias por la información. Ha sido aclaratoria. Ahora sabiendo el problema que tenemos, la solución es hacer un presupuesto con un plazo adecuado para garantizar sobre todo la seguridad de los vecinos. En el 81 cuando se hizo el socavón también por una tormenta de verano, no del diámetro del actual, pero sí en profundidad ya los vecinos hicimos saber al Ayuntamiento la preocupación y la necesidad de acometer una obra que garantizará la seguridad de que esto no iba a volver a pasar. Años más tarde ha vuelto a suceder afortunadamente con daños solo materiales. Por lo tanto, menos gastar el dinero de los segovianos en festivales, circos y chiringuitos varios y más en utilizar y gestionar el dinero público que es de TODOS en una obra que es necesaria por seguridad sobre todo

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    • La culpa ahora es del río que pasa por debajo de las casas, o es de las casas que están por encima del río?
      Sea lo que fuere, el agua siempre sigue su curso natural.

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  3. Qué lumbreras del Ayuntamiento ha propiciado que se sigamos con un sistema de alcantarillado unitario en el siglo XXI, en vez del sistema separativo como comentan los expertos? Además sabiendo cómo está el Clamores y los problemas que genera?

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