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Cartelera Segovia: Roma

Soy fan total de Alfonso Cuarón. Me parece el director más interesante de los últimos años. ¿Qué me dicen de El prisionero de Azkaban, de largo el mejor Potter? Hijo de los Hombres es otra de las películas más impresionantes del presente siglo y solo los movimientos de cámara de Gravity convierten al mexicano en el heredero de Spielberg. Por todo lo cual, a pesar de que el neorealismo no es mi taza de te, hice el ímprobo sacrificio de comerme Roma de cabo a rabo, la mejor película del año 2018 al decir de la crítica, que no de la Academia de Hollywood, que pese a todo no tuvo otra que entregarle el Oscar al mejor director. Tienes a Pape Diop a Fornals y a Messi y ¿a quién le das el balón de oro? Pues a Messi.

En un año especialmente flojo, en el que lo más interesante volvieron a ser los dibujos animados, con el enconado duelo entre Spiderman, Isla de Perros y el regreso de Rompe Ralph, dirimido a favor del hombre araña.

Pero vamos a la colonia Roma, a principios de los 70 en Ciudad de México. En un magnífico blanco y negro y durante un montón de minutos nos adentramos en la privacidad de un hogar de clase media-alta, o sea alta, con sus cuatro niños y dos chachas, papa adúltero y mamá víctima del tedium vitale. Tedio que me dio a mí a medida que los minutos transcurrían y no pasaba absolutamente nada más allá de un tío enseñando el ciruelo mientras practicaba katas de karate.

Se veía venir. La chacha se queda preñada de un pinta, que obviamente la deja tirada y dramón al canto, pensé ya aburrido a más no poder. Iba a dejarlo pero, sea porque no había fútbol ese día, no había nada mejor que ver, la cuestión es que aguanté como un jabato. Y llega un punto en que empiezan a pasar cosas, hay un viaje a un rancho, hay incursiones por un México no muy diferente a mi infancia, hay un asalto a una tienda de muebles -eso, desde luego, no pasaba en mi infancia-. Hay un divorcio, una búsqueda desesperanzada por el México de los pobres. Hay un parto que te los pone de corbata, hay un naufragio o varios. Así que quedé hipnotizado, hasta el final. No puedo recomendar esa película a mucha gente, la verdad. Dura más de dos horas y la primera es como una rampa de Alpe d’Huez, pero a mí me fascinó porque tiene mucha verdad. Visualmente hay planos que tienen la fuerza de Caravaggio, como es triángulo de la familia abrazada en la playa, técnicamente es la perfección hecha imágenes, y además te traslada un ciclón de sensaciones confrontándote con problemas de clase, de género, sociales… Es lo que tiene el talento de Cuarón. Y aquí Guillermo del Toro explica unas claves de porque la película funciona tan bien. Añado que a mí me gustan especialmente las transiciones entre planos, los movimientos o no movimientos de la cámara, el esfuerzo de producción en la reconstrucción de un mundo y una época al detalle. Lo estudiado de los movimientos de los actores, cómo se agrupan, se separan, se recomponen…

Una experiencia cinematográfica de lo más extraña que no me pasaba desde alguna película del gran Tarkovsky, ya saben, un interminable plano de interminable llanura rusa, una bici que atraviesa durante seis o siete horas el plano y una voz en off preguntando si Dios ha estado alguna vez en el Volga y haciendo qué. No sé si hoy, con la cabeza ya maleada por la aceleración propia del cine mainstream, aguantaría tanto. Pero bueno, el caso es que vi Roma, descendí del infierno del tedio para llegar a los cielos y desde allí…

Al poco fui a ver Alita, así para desengrasar. Pfff… Mal no está, bien tampoco… Manga total, que tampoco es mi taza de te… Nada. Me emplazo a ver la segunda entrega de la Lego película, ya les contaré.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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